Kobo...El Gorila Gigante.

Capitulo 3.

​La fama de Kobo había crecido más allá de la selva. Los cuentos de los cazadores derrotados y los relatos de los aldeanos se habían transformado en noticias en periódicos y programas de televisión. Kobo ya no era un simple gorila, sino una leyenda global, un símbolo de la naturaleza que se negaba a ser domesticada.
​Mientras la aldea prosperaba y Mbali se convertía en una joven líder, su paz se vio interrumpida por un helicóptero que aterrizó en el claro. De él, salieron hombres vestidos con uniformes militares, liderados por una mujer. La General Evelyn Reed, una comandante de una fuerza élite de una corporación militar, había sido enviada para investigar los rumores sobre el gorila.
​A diferencia de los cazadores anteriores, la General Reed no era cruel. Era fría, pragmática y profesional. Ella creía en el poder de la disciplina, la fuerza y la tecnología. Al principio, los aldeanos se mostraron cautelosos, pero Reed les ofreció su ayuda.
​"Su selva es un lugar peligroso", dijo con una voz tranquila. "Podemos protegerla. Podemos protegerlos a ustedes. Pero a cambio, necesitamos que nos den el gorila. No le haremos daño. Es una oportunidad para el progreso, para la ciencia".
​Kobo se mantuvo en la distancia, observando a la General Reed. Sus ojos le recordaron los de Silas y del Dr. Finch, fríos, calculadores y llenos de una ambición que iba más allá del dinero. Mbali se dio cuenta de la trampa. La General Reed era una amenaza diferente, una que no era malvada, sino utilitaria.
​"No, generala," dijo Mbali, con una voz llena de determinación. "Él es parte de nuestra familia. La selva lo necesita".
​Reed no aceptó su respuesta. Sus hombres, armados con tecnología avanzada, se acercaron a Kobo, con la intención de capturarlo vivo. La batalla se había intensificado una vez más, y Kobo y Mbali se enfrentaban a un enemigo mucho más grande y poderoso que los anteriores. El futuro de Kobo y el de la aldea estaban en juego. ​La General Reed dio la orden, y sus hombres se movieron con una precisión militar. Sus rifles no eran de bala, sino que emitían una luz cegadora, y sus dardos no eran tranquilizantes, sino que contenían un sedante tan potente que podía tumbar a un elefante. La General Reed creía que la fuerza y la tecnología eran la única manera de detener a Kobo. Pero ella había subestimado al gorila.
​Kobo se lanzó, no para atacar, sino para escapar. Con la agilidad de un mono, escaló un árbol con la intención de huir. Pero la General Reed tenía un plan. Sus hombres lanzaron un dispositivo que se adhirió a su espalda, y Kobo se vio inmovilizado. El gorila, a su vez, cayó al suelo, y los hombres se acercaron. La batalla se había convertido en un juego de ajedrez, con Kobo como el rey y la General Reed como el oponente.
​Mbali, por su parte, viendo el pánico en los ojos de los aldeanos, se dio cuenta de lo que tenía que hacer. Se acercó a la General Reed, con una voz llena de determinación: "No entiendes. Él no es una bestia. Es un protector. Te salvará, si se lo pides".
​La General Reed se rio. "Niña, ¿por qué debería confiar en él?".
​Mbali le demostró que se equivocaba. Le susurró a la General sobre una fuerza más grande que ella, el guardián de la selva, una fuerza que no podía ser controlada. La General, por su parte, se rio, y le ordenó a sus hombres que atacaran. Kobo, viendo a Mbali en peligro, se levantó, con una fuerza de la que la General Reed no había visto. El gorila rugió, y los hombres se lanzaron.
​Kobo, con la fuerza de su ira, se liberó de los grilletes y lanzó un ataque contra los hombres. La batalla se había intensificado, y la aldea entera observaba el espectáculo. Kobo, con una fuerza sobrenatural, destrozó los dispositivos de los hombres de la General Reed. La General, por su parte, se dio cuenta de que no solo había subestimado al gorila, sino también a la aldea. Los aldeanos, que habían visto la fuerza de Kobo, se unieron a la batalla.
​La General Reed, en su desesperación, huyó de la selva, y la paz regresó. Kobo y Mbali se miraron, y por primera vez en su vida, se dieron cuenta de que su hogar era más que una aldea: era un lugar donde la confianza y la libertad eran los únicos tesoros.

