Kill.Exe

El video que nadie debió ver

El enlace seguía allí.

Sin nombre.

Sin descripción.

Sin foto de perfil.

Solo una dirección extraña terminada en algo que Lena nunca había visto antes.

No parecía una página normal.

Parecía… oculta.

Su dedo flotó sobre la pantalla.

No lo abrió.

No todavía.

Primero volvió al video.

El que Ethan grabó.

El que ya había sido eliminado de casi todas las cuentas donde apareció.

Pero alguien siempre lo vuelve a subir.

Siempre.

Lena presionó reproducir.

La imagen comenzó con la cámara frontal enfocando el rostro de Ethan. Ojos abiertos demasiado. Respiración irregular.

—No está aquí… —susurraba—. No puede estar aquí.

La cámara giró hacia el pasillo del tercer piso.

Vacío.

Casilleros cerrados.

Luces fluorescentes parpadeando.

Nada.

Pero el audio no coincidía con la imagen.

Se escuchaban pasos.

Lentos.

Metálicos.

Como si alguien caminara arrastrando algo.

Ethan retrocedió.

La cámara captó un segundo de interferencia.

Un glitch.

La imagen se distorsionó horizontalmente, como si la realidad estuviera siendo arrastrada hacia un lado.

Y entonces apareció.

No completo.

No claro.

Solo un fragmento.

Una silueta alta.

Oscura.

Pixelada en los bordes.

No proyectaba sombra correcta.

No seguía las reglas de la luz.

Lena pausó el video.

Amplió la imagen.

Su pulso se aceleró.

Detrás de Ethan, reflejado en el vidrio de un casillero, había algo más.

Una figura que no estaba en el pasillo.

Una figura que parecía demasiado cerca.

El video continuó.

Ethan gritó.

No un grito largo.

Uno corto.

Interrumpido.

La cámara cayó.

Pantalla negra.

Durante un segundo absoluto.

Y luego apareció.

Fondo negro.

Tipografía blanca minimalista.

Kill.exe

Debajo, un contador en rojo:

00:00

Y finalmente:

Usuario eliminado.

El video terminó.

Lena sintió que algo no encajaba.

No era el supuesto “fantasma digital”.

No era el contador.

Era la interfaz.

Se veía demasiado limpia.

Demasiado profesional.

Demasiado real.

No parecía un montaje adolescente.

Su teléfono vibró otra vez.

El mismo enlace.

Esta vez con un mensaje debajo:

Ya lo viste.
Ahora te toca.

El aire en su habitación se volvió pesado.

Lena miró la puerta cerrada.

Miró la ventana.

Miró su reflejo oscuro en la pantalla.

Y por un segundo…

Juraría que su reflejo no la imitó exactamente.

El enlace seguía esperando.



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En el texto hay: traicion, terror

Editado: 12.02.2026

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