Kushim - Parte 1

Nómada. 2

Nómada.

El humo y el olor a quemado aún me envolvían cuando me quebré.

Seguir con vida me enajenó. La poca cordura que me quedaba se disolvió entre los sentimientos nefastos que me consumían. Sin un motivo claro, eché a andar. Sin rumbo. Sin destino. Sin un porqué.

Las pocas gentes que encontré en mi camino me observaban con pavor... o con una indiferencia aún más hiriente. Un hombre desnudo, sin un solo pelo, caminando como un alma errante. Y yo seguía avanzando, ajeno a todo, como si el mundo hubiera dejado de pertenecerme o como si yo no me perteneciera ya a él.

En apenas un día ya me había alejado de todo cuanto me era reconocible. Y continué durante días. O quizá más.

Caminando sin descanso, deteniéndome solo cuando el cuerpo me lo exigía, cuando la necesidad o el agotamiento me obligaban a detenerme.

Mis pensamientos eran un vacío constante. No sabía si avanzaba en línea recta o si giraba sobre mí mismo. No sabía nada.

Dejé de comer.

Dejé de beber.

Dejé de existir... en todo salvo en el hecho de seguir respirando.

Y así pasaron semanas... quizá meses. El tiempo dejó de tener sentido para mí. Mi vello volvió a crecer, salvaje, desordenado. El sol curtió mi piel hasta oscurecerla. La falta de alimento consumió mi cuerpo, afinando mis huesos bajo una piel cada vez más tensa.

Al principio pensé que, si no podía morir por la herida, tal vez podría hacerlo por abandono.

Pero resultó que tampoco era posible.

El dolor era constante: mareos, debilidad, un cansancio que parecía no tener fondo. Y aun así, la muerte no llegaba. Mis pies se llenaron de ampollas y grietas; cada paso era una punzada. Mi estómago rugía con una violencia que me atravesaba. A veces caía, sin fuerzas, desplomado contra el suelo.

Pero siempre volvía. Siempre despertaba.

No sé cuánto tiempo habría seguido así, deshaciéndome poco a poco sin llegar nunca a desaparecer, si no hubiera sido por la aparición de un nómada.

Uno muy... peculiar.

Tras uno de mis desvanecimientos, al abrir los ojos, lo vi.

Al principio creí que era un espejismo, una ilusión nacida del hambre y la sed. Pero no. Permanecía allí, inmóvil, observándome.

Era un hombre mayor, notablemente mayor para los estándares de aquella época. Vestía una túnica tosca, improvisada, y su cabello canoso caía en mechones desordenados sobre una barba espesa del mismo color. En su mano izquierda sostenía una cesta de papiro trenzado; en la derecha, un cayado que parecía tan antiguo como él.

Cuando recuperé la consciencia, ya estaba a mi lado. Me miraba desde arriba, y yo le devolví la mirada desde el suelo, sin fuerzas ni voluntad.

Su primera pregunta fue sencilla: si podía levantarme.

No respondí. Pero me levanté.

Se presentó como Jahi. Yo seguí en silencio, pero él no pareció inquietarse por ello. Hablaba con naturalidad, como si mi mutismo no fuera más que una circunstancia pasajera. De su cesta sacó una prenda, similar a la que él vestía, y me la ofreció. La acepté sin decir palabra y me cubrí con ella. Al hacerlo, Jahi sonrió, con una calidez extraña, casi olvidada para mí.

Después, con un simple gesto, me indicó que lo siguiera.

Y, aunque no sabría decir por qué, lo hice. Quizá fue porque llevaba demasiado tiempo sin contacto humano. Quizá porque ya nada importaba.

Caminamos durante horas bajo un sol inclemente. Me costaba seguirle; pese a su edad, se movía con una resistencia admirable, como si el cansancio no le perteneciera.

Cuando por fin llegamos, me detuve.

No supe qué pensar.

Ante nosotros se extendía un pequeño oasis, un rincón imposible donde la vida brotaba en medio de la nada. La vegetación se alzaba verde, vibrante, como si desafiara al desierto que la rodeaba. Era tan hermoso, tan inesperado, que por un instante dudé que fuera un espejismo.

Jahi se acercó al agua, y yo lo seguí.

Dijo en voz alta que era buena, qué él siempre bebía ahí, y sin más se agachó para beber. Yo, aunque sabía que mi cuerpo ya no dependía de esas necesidades, no pude resistirme. Me dejé caer de rodillas sobre la orilla y sumergí el rostro en el agua.

Bebí. Con ansias. Con desesperación.

El líquido recorrió mi garganta como una bendición olvidada. Con ambas manos me lavé el rostro, sintiendo cómo la suciedad, el polvo y el dolor parecían desprenderse de mí por al menos por un instante.

Nunca algo tan simple me había provocado semejante satisfacción.

Jahi me observaba en silencio. Y en sus labios descansaba una leve sonrisa.

Una vez ambos hubimos saciado la sed, se sentó muy cerca de mí y, de su cesta, extrajo un trozo de carne. No sabría decir de qué animal procedía; era salada, áspera, incluso correosa. Y, aun así, la devoré como si se tratara del más exquisito de los manjares.

Jahi comenzó a hablar.

Me habló de sí mismo, de sus costumbres, de su forma de entender el mundo. Yo permanecí en silencio, como venía siendo habitual, pero eso no pareció desanimarle en absoluto.

Me explicó que vivía en continuo movimiento, sin un lugar al que llamar hogar, dejando que la naturaleza le proveyera de cuanto necesitaba. Su modo de vida me resultaba extraño, muy lejano... y, al mismo tiempo, fascinante.

Entonces, y para mi sorpresa, me ofreció acompañarle.

Aclaró que podía rechazar su propuesta, o marcharme cuando lo deseara, pero que le agradaría tener compañía en sus viajes.

No supe muy bien por qué acepté. Tal vez porque era la primera persona que, en todo aquel tiempo, había mostrado algún tipo de interés por mí. Tal vez porque, en el fondo, ya no tenía nada que perder.

Y así comenzó nuestro camino juntos.

Los primeros días transcurrieron en silencio. Jahi hablaba, él siempre hablaba, pero yo aún no estaba preparado para responder. Sin embargo, con el paso de las semanas, algo en mí empezó a aflojarse. Poco a poco, comencé a corresponderle, a compartir palabras, pensamientos... fragmentos de lo que quedaba de mí.



#1509 en Otros
#299 en Novela histórica
#1112 en Fantasía
#649 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: historia, inmortal, ficcion

Editado: 30.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.