No me lo podía sacar de la cabeza. Pasaban los días y no sabía si llamarlo o no.
Ah si, porque no os lo había dicho… El muy capullo me había dejado su número de teléfono en una pequeña abertura que traía el paquete. Tan pronto entré en casa y lo dejé sobre la mesa vi que un papel diminuto salía de una esquina del pliegue y era un número de teléfono. Deducí que sería el suyo, supongo que no me daría el número de un amigo, de alguien que le cae mal o de mismo su novia para simplemente hacerse el gracioso. Aunque yo la gracia no se la vería por ningún lado.
En ese momento se me cruzaron por la mente muchas preguntas que no me había planteado… ¿Cómo se llamaría realmente el capullo? ¿Tendría novia? ¿Si tenía novia porqué me habló de esa manera? ¿Y si no la tenía y yo le gustaba? ¿Volvería a mi casa? Sabía perfectamente dónde vivía…
Podía aparecer en cualquier momento.
No sé, no me fiaba del todo de él. Pero no podía parar de pensar en sus ojos, en su pelo, en tocarlo, en sentirlo…
-¡NO LAURA PARA! - chillé en mi habitación.
-Cariño, ¿estás bien? ¿Te hiciste daño? - dijo mi padre entrando por la puerta de mi cuarto al oírme chillar.
-No te preocupes papá, simplemente estaba repasando la obra de teatro que tengo este fin de semana. Estaba ensayando. - le dije sin más explicaciones.
Bastó para que me dedicase una sonrisa y se fuera junto a mi madre. Cuánto los quería, cuánto se querían.
“Ojalá poder tener un amor así como el de ellos algún día” pensaba siempre que los observaba juntos.
Mis padres se conocieron como a los 16 años y jamás se separaron. Me tuvieron a los 25 y se casaron unos meses antes de que yo naciera. Sé que fueron muy felices, hasta que de pronto mi madre comenzó a olvidar cosas; al principio no le dimos mucha importancia, hasta que un día tuvo un accidente de coche ella sola. Nos dijo que se le había olvidado como conducir. A raíz de eso empezamos a llevarla a médicos y le hacían pruebas y más pruebas, hasta que lo que sospechábamos todos desde un principio fue un diagnóstico real: mi madre tenía alzheimer prematuro.
Y desde ahí mi padre se dedicó en cuerpo y alma a cuidarla, como hizo siempre, pero esta vez de una manera un poco diferente; ya que ella se olvidó hasta de como caminar, como hablar, como comer…
No podemos hacer más por ella. Ojalá las cosas hubieran sucedido de otra manera, pero no fue así.
Y mientras mi padre cuidaba de mamá las 24 horas del día prácticamente, yo trabajaba.
Encontré mi vocación en el teatro. No era nada fácil, no tenía obras que representar todos los días y tampoco estaba en una compañía de teatro súper famosa en la que me pagasen un dineral. Pero me daba para ir tirando e ir pagando las facturas de la casa y ayudar a mis padres económicamente. Porque la ayuda que nos daban por la dependencia de mi madre no era gran cosa que digamos.
Y básicamente esta es la historia de mi vida así que bueno no hay mucho más que contar…
¡Que estaba de coña! Me enrollo como una persiana, lo sé.
Bueno por dónde estaba… Ah si, el capullo.
Al final decidí llamarle y no me contestó.
En fin.
Buenas noches y a dormir.