El martes comenzó como cualquier otro.
Cielo gris. Cafetería ruidosa. El olor a desinfectante barato impregnando los pasillos del instituto Westbridge.
Lena Carter no recordaría nada especial de esa mañana.
Hasta que escuchó el grito.
No fue un grito largo.
Fue corto. Cortado. Como si alguien hubiera apagado el sonido a la mitad.
Después vino el golpe.
Seco.
Antinatural.
Los murmullos comenzaron antes de que nadie entendiera lo que había pasado. Sillas arrastrándose. Pasos apresurados. Teléfonos levantándose.
Lena tardó tres segundos en reaccionar.
Tres segundos que después repetiría en su cabeza durante semanas.
Cuando salió al pasillo, el aire parecía más frío. Demasiado quieto.
Alguien estaba llorando.
Alguien decía: “Se cayó… se cayó…”
Y allí, en el patio interior, rodeado por una media luna de estudiantes paralizados, estaba Ethan Miller.
Inmóvil.
Demasiado inmóvil.
Desde el tercer piso del edificio de ciencias, decían.
Accidente, susurraban.
Pero Lena no miraba el cuerpo.
Miraba el teléfono que aún estaba junto a su mano.
La pantalla seguía encendida.
Roja.
Un rojo intenso que no coincidía con la luz del día.
Un contador.
00:00
Parpadeaba.
Lena sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No sabía por qué, pero no podía apartar la mirada.
Un profesor empujó a los estudiantes hacia atrás.
—Aléjense. Ahora.
Pero ya era tarde.
Al menos diez personas habían grabado el momento.
Al menos diez habían visto el contador antes de que la pantalla se apagara sola.
Esa noche, el video comenzó a circular.
No el de la caída.
El otro.
El que Ethan estaba grabando antes de morir.
Lena lo vio en su habitación, con las luces apagadas y el brillo del celular iluminándole el rostro.
Ethan respiraba rápido. La cámara frontal captaba su cara pálida.
—No está aquí… no está aquí… —susurraba.
La imagen temblaba. Se movía hacia el pasillo vacío detrás de él.
Vacío.
Pero Ethan no miraba vacío.
Miraba algo que solo él veía.
Y entonces la cámara captó un destello.
Una sombra distorsionada.
Una silueta que se movía con un efecto extraño, como si la realidad estuviera fallando.
La grabación se cortó.
Pantalla negra.
Después, por menos de un segundo, apareció algo más.
Una interfaz.
Minimalista.
Negra.
Con letras blancas.
Kill.exe
Y debajo:
Usuario eliminado.
El corazón de Lena golpeó contra su pecho.
Un segundo después, su teléfono vibró.
Notificación desconocida.
Un mensaje sin remitente.
Un enlace.
Solo eso.
Un enlace.
Editado: 12.02.2026