Kuru Voss

Capitulo 1: Zed el vampiro.

Una flecha surcaba el denso bosque de pinos en la montaña de las tribus caníbales, el sonido hueco al impactar en el tallo de un pino seco alarmó a la manada de venados que se encontraban cerca. Está vez la caza no era a los animales salvajes, era a un grupo de hombres con corazas de hierro que habían llegado a irrumpir el lugar en busca de un hongo con propiedades curativas. La tribu caníbal, que solo vestía un rabo, piel de alces y mascara de los cráneos de los alces preparaban sus arcos con flechas venenozas y sus lanzadardo para eliminar a la cena del día.

Unos hombres acorazados cayeron en una trampa de lazo, muy común pero efectiva. Cuando aquellos hombres colgaban, los cazadores de la tribu salieron sonando sus máscaras y gritando "urururururu", sus ojos solo representaban una cosa "sed de sangre". Cuando estuvieron a punto de cortar la garganta a uno de ellos, una sed de sangre mucho mayor los dejo paralizados, era una bestia con un poder abrumador, su sola presencia generaba una fuerte presión que los caníbales no podían soportar. Cuando miraron, no vestía con corazas, solamente andaba una toga blanca que cubría todo su cuerpo y en el cinturón dos fundas con unas armas.

Los caníbales sabían que no se enfrentaban a un humano cualquiera y cuando decidieron atacar, del extremo sur, dónde estaba una peña de cien metros de altura, fueron atacados por los "Zigles" una tribu enemiga que buscaba la erradicación de los montañeses. En ese encuentro, cayeron cuatro de los cazadores caníbales y el quinto, un joven, gemia de dolor y sus ojos solo expresaban auxilio.

—No esperaba encontrarme con sujetos interesantes, lamentablemente no puedo usar nada curativo —expresó el hombre de la toga agachandose y tomando al joven montañes que soltaba espuma de su boca—. He escuchado que son un grupo de caníbales que viven en este bosque, parecen ser bastante astutos a pesar de tener poco raciocinio.

—Tu bolsillo... —jadeo el joven canibal—. Dame el hongo para matar el veneno antes que llegue a mi corazón. Me dieron en la pierna.

—Umm, comprendo —el hombre alzó su mirada al sentir el descenso de ocho de los Zigles. Andaban arcos y lanzadardos más elaborados, eran más robustos y más veloces—. Háganse para atrás.

El hombre dió el hongo al joven caníbal, y cuando desfundo sus dos armas una sed de sangre mucho mayor a la anterior a la anterior doblegó a los Zigles que no pudieron moverse y tuvieron mucho miedo. Los hombres acorazados que andaban juntos a el también sintieron miedo, y retrocedieron al mirar como una luz rojiza envolvía el cuerpo del hombre al que orgullosamente le decían "Zed el vampiro".

Zed apunto su espada y perforó con proyectiles de plasma roja. Cuando acabo con los Zigles, el caníbal lo atacó, pero era muy lento y cada golpe de Zed era como el choque de una bala que rápidamente acabaron con las fuerzas de el joven caníbal.

— ¿Cuál es tu nombre, jovencito? —apreto Zed la garganta del joven caníbal, dónde un movimiento podía acabar con su vida misma.

—Ku... Kuru, me... me llamo Kuru Voss —sentia un miedo inefable ante Zed a tal punto que no podía respirar. No comprendía que era esa enorme presión que impedía que se moviese y respirara.

Zed le miro fijamente, al cerrar sus ojos dicipo su sed de sangre y aquella enorme presión. Voss cayó al suelo jadeando y con ganas de matar a Zed, pero sabía que no tenía ninguna oportunidad contra él.

—Bien, Kuru Voss, te llevare conmigo al reino de Betania conmigo, serviras al reino. Y si te niegas, yo mismo te mataré, ¿Lo entiendes? No hay otro camino que puedas elegir.

—Ire contigo si me dejas matarte.

—Dejare que me mates solo si te vuelves más fuerte.

Los hombres que colgaban en la trampa de lazo discutían entre ellos sobre quien se movía más y quién quitaba más espacio. Zed empezó a reírse de ellos y saco su cámara y les tomo fotos diciéndoles que se los enseñaría a su capitán.

Voss no comprendía al hombre, primero emanaba una sed de sangre insaciable, pero ahora era muy alegre, transmitia confianza y seguridad. El siempre estuvo rodeado de un ambiente lleno de miedo, deseo, hambre, desconfianza y sed.

—Capitan Zed ya bajenos de aquí, no se ría más de nosotros —dijo uno avergonzado porque sus demás compañeros se reían de ellos.

El capitán Zed les quedó mirando con una templanza fría que acallaron sus bocas—. ¿Quién les dió permiso para que se burlen de sus compañeros? —los otros no supieron que responder y agacharon sus cabezas.

Voss corto la red con una navaja de piedra y los tres que fueron atrapados cayeron de golpe. Sus palabras exageradas de dolor fastidiaron al joven, pero fue detenido por la mano del capitán que mostraba una templanza segura de si mismo.

—Venimos a este bosque para buscar hongos de pino blanco, son muy raros pero sus propiedades curativas pueden sanar enfermedades y revertir los daños del veneno. Es un recurso muy valioso que solo se encuentra en este lugar —dijo un caballero a Voss al ponerse al lado de él.

—Y ustedes, ¿Quiénes son realmente?

—Somos caballeros espirituales del reino de Betania, eliminamos sombras. Son demonios débiles que se crean porque sus almas se corrompen o se alimentan de sangre de otros. No todos resisten el cambio, pero aquellos que lo hacen buscan a los seres vivos para robar su alma y alimentarse con ellas. Es nuestro trabajo defender al reino de esas criaturas, y en este bosque suelen haber muchos, por eso hemos venido acompañados de un capitán.




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