King Of My Heart (serie Bad Reputation)

Capitulo 6

Capítulo 6
Evan

Miro hacia la ventana mientras el avión despega, cierro los ojos y suspiro, quiero quitarme las caricias de esa maldita mujer. No puedo estar así, no dejo de pensar en ella y sus labios sobre mí. La sigo deseando, incluso en este momento y nadie sabe la batalla que estoy liderando dentro de mí. Es prohibida, su familia le hizo mucho daño a la mía y eso no se olvida. Es hija del hombre que más odio, incluso estando muerto.
No quiero pensar en lo que van a pensar cuando les diga que estuve con ella, tal vez deba callarlo y negar este sentimiento que me está quemando por dentro, quiero arrancarme el pecho y sacar toda esta mierda. Si tan solo Cobra estuviera vivo hubiera sido una hermosa venganza embarazar a su hija y dejarla botada con el bebé, pero ya no está para verlo. Por eso no me conviene esto, debí haberme concentrado en lo que tenía que hacer y no lo hice, ahora estoy hecho un lio mientras ella… ¿estará pensando en mí? ¡Que tonterías! Regresaré a Brasil y voy a distraerme, estoy seguro que en cuanto esté con otra mujer voy a olvidar a esa chiquilla.
—Buenas noches, mi nombre es Rebeca y estaré a su disposición en lo que dura su vuelo ¿desea algo de beber?
Recorro con la mirada las piernas de la chica que está frente a mí. Es morena, tiene un hermoso cuerpo y es bellísima. Toda una mujer. Le sonrío y cruzo una pierna.
—Estoy deseando otra cosa, y no es una bebida.
Estoy esperando una reacción a mi coqueteo, se muerde los labios y entro en acción. Me inclino y la agarro de la cintura, la jalo hacia mí y abre las piernas para quedar sentada sobre mi perfectamente. Este es el momento que estaba esperando para olvidarme de ella, tengo que hacerlo. Solo yo sé el fuego que me quemaba por dentro al verla en ese mismo salón y no tenerla, solo yo sé lo que estaba sintiendo cuando me hundía en ella. Solo yo. 
Le levanto la falda muy rápido y la beso, ella sabe muy bien que es lo que quiere y me incita a hacerlo, me seduce, me enciende. Agarra mi entrepierna y baja el cierre del pantalón. La penetro tan rápido cuando puedo, sus gritos y gemidos son tan distintos, es escandalosa y sabe moverse a la perfección. No como Ada, ella es tan inocente. Se nota que su estúpido novio la ha tenido con un sexo mediocre y soso, estoy seguro que nunca había tenido a alguien como yo. 
Abro los ojos para ver a Rebeca y dejar de estar pensando en Ada, tengo que concentrarme y darme cuenta de que estoy con otra mujer muy distinta a la que dejé en Nueva York. Rebeca se sostiene de la ventana y salgo pronto, voy a correrme y no quiero hacerlo dentro de ella, no quiero dejar cavos sueltos. La agarro de la cabeza y la obligo a bajar, chupa unas cuantas veces y me libero por fin. 
Cuando llego a Brasil un auto me está esperando ya, me pongo mis lentes y entro.
—Hermano, ¿qué tal tu vuelo?
 Mason ha sido el encargado de venir por mí, él es mi hermano mayor y mi ejemplo a seguir. Por él es que soy lo que soy, después de mi padre, Mason es quien manda y es como mi segundo papá. Si mi viejo algún día falta es con Mason con quien debo recurrir. Y en el otro asiento está James, él sigue después del mayor, pero es más reservado. Siempre solo escucha y acciona, si es necesario dar su opinión la da, sino no y sobre todo nunca se mete en la vida privada de nadie. Recuerdo que cuando mis hermanos se enteraron de lo que le hice a Elizabeth casi me matan, James fue el único que se mantuvo al margen.
—Si yo te contara.
—Tendrás tiempo. Vámonos de una vez.
Arranca y suspiro, recargo la cabeza sobre el asiento y cierro los ojos. Aquí todo es diferente, tan solo me bajé del avión y ya me sentí en casa, si por mí fuera no me iría de aquí jamás. Me urge darme un baño y quitarme todo lo que traigo, ojalá las caricias se borraran con el agua. Al llegar a casa Esther me recibe como si me hubiera ido por años, me abraza y besa con tanto cariño. Ella es más que una empleada para nosotros, me cuidó a mí y a mis hermanos desde que éramos pequeños, es como nuestra madre. Porque la que fue nuestra madre le importamos muy poco y se largó luego de que Aron nació, aún recuerdo su cara y sigo odiándola tanto o más que el día que se largó.
Rubí baja las escaleras corriendo y se lanza sobre mí.
—Niño, te extrañé mucho.
—Solo fueron unas semanas, no exageren.
