No sabía cómo reaccionar, ni dónde meterme.
Justo cuando iba a hablar alguien tocó a la puerta y entró el doctor.
-Buenos días, Esteban. Anda, veo que está muy bien acompañado - dijo el médico sonriéndome.
-Buenos días, doctor. Ella es mi novia pero aún no lo sabe. Le diría con gusto su nombre pero o no me acuerdo o no me lo dijo. ¿Cómo te llamas? Deja que adivine… ¿Sara? ¿Clara? ¿Noa? Fijo que Sara, tienes cara de llamarte Sara - dijo Esteban mirándome con una sonrisa picarona desde la cama y seguro que estaba descojonándose de mí por dentro. Le encantaba picarme. Lo tengo comprobado ya en los pocos encuentros que tuvimos.
-Me llamo Laura, capullo - dije mirándolo con cara de querer asfixiarlo con la almohada.
-Con que Laura eh, como mi ex la loca - me dice Esteban riéndose de mí, como siempre.
A continuación, el doctor nos dijo que tenía una fuerte contusión en la cabeza debido a que no llevaba el casco abrochado cuando tuvo el accidente y este salió disparado al igual que Esteban cuando voló de la moto. Se tenía que quedar unos días en observación a ver que tal iba. Por el resto sólo eran pequeños moratones y arañazos.
Dicho esto una auxiliar de enfermería muy amable entró para ayudarle a ducharse si lo necesitaba. A lo que el capullo (es que aunque ya me sepa su nombre, “capullo” le pega más) le dijo a la chica:
-Muchas gracias pero ya me ayuda mi novia, nos apañaremos bien los dos.
Acto seguido me vuelve a guiñar el ojo.
¡Que pesadilla de tío!
Lo tiene demasiado creído.
Pero hasta así con sus ojeras, moratones y cortes a mí me seguía poniendo cachonda.
¡NO LAURA! NO. NO. NO. NO.
Me repetía eso una y otra vez, no podía sentir nada por esa persona. Pero sí. Lo sentía.