El interior del SEN crujía con suavidad bajo el peso constante del océano, la enorme embarcación avanzaba entre niebla azulada y corrientes oscuras a velocidad constante, mientras el viento golpeaba los costados del casco como dedos impacientes. En las entrañas del barco, lejos de cubierta, los pasillos angostos respiraban olor a madera húmeda, sal y aceite quemado de las lámparas colgantes.
Las luces doradas se balanceaban lentamente con el movimiento del mar, proyectando sombras deformes sobre las paredes reforzadas con hierro ennegrecido y viejas marcas de batalla, los marineros apenas realizaban los cambios de guardia en la cubierta.
La capa roja descansaba abierta sobre sus hombros mientras avanzaba por el corredor con paso firme, una mano enguantada rozando ocasionalmente la pared para equilibrarse con el vaivén del barco. La prótesis de bronce emitía pequeños chasquidos mecánicos cada vez que los engranes internos se tensaban.
Se detuvo frente a una puerta de roble oscurecida por la humedad marina, el camarote de sus aprendices, tocó tres veces, fuerte, luego abrió sin esperar respuesta.
—¡Chicos, ya va a amanecer y debemos sorprender al sol con nuestro entrenamiento, arriba! —La puerta golpeó la pared con un estruendo seco.
Dentro, el pequeño camarote apenas estaba iluminado por una lámpara moribunda suspendida del techo, dos literas, equipo acomodado con disciplina irregular y varias capas blancas colgadas de ganchos metálicos daban al lugar un aire más militar que juvenil.
Treck reaccionó primero, abrió los ojos de golpe apenas escuchar la voz de Gerna, incorporándose con rapidez automática, todavía atrapado entre sueño y reflejo entrenado, su cabello castaño estaba completamente desordenado y una marca de la almohada le cruzaba la mejilla.
—Cinco minutos más y prometo alcanzar la iluminación, capitán... —Murmuró con la voz áspera.
Gerna lo observó en silencio apenas un segundo.
—La iluminación no existe para quien duerme después del alba.
—Qué poético... —Treck dejó caer la cabeza hacia atrás con sufrimiento teatral.
En la litera inferior, Joanna soltó un sonido ahogado de molestia y enterró más el rostro contra la manta.
—Odio los barcos... —Su voz salió amortiguada.
—El barco también te odia a ti, Kilsteid. Ahora arriba. —Gerna se postraba frente a la litera.
La joven apartó lentamente la manta, revelando únicamente una mirada asesina entre mechones oscuros y desordenados.
—Estoy segura de que esto rompe algún derecho humano. —Joanna suspiro acomodando su cabello.
—Los Etod no creen en despertarse tarde.—Gerna esbozaba una sonrisa de oreja a oreja, pues la escena le causaba gracia.
—Claro que no... ustedes tampoco creen en descansar, son una secta con uniforme bonito. —Treck soltó una risa cansada mientras bajaba de la litera.
Gerna cruzó los brazos.
—Cubierta principal. Quince minutos. Si llegan tarde entrenarán conmigo hasta el anochecer. —Gerna giro sobre sus talones dejando el camarote.
Eso mató cualquier intención de protesta, Joanna abrió finalmente los ojos por completo.
Gerna cerró la puerta detrás de él y continuó caminando por el corredor mientras el SEN rugía suavemente alrededor de todos ellos, avanzando hacia el horizonte todavía oscuro.
Arriba, más allá de toneladas de madera negra y velas tensas por el viento, el amanecer comenzaba apenas a teñir el océano con una línea delgada de fuego dorado.
El viento del norte recorría la cubierta principal del SEN como una cuchilla invisible, las enormes velas negras crujían tensas sobre sus cabezas y el océano golpeaba los costados de la nave con una violencia rítmica, constante, casi hipnótica. A esa hora, el cielo todavía era una mezcla fría de azul oscuro y ceniza, apenas herido en el horizonte por las primeras líneas doradas del amanecer.
Gerna esperaba en silencio, la cubierta principal era amplia, despejada a propósito para maniobras militares y entrenamiento de combate. El suelo de madera oscura estaba marcado por años de acero, sangre y cicatrices antiguas grabadas en cada tablón.
El capitán ajustó la prótesis de bronce alrededor de su brazo con un movimiento firme, los engranes internos emitieron pequeños chasquidos metálicos mientras aseguraba las correas de cuero bajo el guante negro, luego inhaló profundamente, el aire helado quemó sus pulmones, estaban lejos del continente, muy lejos.
Y aun así, cada milla recorrida parecía acercarlo más a un recuerdo que nunca había terminado de abandonar. Un nombre que seguía enterrado detrás de cada pensamiento silencioso, Gerna cerró los ojos apenas un instante.
Porque el sonido de pasos perfectamente sincronizados lo obligó a volver al presente, Treck y Joanna emergieron desde el acceso inferior con los uniformes impecablemente colocados pese a la hora absurda. Las capas blancas se agitaban detrás de ellos mientras avanzaban con disciplina casi automática, moldeada por años de entrenamiento Etod, la espada de Treck colgaba firme junto a su cintura, el florete de Joanna descansaba sujeto al cinturón de su cadera plateada.
Gerna los observó acercarse, y sonrió apenas, una sonrisa pequeña, entonces desenvaino, el acero abandonó la funda con un sonido limpio, y al segundo siguiente se lanzó hacia Treck, rápido, brutal.
El joven apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de desenvainar también, bloqueando el ataque por puro reflejo entrenado, el choque del acero explotó sobre la cubierta como un disparo.
La fuerza del impacto hizo que Treck retrocediera medio paso, aunque su fuerza demostraba ser superior a otros estudiantes de su misma edad.
—¡¿Pero qué carajos?! —Exhalaba agitado.
Gerna presionó todavía más.
—El entrenamiento será de combate, hoy demostrarán qué tan pulidos tienen sus Odnan. —Gerna sonrió ejerciendo más fuerza.
Giró la espada con precisión feroz, obligando a Treck a desviar otro golpe que pasó peligrosamente cerca de su hombro, Joanna observó la escena cruzada de brazos mientras el viento agitaba su cabello oscuro.