Kirik Ayna

Capítulo 14: Un Lienzo en el Horizonte

Barış Aksoy no era un hombre que aceptara la derrota. Mientras Dilara se refugiaba en el silencio de la casa de Aylin, él movió cielo y tierra. Despidió a cada empleado de seguridad que se distrajo esa noche y puso a su equipo de inteligencia a rastrear los eventos de arte más exclusivos del planeta.
Cada tarde, sin falta, Barış llegaba a la puerta de Aylin.
—Traje estos dulces de Sultanahmet —decía él con suavidad, sentándose frente a una Dilara que apenas lograba sostenerle la mirada—. La oficina está muy gris sin tus colores, Dilara. Todos te extrañamos.
Pero Dilara se sentía como un cristal roto por segunda vez. No era solo por los cuadros; era la sensación de que, sin importar cuánto brillara, la maldad siempre encontraba una forma de alcanzarla. Se limitaba a asentir y a dar respuestas cortas, hasta que Barış, para no agobiarla, se despedía con una promesa de volver al día siguiente.
El llamado del Louvre
Dos semanas después, el teléfono de Barış sonó con una noticia que detuvo el tiempo. Su jefe de adquisiciones en Europa tenía lo que buscaba.
—Señor Barış, lo logramos. El Museo del Louvre en París abrirá una gala exclusiva para "Nuevos Talentos del Mediterráneo". Es el lugar con el que todo artista sueña antes de morir. No hay cupos, pero para la Fundación Aksoy... siempre hay una excepción.
A Barış no le importó la cifra astronómica de la donación necesaria para asegurar ese lugar. Para él, ver a Dilara sonreír valía más que todo el oro de Turquía.
La invitación estratégica
Al día siguiente, Dilara finalmente regresó a la empresa. Caminaba por los pasillos con la cabeza baja, evitando mirar el espacio vacío donde antes colgaban sus obras. Barış la llamó a su oficina de inmediato.
—Dilara Hanım, pase por favor —dijo él, tratando de ocultar la emoción en su voz—. Necesito pedirle un favor profesional... si es que se siente con ánimos.
Ella lo miró con curiosidad.
—Dígame, señor Barış.
—Tengo una junta de negocios vital en el extranjero. Es una expansión de la fundación y necesito que me acompañe como mi asistente técnica de arte. Necesito sus ojos, su criterio para evaluar unas piezas que la empresa piensa adquirir. No es por placer, es una misión de trabajo.
Barış sabía que si le decía que era para exponer su arte, ella se negaría por miedo al fracaso. Tenía que llevarla bajo el ala del "trabajo" para darle la sorpresa más grande de su vida.
Dilara lo pensó un momento. Vio la sinceridad en los ojos de Barış y sintió que quedarse encerrada en su tristeza solo la estaba hundiendo más.
—Está bien, señor Barış. Lo acompañaré. ¿A dónde viajamos?
—Prepare su pasaporte y su vestido más elegante, el que le compramos con Aylin —respondió él con una media sonrisa—. Mañana mismo sale nuestro jet privado hacia París.
Dilara se quedó sin aliento. ¿París? Nunca había salido de Turquía. Mientras ella salía de la oficina a prepararse, Barış se recostó en su silla, suspirando. No solo iba a llevarla a la capital del arte; iba a demostrarle que mientras él estuviera a su lado, nadie, ni Seda, ni Kerem, ni el pasado, volvería a tocar uno solo de sus sueños.
¡El viaje a París ha comenzado! Dilara cree que va como asistente, pero lo que no sabe es que su nombre ya está impreso en los catálogos de la gala más prestigiosa del mundo




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