Valentina despertó sobresaltada.
Había tenido un sueño extraño.
Corría por un bosque oscuro mientras una enorme luna roja iluminaba el cielo. A lo lejos escuchaba un aullido y una voz que repetía su nombre.
—Valentina...
Abrió los ojos.
La habitación estaba completamente oscura.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, intentando recuperar la calma.
Entonces escuchó tres golpes en la puerta.
Toc. Toc. Toc.
—¿Quién es?
Nadie respondió.
Valentina se levantó y encendió la lámpara.
Volvieron a llamar.
Esta vez con más fuerza.
—¿Quién está ahí?
—Soy yo.
Reconoció la voz de Alejandro.
Abrió la puerta.
Él estaba frente a ella con una expresión seria.
—¿Pasó algo?
Alejandro la observó detenidamente.
—Necesito que venga conmigo.
—¿Ahora?
—Sí.
Valentina tomó una chaqueta.
—¿A dónde vamos?
—A un lugar donde estará segura.
—¿Qué ocurrió?
Alejandro no respondió.
Bajaron por una escalera diferente a la que Valentina conocía.
Llegaron a un pasillo oculto detrás de una biblioteca.
Valentina se detuvo.
—¿Desde cuándo existe esto?
—Mucho tiempo.
—¿Y por qué nunca me lo mostró?
Alejandro la miró.
—Porque hasta esta noche no era necesario.
Caminaron por el estrecho pasillo.
Finalmente llegaron a una enorme habitación subterránea.
Valentina se quedó sorprendida.
Había mapas, armas, libros antiguos y varios hombres vestidos de negro.
Todos se inclinaron cuando Alejandro entró.
Valentina los observó.
—¿Quiénes son?
Alejandro respondió:
—Mi guardia.
Uno de los hombres se acercó.
—Mi rey.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Tu rey?
Alejandro permaneció en silencio.
Ella lo miró.
—¿Por qué todos te llaman así?
Antes de que pudiera responder, Darío apareció.
—Tenemos problemas.
Alejandro se volvió.
—Habla.
—Encontramos a uno de los nuestros muerto.
La expresión del rey cambió.
—¿Dónde?
—En el bosque.
—¿Quién lo mató?
Darío negó con la cabeza.
—No lo sabemos.
Alejandro cerró los puños.
—Quiero que encuentren al responsable.
—Ya estamos buscando.
—No es suficiente.
Su voz hizo temblar la habitación.
Valentina observaba todo en silencio.
Cada minuto que pasaba estaba más convencida de que Alejandro escondía una vida completamente diferente.
Entonces uno de los hombres entró corriendo.
—¡Mi rey!
Todos se volvieron.
—Encontramos al intruso.
Alejandro salió inmediatamente.
Valentina lo siguió.
—Usted se queda aquí.
—No.
—Valentina.
—Quiero saber qué está pasando.
Alejandro la miró durante unos segundos.
Finalmente cedió.
—No se separe de mí.
Llegaron a una zona del bosque.
Varios hombres rodeaban a un desconocido.
Era joven, alto y llevaba ropa completamente negra.
Cuando levantó la mirada, sus ojos eran negros.
Alejandro se acercó.
—¿Quién eres?
El desconocido sonrió.
—Sabes perfectamente quién soy.
—Dime tu nombre.
—Lucian.
Los hombres alrededor comenzaron a murmurar.
Alejandro endureció el rostro.
—¿Qué haces en mi territorio?
Lucian miró hacia Valentina.
—Vine por ella.
Alejandro se colocó delante de Valentina.
—No volverás a mirarla.
Lucian soltó una carcajada.
—Así que es cierto.
—¿Qué cosa?
—El gran Rey de los Lobos finalmente tiene una debilidad.
Valentina sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Rey de los Lobos?
Todos quedaron en silencio.
Alejandro cerró los ojos.
Había llegado el momento que tanto había temido.
Valentina lo miró.
—¿Es verdad?
Alejandro no respondió.
—¡Alejandro!
Él finalmente la miró.
Sus ojos comenzaron a cambiar.
De color oscuro pasaron lentamente a un intenso tono dorado.
Los hombres que los rodeaban retrocedieron.
Valentina sintió que le faltaba el aire.
Alejandro dio un paso hacia ella.
—Sí.
Ella negó lentamente con la cabeza.
—No...
—Valentina, puedo explicarlo.
—¿Eres un hombre lobo?
Alejandro sostuvo su mirada.
—Sí.
El silencio fue absoluto.
Valentina dio un paso atrás.
Toda la información comenzó a encajar.
El lobo.
Los ojos.
Los aullidos.
El bosque.
Los hombres que lo llamaban rey.
Los documentos antiguos.
La advertencia.
Todo.
—¿Desde cuándo?
—Desde que nací.
—¿Y nunca pensabas decírmelo?
—Quería protegerte.
—¡Me mentiste!
Alejandro se acercó.
—Nunca te mentí sobre lo que sentía.
Valentina lo miró con los ojos llenos de confusión.
Lucian observaba la escena con una sonrisa.
—Qué hermoso.
Alejandro se volvió hacia él.
—Cállate.
Lucian retrocedió.
—Esto apenas comienza, majestad.
Y antes de que los guardias pudieran atraparlo, su cuerpo comenzó a transformarse.
En cuestión de segundos, un enorme lobo negro apareció frente a ellos.
Valentina quedó paralizada.
Alejandro también se transformó.
Su cuerpo cambió completamente.
Ante ella apareció un gigantesco lobo de pelaje negro y ojos dorados.
Los dos lobos se lanzaron uno contra otro.
El choque fue brutal.
Valentina retrocedió mientras los demás guerreros intentaban protegerla.
Lucian era rápido.
Pero Alejandro era mucho más fuerte.
Finalmente, el Rey consiguió derribarlo.
Lucian volvió a convertirse en humano.
Antes de escapar, miró a Valentina.
—Pregúntale a Alejandro quién fue la primera mujer que llevó su marca.
Alejandro se quedó inmóvil.