Kill.Exe

No es coincidencia

Lena no respondió el último mensaje de Caleb.

Se quedó mirando las iniciales en su mente como si estuvieran escritas en la pared.

KN-01.

No era una coincidencia.

No podía serlo.

Su contador marcaba 00:25:12.

Descendía estable.

Demasiado estable.

Eso la inquietaba más.

Abrió la conversación.

Escribió:

“¿Qué viste exactamente cuando falló?”

Tres puntos.

Desaparecieron.

Volvieron.

“Código superpuesto. Una sobrecarga en la sincronización.”

Demasiado técnico.

Demasiado rápido.

“¿Viste iniciales?” escribió ella.

Tardó más esta vez.

“¿Iniciales?”

Lena observó el contador.

00:24:59
00:24:58

Regular.

Sin saltos.

Como si la aplicación estuviera escuchando.

Como si estuviera midiendo su nivel de sospecha.

Ella decidió arriesgarse.

“KN-01.”

Silencio.

El tipo de silencio que pesa.

El contador bajó un segundo.

00:24:41

Luego saltó tres más.

00:24:38

Su ansiedad subía.

Y la aplicación lo sabía.

El teléfono vibró.

No mensaje.

No notificación.

Pantalla negra.

Nueva línea de texto:

Confianza reducida.

Riesgo aumentado.

El contador aceleró.

00:24:30
00:24:24
00:24:19

—No… no… —susurró Lena, obligándose a respirar lento.

El descenso volvió a estabilizarse.

La pantalla regresó a la conversación.

Caleb finalmente respondió.

“Es solo un identificador interno.”

Interno.

La palabra se clavó en su mente.

Interno significa que pertenece al sistema.

Y si pertenece al sistema…

Alguien lo escribió.

“¿Tú la creaste?” escribió Lena sin pensar.

El contador bajó dos segundos.

00:23:51

Tardó demasiado en responder.

Demasiado.

Cuando el mensaje llegó, no fue negación directa.

“Eso es absurdo.”

No “no”.

No “jamás”.

No “claro que no”.

Absurd.

Lena sintió el pulso en la garganta.

La aplicación vibró otra vez.

Análisis conductual activo.

El traidor siempre está más cerca.

La palabra apareció y desapareció tan rápido que casi creyó haberla imaginado.

Traidor.

Miró alrededor de su habitación.

Luego su reflejo en la pantalla.

La figura detrás de ella no se movía.

Pero algo había cambiado.

Ya no parecía una sombra genérica.

Su forma se estaba definiendo.

Hombros más claros.

Altura más específica.

Proporciones humanas reales.

Como si estuviera tomando referencia.

Aprendiendo.

El teléfono vibró nuevamente.

Mensaje de Caleb:

“Reúnete conmigo mañana. Biblioteca. 7:30 a.m.

Te explicaré todo.”

Explicaré.

No “demostraré que no”.

No “aclararé”.

Explicaré.

El contador marcó 00:22:03.

Un nuevo mensaje del sistema apareció debajo:

Reunión detectada.

Variables ajustándose.

La figura dio un paso más cerca en el reflejo.

Y Lena entendió algo con un frío absoluto recorriéndole la espalda.

Kill.exe no estaba reaccionando solo a su miedo.

Estaba reaccionando a sus decisiones.

Y si la aplicación estaba ajustando variables…

Significaba que alguien — o algo — estaba observando en tiempo real.

No era coincidencia.

No era un virus aleatorio.

No era un fenómeno inexplicable.

Era diseño.

Y el diseño siempre tiene autor.

El contador descendió a 00:21:59.

Y por primera vez, Lena se preguntó algo peor que “¿voy a morir?”

Se preguntó:

¿Estoy hablando con el creador…
o con alguien que también está atrapado?



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En el texto hay: traicion, terror

Editado: 24.02.2026

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