Kilómetros de culpa

Capítulo 6

-Lo llevas claro si piensas que voy a ayudarte a ducharte, guapo - le solté media cabreada cuando el doctor y la auxiliar de enfermería salieron de la habitación.

-¿Y porqué has venido? ¿Cómo supiste lo del accidente y dónde estaba? Tienes que estar loca por mí, para venir hasta aquí sin conocerme prácticamente de nada - me dijo el capullo con esa sonrisita picarona a la cual ya me estoy acostumbrando y me encanta.

-No te emociones. Salió el accidente en las noticias y vi que la matrícula de la moto era la tuya, porque me fijé cuando fuiste anoche a llevarnos la cena. Dijeron que te trasladaron a este hospital y nada decidí venir simplemente porque estaba preocupada. Eso es todo. A decir verdad no sé ni porque vine, eres un chulo de mierda y me caes fatal - le dije ya un poco cabreada de verdad.

-Pues para caerte fatal, recorriste media ciudad para venir a verme - me dice volviendo a reírse de mí.

-Está bien, me voy. Ya estoy harta. Yo no te hice nada para que me trates así y me vaciles todo el rato. Que te recuperes pronto. Adiós.

Y me di la vuelta dirigiéndome hacia a la puerta de salida de la habitación.

-¡Laura! ¡Espera por favor! Lo siento. Soy así con todo el mundo, no quería ofenderte, simplemente me gusta vacilar. Quédate - me dice Esteban intentando incorporarse de la cama.

Me giro de nuevo hacia él y veo que está sentado al borde de la cama. Lleva puesto el camisón del hospital, el cual le aprieta un poco. Tiene cuerpo de chico de gimnasio. Es que no me puede mirar así, dios sus ojos son increíblemente bonitos.

-Vale me quedaré un rato, pero luego tendré que ir a casa - le dije.

-¿Sabes que me apetece mucho? Un café. Es que el que me trajeron esta mañana sabía a agua sucia. Hay una cafetería muy buena enfrente del hospital, iría yo mismo a buscarlo, pero no creo ni que me dejen salir de la habitación. Te doy dinero y si me puedes ir a por uno y otro para ti. - me dice Esteban amablemente.

¿Y ese arranque de gratitud de repente?

No me lo creo. El golpe en la cabeza lo hizo ser amable. Está mal. Está enfermo.

¿Es así en realidad?

Es que no sé que pensar de él. Cambia de actitud como de calzoncillos.

-No hace falta Esteban, yo invito. Vengo en 5 minutos - le dije sonriendo.

Me devolvió la sonrisa y me fui.

Todo el recorrido hacia la cafetería fui pensando en como nos conocimos, en como pasó todo tan de prisa.

Ayer por la mañana no sabía ni que existía este chico y hoy… Creo que me está empezando a gustar de verdad, como nadie me había gustado jamás.




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