​La historia del gorila gigante que salvaba una aldea había llegado a todos los rincones del mundo. Kobo era una leyenda, una figura de respeto y de amor que había vencido a cazadores, científicos y militares. La aldea, protegida por su guardián, vivía en paz. Pero la fama de Kobo era un arma de doble filo que atraía la atención de un tipo de hombre diferente.
​En un penthouse de una gran ciudad, un multimillonario llamado Maximus Black había visto las noticias. Para él, Kobo no era un héroe, sino una oportunidad para un gran negocio. Contrató a un grupo de mercenarios de élite, liderados por un hombre llamado Cyrus, un guerrero frío y calculador que solo se movía por el dinero.
​Cyrus y sus hombres llegaron a la selva en helicópteros, con un arsenal de armas y trampas. No se molestaron en hablar con la aldea, ni en mentir. Su único propósito era la captura de Kobo, a cualquier precio.
​Mbali, ahora una mujer joven y sabia, sintió la presencia de los mercenarios. Su instinto le dijo que el peligro era más grande que antes, ya que estos hombres no temían a nada. Por su parte, Kobo se mantuvo en la distancia, observando a los mercenarios, con una ira que crecía en su interior. La batalla se había convertido en un juego de ajedrez, con Kobo como el rey y Cyrus como el oponente.
​El líder de los mercenarios se movió con una precisión militar. Su estrategia era simple: rodear a Kobo y a la aldea. Los hombres de Cyrus, armados con tecnología avanzada, se acercaron a Kobo, con la intención de capturarlo vivo. La batalla se había intensificado una vez más, y Kobo y Mbali se enfrentaban a un enemigo mucho más grande y poderoso que los anteriores. El futuro de Kobo y el de la aldea estaban en juego. ​El líder de los mercenarios, Cyrus, no se molestó en hablar. Su objetivo era la captura de Kobo, y no había lugar para el diálogo. Con una señal de su mano, sus hombres se movieron con una precisión militar, creando un círculo alrededor de la aldea y de Kobo. El plan era simple: arrinconarlos y lanzar las redes y los dardos tranquilizantes.
​Mbali, por su parte, se dio cuenta de la trampa. Los mercenarios no tenían miedo, ya que la violencia era su única herramienta, y la compasión, un lujo que no podían permitirse. Mbali se acercó a Kobo, con una voz llena de urgencia: "Tenemos que irnos. Son demasiados".
​Kobo, sin embargo, no se movió. El gorila emitió un rugido, una advertencia, una declaración de que no se rendiría. Con una fuerza de la que Cyrus no se había percatado, Kobo se lanzó. La batalla se había convertido en un juego de ajedrez, con Kobo como el rey y Cyrus como el oponente. Kobo se movió con agilidad, esquivando los dardos y los arpones.
​Pero la estrategia de Cyrus no era simple. Sus hombres, armados con lanzagranadas que emitían un gas aturdidor, se lanzaron al ataque. El gas llenó el aire, y Kobo se vio aturdido, su visión se tornó borrosa, su fuerza se disipó, y los hombres de Cyrus lo inmovilizaron.
​Cyrus, con una sonrisa de victoria en el rostro, se acercó a Kobo, con una jeringa en la mano. "Te tengo", dijo, con una voz llena de maldad.
​Pero la batalla no había terminado. Mbali se lanzó a la batalla. Con la fuerza de su ira, Mbali, con un bastón en la mano, golpeó a Cyrus, y el hombre, sorprendido, dejó caer la jeringa. Kobo, al ver la valentía de Mbali, se levantó, con una furia de la que Cyrus nunca se había recuperado. Kobo rugió, y los hombres de Cyrus huyeron, dejando a su líder solo.
​Con la derrota de los mercenarios, la aldea se llenó de júbilo. No solo habían derrotado al enemigo, sino que también habían salvado a Kobo. Kobo y Mbali se miraron, y por primera vez en su vida, se dieron cuenta de que su hogar era un lugar donde la confianza y la libertad eran los únicos tesoros. La paz había regresado, pero la historia de Kobo, el Gorila Gigante, apenas había comenzado.



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En el texto hay: drama, aventuras, acción y caos

Editado: 19.08.2025

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