Se limpia una lagrima y le da un beso a Mason. Ellos se casaron hace dos años y se quieren tanto. Aunque aún existe la aflicción en los ojos de ambos, se vinieron abajo cuando se enteraron que Rubí no puede tener bebés. Siento mucho dolor por ellos, pero no se los demuestro, porque a pesar de estar tristes afuera de su habitación aparentan ser felices. 
—¿Y Aron? —pregunto.
—Ya no tarda en llegar.
Tengo tantas ganas de ver a mi hermano pequeño, el niño que yo más quiero. Rubí me agarra de los hombros y caminamos a la sala de estar, siento tan delicioso al sentarme en el sofá. Mi casa. Hace un momento les dije que eran exagerados al recibirme como si hubiera tomado un largo viaje, pero estar en casa me hace sentir de esa forma. Extrañaba este lugar, a mi gente y a mi viejo. Que por cierto no está aquí. 
Hay un momento en el que me quedo solo con Rubí y me dan tantas ganas de hablar con ella sobre Ada y esto que comienzo a sentir.
—A ti te pasa algo ¿quieres hablar?
Nadie me conoce mejor que ella, hemos tenido pláticas hasta la madrugada y me entiende tan bien, siempre tiene un comentario acertado para mí y lo que me pasa. Me regañó mucho cuando lo de Elizabeth, pero terminó por comprenderme. 
—No sé si quiero hablar ¿quieres un cigarro?
Asiente y me da un golpe en la rodilla antes de levantarse. Vamos a la terraza y miro la increíble vista que tenemos desde aquí. Prendo un cigarro y le doy uno a ella, le doy una calada y expulso el humo, veo cómo se va desvaneciendo junto con el aire y suspiro.
—Es ella, la chica por la que fui a Nueva York. No sé qué me está pasando, pero no puedo dejar de pensar en ella.
Sonríe y libera el humo del cigarrillo por la nariz.
—¿Amor?
Me rio y bajo el cigarro.
—Tú sabes que solo hay una mujer a la que yo he amado. No lo sé, me siento raro, inquieto, ansioso, quiero verla…
—Quizá con Elizabeth viviste otro tipo de amor, tal vez te llegó el amor verdadero.
Lo que viví con Elizabeth para mí fue sagrado, a pesar de haberme comportado con un animal y engañarla la quise como a nadie. 
—¿Existen diferentes tipos de amor?
—Por supuesto; el de hermanos, el de amigos, hacia los padres, el primer amor y el amor verdadero. 
Cualquiera que me ve a simple vista puede creer que soy un monstruo, pero en realidad tengo sentimientos y siempre los reflejo cuando de verdad quiero a alguien, sin embargo, es difícil que me comprendan. Sobre todo, porque la mayoría del tiempo actúo por impulso y termino arrepintiéndome.
—Aquí estás.
Es Aron, ha llegado y corre a abrazarme. Lo levanto del suelo y despeino su cabello. 
—Creo que creciste.
—Sí, también yo. Oye, el viejo nos está esperando abajo.
Asiento y bajamos, Rubí se queda en la sala y nosotros vamos al despacho de mi padre. Se pone de pie para saludarme y me agarra la mejilla.
—Quiero que me digas como va todo.
Suspiro muy profundo y me siento. Tengo las miradas de mis hermanos y mi padre sobre mí, sé lo que esperan de mi persona y no les pienso fallar.
—Aparentemente ella no sabe nada, tiene a su padre en un pedestal.
—Era de suponerse —dice Mason con la mandíbula tensa y mirando hacia el suelo.
—El testamento se leerá entre los siguientes tres meses.
—Entonces tendrás que estar allá. El jaguar está detrás de lo mismo que nosotros y no podemos descuidar a esa chiquilla.
Comprendo la idea de mi padre, si tan solo supiera…
—Estoy más cerca de ella de lo que esperaba, en cuanto tenga lo que quiero se lo arrebataré y todo esto terminará.
Mi papá asiente y me da palmadas en la mejilla, es su modo de decirme que confía en mí demasiado.
—Mente fría, hijo.
—¿Y qué haremos con el jaguar? —pregunta Mason.
Camina por el despacho y prende un cigarro.
—No creo que sea tan fácil deshacernos de él, hay que tenerlo vigilado. James, irás con tu hermano.
Volteo hacia James, mira hacia al frente y asiente sin decir nada.
—Yo quiero ir con él, papá. Dame la oportunidad te juro que no les voy a fallar.
—De ninguna manera —digo yo.
No voy a permitir que Aron vaya conmigo, en cualquier momento la cosa se puede poner fea y no voy a arriesgarlo. Le hace falta mucho entrenamiento, definitivamente no.
—Por favor Evan. A mi edad tú ya andabas en las calles, sabías este negocio y…
—Eran tiempos diferentes, dije que no y no pienso discutirlo.
Papá fuma y fuma, y piensa y piensa. Conozco esa mirada y me da miedo, por favor no digas lo que estoy pensando. 
—Está bien, ve con tu hermano. 
Mierda.
***
Después de darme una ducha me preparo para dormir, repaso lo que hablamos en el despacho de papá y entre más lo recuerdo más me da miedo lo que siento. Alcanzo mi celular de la mesa de noche y deslizo la pantalla para desbloquearla, busco en mis contactos el nombre de Eli, pero el primero que se me aparece es el de mi maldito tormento. Lo miro por unos segundos hasta casi memorizarlo y presiono llamar, espero y espero hasta que contesta.
