Kibō no kage

Título : Shin.

Kibō no kage : Capítulo 2

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Había pasado una semana desde el incidente en la escuela, una semana en la que Nat no había asistido a clases. Los sucesos recientes lo habían dejado aturdido y asustado, pero finalmente había encontrado el valor para regresar. Además, estaba preocupado por Rindo y quería saber cómo estaba.
Mientras caminaba hacia la escuela, el sol de la mañana brillaba con una luz suave y reconfortante, como si intentara darle un poco de paz en medio de su tormenta interna. Los árboles a lo largo del camino, con sus hojas cambiando de color, parecían saludarlo con un susurro tranquilizador.

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A lo lejos, Nat divisó una figura familiar: Rindo.
Un alivio inmediato lo invadió al ver que Rindo se había recuperado ya de los golpes recibidos en la pelea. La preocupación que había estado carcomiendo a Nat durante toda la semana comenzó a disiparse lentamente. Con una sonrisa de alegría y un salto en su corazón, Nat llamó a Rindo con entusiasmo y corrió hacia él.

Nat : (gritando con su voz llena de emoción y alivio) ¡Rindo!

Al llegar a donde estaba Rindo, Nat se detuvo frente a él, jadeando levemente por la carrera. Rindo, con una sonrisa cálida y genuina, lo miró a los ojos y le dijo...

Rindo : ¿Cómo estás, Nat?

Nat : Yo estoy bien, Rindo. El que me preocupa eres tú. ¿Cómo te sientes?

Rindo : (señalándose a sí mismo) Estoy bien, mira. Ya no tengo nada.

Con gran sorpresa, Nat le mostró una sonrisa que no solo reflejaba su alivio, sino también una mezcla de gratitud y admiración. Sus ojos recorrieron el rostro de Rindo, notando que las heridas de la reciente pelea con la pandilla, en la que había luchado para protegerlo, ya habían sanado. A pesar de los golpes recibidos, Rindo se mostraba fuerte y decidido, como si nada pudiera quebrantar su espíritu.

Rindo : Caminemos, se nos hará tarde para ir a la escuela.

Y así se dirigían hacia la escuela... Al llegar a clases, todos los que los veían entrar se asustaban; se echaban hacia atrás y mostraban expresiones de respeto hacia ellos. Nadie se atrevía a decirles una palabra, ya que al parecer todos se habían enterado de aquel suceso con los otros tipos. Nat estaba feliz, pues nadie lo molestaba. Así pasó el tiempo y, al finalizar las clases del día, todos comenzaron a irse a sus casas. En el camino, Nat y Rindo conversaban sobre diversos temas, y entre esas charlas, Nat le mencionó a Rindo la dirección de su casa, a lo que este le agradeció.

Rindo : Oye, Nat, ¿te gustaría venir a mi casa?

Nat : (preguntando sorprendido, aunque mostrando una chispa de curiosidad en sus ojos) ¿Ahora mismo?

Rindo : (asintiendo, con su sonrisa amplia y acogedora) Pues sí, claro. Podemos pasar el rato, y así te muestro mi lugar.

Nat : (anticipando la oportunidad de conocer mejor a su amigo, y sintiendo una mezcla de nerviosismo y emoción, sonriendo alegremente) Está bien.

Así que fueron caminando hacia allá, el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de un vibrante naranja y rosa, mientras una suave brisa acariciaba sus rostros. El sonido de sus risas se mezclaba con el canto lejano de los pájaros que regresaban a sus nidos. Nat sentía una mezcla de emoción y nerviosismo; cada paso lo acercaba a un lugar desconocido que ya empezaba a sentir como un refugio cálido.
Al llegar a la casa de Rindo, Nat se detuvo un momento, sintiendo cómo su corazón latía con un ligero nerviosismo. La fachada de la casa emanaba una sensación acogedora. Las flores en el jardín, con sus pétalos brillantes y fragancia dulce, parecían saludarlo, como si cada pétalo y cada hoja estuvieran allí para darle la bienvenida. Las luces del interior, cálidas y acogedoras, se desbordaban por las ventanas, creando un halo de luz que envolvía la entrada.
Rindo, con una sonrisa amplia, abrió la puerta. La luz cálida del interior se desbordó, iluminando el umbral y reflejándose en los ojos de Nat, quien sintió una ola de alivio y gratitud. Por fin, había encontrado un lugar que podría ser un refugio para ser él mismo, aunque con un leve temor a los juicios.

Rindo : Pasa Nat, siéntete como en casa.

Nat cruzó el umbral, sintiendo el contraste entre el aire fresco del exterior y el ambiente cálido y moderno del interior. La casa estaba decorada con un estilo contemporáneo, con muebles elegantes y detalles artísticos que le daban un aire sofisticado. Mientras caminaba por el pasillo, no pudo evitar fijarse en las fotografías en las paredes, que mostraban imágenes estilísticas de paisajes y elementos abstractos, reflejando un gusto moderno y refinado.

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Rindo lo guió hacia la parte trasera de la casa, y Nat se sintió un poco fuera de lugar, como si cada paso que daba resonara en su mente. Intentó relajarse, pero la tensión en sus hombros no desaparecía. Al llegar a la habitación de Rindo, se detuvo un instante antes de entrar, sintiendo un ligero escalofrío de nerviosismo.
Nat claramente se sorprendió al ver lo organizada que estaba su habitación, mientras que la suya era un desorden total...
Entonces, se sentaron en la cama de Rindo y comenzaron a charlar, intercambiando anécdotas y risas, mientras la tensión de Nat poco a poco se desvanecía en la calidez de la conversación.
En un momento, Rindo miró a Nat con una expresión seria pero amistosa, y en sus ojos se reflejaba una mezcla de determinación y preocupación.

Rindo : ¿Quieres que te entrene?

Nat, tratando de ocultar su nerviosismo con una sonrisa, respondió con una mezcla de alegría y pena en su voz...

Nat : (intentando bromear para aliviar la tensión) ¡Sí, sería un honor!

Rindo no pudo evitar reírse al escuchar la respuesta de Nat, pero rápidamente se detuvo, adoptando un tono más serio.

Rindo : Pues, mañana empezamos.




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