Kirik Ayna

Capítulo 13: Sombras en el Lienzo y Máscaras Caídas

El éxito de Dilara Yıldız era imparable. Sus manos, antes manchadas de pintura en un pequeño taller, ahora creaban obras que eran el orgullo de la Fundación Aksoy. Aunque la tensión romántica entre ella y Barış era evidente para todos, el respeto profesional mantenía una distancia que solo alimentaba el deseo.
Sin embargo, en las sombras de un café en el puerto, Seda Arslan cocinaba su venganza. No podía permitir que Dilara brillara más. Para su plan, utilizó a Kerem, un empresario adinerado y respetado, casi al nivel de Barış, que siempre había estado obsesionado con ella.
—Haz esto por mí, Kerem —le susurró Seda con malicia—. Humíllala y seré tuya.
El sabotaje
Llegó el día de la gran exposición conjunta. El lugar estaba lleno de críticos y cámaras. Dilara y Aylin esperaban con ansias la llegada del camión de transporte con las piezas centrales. Pero cuando las puertas del vehículo se abrieron, el silencio fue sepulcral.
Lienzos desgarrados, pintura chorreando por los marcos destruidos y telas perforadas. El trabajo de meses de Dilara era ahora un montón de basura. Dilara sintió que el aire se le escapaba, mientras Emre y los demás invitados miraban con horror.
—¡¿Qué es esto?! —gritó Caner, quien andaba cerca, ya con aspecto descuidado y olor a alcohol, sin poder creer la magnitud del daño.
El chofer, nervioso, juraba que él no sabía nada. En ese momento, Kerem entró al salón con una sonrisa cínica, sintiéndose intocable.
La jugada maestra de Barış
Barış Aksoy se acercó al camión. Su rostro era una máscara de hielo, pero sus ojos inyectados en rabia buscaban al culpable. Miró a Kerem, quien intentaba disimular, y luego al chofer.
—¿Creyeron que sería tan sencillo? —dijo Barış con una voz que hizo eco en todo el salón—. No transportamos obras de millones de liras sin seguridad. Este camión tiene cámaras de alta definición ocultas y sensor de movimiento.
El rostro de Kerem se puso pálido como el mármol. Aprovechó un momento de distracción para alejarse y llamar a Seda por teléfono:
—¡Maldita sea, Seda! ¡Estamos perdidos! El camión tenía cámaras. ¡Vete de donde estés!
Pero ya era tarde. Barış ordenó a sus hombres de seguridad traer la tablet. En la pantalla se veía claramente a los hombres de confianza de Kerem abriendo el camión en un callejón y destrozando el arte. Bajo presión y tras un interrogatorio violento por parte de la seguridad de Barış, uno de los hombres confesó:
—¡Fue la señorita Seda Arslan! Ella le pidió a Kerem que nos enviara.
El final de la víbora
La policía no tardó en llegar. Seda fue interceptada mientras intentaba huir y llevada a prisión, gritando insultos contra Dilara. Kerem, con su reputación destruida, fue escoltado por las autoridades. Mientras tanto, Caner veía todo desde la distancia, sumido en la quiebra y el alcoholismo, dándose cuenta de que por seguir a Seda, terminó perdiendo su dignidad y a la mujer que alguna vez lo amó.
A pesar de la justicia, el alma de Dilara estaba rota al ver su trabajo destruido.
—No te preocupes, Dilara —le dijo Barış con ternura, tratando de tomar su mano—. Lo solucionaremos, el mundo sabrá quién lo hizo.
—Lo sé, Barış... pero me duele el corazón —respondió ella con la voz apagada—. Necesito estar sola. Me voy, no me siento bien.
Dilara se alejó entre los flashes de la prensa, protegida por Aylin. Barış se quedó viendo cómo se marchaba, jurando que no solo reconstruiría su arte, sino que se encargaría de que nadie volviera a tocar un solo pétalo de su alma.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.