—¿Sí?
Tan solo escuchar su voz me reconforta.
—¿Estabas pensando en mí?
Suelta una risita y yo también. 
—¿Tú que crees?
—Oye, no me gusta que cuando pregunto algo me respondan con otra pregunta.
Pongo el brazo detrás de mi cabeza y suspiro. 
—Quisiera que estuvieras aquí —dice con la voz ronca.
Es sincera, yo sabía que si llegaba a pasar algo entre nosotros pasaría esto, estaba seguro que si la seducía se olvidaría del idiota de su novio. Nunca me equivoco, en nada.
—Cuéntame que llevas puesto.
Vuelve a reír y me muerdo el labio inferior, si supiera lo mucho que me gusta su cuerpo. No es tan extravagante como a lo que estoy acostumbrados, pero siento que me está volviendo loco. Maldición ¿Qué me está pasando? Solo fue una maldita cogida, como cualquiera de las que he tenido. ¿Por qué no puedo verlo solo así? Ni la chica del avión me pudo ayudar a sacármela de la cabeza.
—En estos momentos estoy en mi cama solo con lencería.
Dios mío.
—Escucha, no quiero que andes por ahí con el idiota de tu ex.
—¿Por qué?
—Solo espera a que regrese y hablamos ¿sí?
No quiero hacerme ideas estúpidas en la cabeza, no quiero empezar a imaginarla en los brazos de alguien más.
—Voy a esperarte.
Eso es lo que quería escuchar.
—Descansa, nos vemos luego.
Cuelgo antes de que se meta en mi cuerpo el bichito de la cursilería. Lo detesto, yo jamás he sido así. 
Ada
Hoy amanecí de mejor humor, aunque un poco desvelada. Entregué el trabajo de Judith y siento que me he quitado un peso de encima, creí que perdería la materia.
—En serio me urge un novio ¿no quieres donarme uno? Tú tienes dos.
Dice Bethany cuando caminamos hacia la cafetería.
—Yo no tengo dos, no tengo ninguno.
—Ajá.
Me codea y se ríe de mí. Es verdad, con Evan todo es incierto y sobre Jackson mejor no quiero ni hablar. Nos formamos para que nos den nuestro almuerzo y buscamos una mesa vacía, nunca nos ha gustado compartir con alguien más, aunque solo seamos dos en una mesa tan grande, no nos sentimos cómodas.
—¿No te sientes como Taylor Swift cuando dejó a Calvin y anduvo con Tom? Siempre he querido sentirme con TayTay.
Pongo los ojos en blanco y le lanzo un pepino en la cara, rebota en su frente y cae a lado de su plato.
—No sé si ella se haya sentido así, pero no es bonito. Estoy muy confundida.
—Ya te dije, cógete a los dos y quédate con quien te lo haga mejor. A mí nunca me han hecho sentir un orgasmo.
Pincho con mi tenedor un pedazo de pechuga de mi ensalada y me lo llevo a la boca.
—Ojalá fuera tan fácil, siento que mi corazón me pide algo y mi cabeza otra cosa.
—¿Jackson te lo pide el corazón? 
Ese es el problema, que no lo sé.
—¿Estaban hablando de mí? 
Me rasco el cuero cabelludo y me hago a un lado para que él se siente.
—Estábamos hablando de orgasmos.
Escupo el jugo y me pongo muy roja, maldita sea, me va a explotar la cara. A diferencia de Jackson que ya está acostumbrado a los comentarios de mi amiga, él solo se ríe.
—Entonces sí estaban hablando de mí.
Oh, por favor no te comportes así. Me haces recordar a… Evan. Almuerzo en silencio, solo escuchando las tonterías que dice Bethany y a Jackson que le sigue el juego. Mi celular vibra sobre la mesa y me pongo muy nerviosa al ver que me ha llegado un mensaje de Evan.
Evan: Estoy enfadado contigo.
Ada: ¿Puedo saber por qué?
Anoche que hablamos estábamos bien.
Evan: Te dije que no quería verte con ese imbécil.
Bajo el teléfono y volteo hacia todos lados. ¿Está aquí? Imposible, dijo que se llevaría días fuera, entonces ¿Cómo sabe que estoy con él?
Ada: ¿Regresaste?
Evan: Adiós.
Sigo buscándolo, pero no lo veo. Tal vez solo fue coincidencia y me estaba poniendo a prueba.
—Ada ¿estás bien? Te pusiste pálida.
Jackson me agarra la mano y lo suelto.
—Estoy bien. Tengo que hacer una llamada.
Agarro mi celular y me alejo lo más que puedo de ellos, necesito saber si ya está aquí. Le llamo, pero no responde, le llamo una segunda y tercera vez, pero a la cuarta desvía mi llamada y después apaga el teléfono. ¡Idiota! ¿Cómo se atreve?
Ada: Está bien, si así lo quieres así será. Adiós.
 No voy a dejar que me someta a sus malditos juegos. No sé si me está celando o solo quiere jugar conmigo, pero no me va a hacer sentir mal, no lo hará.



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En el texto hay: mafia, celos, romance

Editado: 04.05.2020

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