Kirik Ayna

​Capítulo 5: El brillo del Bósforo y las sombras de la envidia

​Dilara se despertó con el cuerpo pesado y el cuello rígido. Poco a poco, la realidad de la noche anterior volvió a ella. Aylin se acercó, la ayudó a levantarse con una ternura infinita y le susurró al oído:
—Amiga, creo que finalmente has soltado todo lo que tenías dentro. Mira ese cuadro.
​—¿Qué cuadro? —preguntó Dilara, aún desorientada.
​Cuando sus ojos se posaron sobre el lienzo, el aliento se le escapó de los pulmones. No recordaba haber tomado esos colores, no recordaba haber trazado esas líneas que parecían latir con vida propia. Se quedó de piedra; el dolor se había transformado en una belleza caótica que ni ella misma podía explicar. Las lágrimas volvieron a brotar, pero esta vez no eran de desespero, sino de liberación. Se refugió en el abrazo de su amiga.
​—Aylin, pero... ¿para qué quieres esto? —preguntó Dilara, viendo cómo su amiga ya buscaba una manta para cubrir la obra.
—Tranquila, querida. Me lo prometiste, yo te lo pedí y ahora es mío —respondió Aylin con una sonrisa pícara—. Ahora, ve a bañarte y arréglate. Necesitas abrir "Yıldız Sanat" y retomar tu vida. Yo tengo algunos asuntos que atender.
​Mientras el agua caliente caía sobre los hombros de Dilara, Aylin tomó su teléfono con urgencia y marcó a Leyla Demir.
—Dime que tienes noticias, Leyla.
—Es mañana mismo, Aylin. La exposición benéfica de la Fundación Aksoy. Conseguí un espacio de último minuto, pero necesito el nombre de la obra para el catálogo.
—Se llamará "Kırık Ayna" (Espejo Roto) —dijo Aylin mirando el cuadro por última vez—. Y prepárate, porque nunca has visto nada igual. Es una pieza única en el mundo.
​Un encuentro inesperado
​Mientras tanto, en el exclusivo distrito de Nişantaşı, Seda Arslan y Caner caminaban de tienda en tienda. Caner intentaba compensar su culpa comprándole lujos, pero para Seda nada parecía ser suficiente. De repente, el mundo pareció detenerse para ella.
​Un hombre salió de una joyería de alta gama. Su presencia llenaba la calle; vestía un traje gris hecho a medida que gritaba poder y elegancia. Era Barış Aksoy. Seda sintió que se le bajaba la presión al verlo; nunca había visto a alguien con tanta distinción.
​Caner, notando que Seda se había quedado paralizada mirando al desconocido, la jaló del brazo con brusquedad.
—¡Seda! ¿Qué te pasa? ¿Acaso no tienes respeto? —siseó Caner, herido en su orgullo.
​—Suéltame, Caner, no es nada —disimuló ella, pero sus ojos seguían a Barış mientras este subía a un impresionante auto negro.
​Un chofer le abrió la puerta y dos guardaespaldas se aseguraron de que el camino estuviera despejado. El motor rugió suavemente y el vehículo desapareció entre el tráfico de Estambul. En la mente de Seda, Caner acababa de volverse invisible. Ahora, solo había una pregunta que la quemaba por dentro: ¿Quién es ese hombre y cómo puedo llegar a él?
​Lo que Seda no sabía es que, gracias a la astucia de Aylin, el "Espejo Roto" de Dilara estaba a punto de unir el destino de su enemiga con el del hombre que acababa de robarle el aliento.




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