La Abogada Del Rey Lobo

Capítulo 6. El enemigo oculto

La noche había caído sobre la mansión Montenegro, pero nadie dormía.

Desde que Valentina había tocado el medallón, algo había cambiado.

Los guardias vigilaban cada entrada de la propiedad. Los lobos recorrían el bosque y Alejandro permanecía en la biblioteca, revisando antiguos documentos que no había abierto en décadas.

Valentina estaba frente a la ventana.

Miraba la luna.

Todavía podía sentir aquella voz en su cabeza.

“El rey deberá elegir entre su corona y su corazón.”

No entendía por qué aquellas palabras le provocaban tanto miedo.

La puerta se abrió.

Alejandro entró.

—¿No puedes dormir?

Valentina negó con la cabeza.

—No.

Él se acercó.

—Yo tampoco.

—¿Qué encontraste?

Alejandro llevaba varios libros antiguos.

—Información sobre el medallón.

Valentina se giró.

—¿Y?

—Perteneció a Elena.

—La primera reina.

—Sí.

Alejandro colocó uno de los libros sobre la mesa.

—Según las historias antiguas, Elena podía comunicarse con los lobos antes de transformarse.

Valentina lo miró sorprendida.

—Yo escuché la voz cuando toqué el medallón.

—Eso significa que tu sangre está despertando más rápido de lo esperado.

—¿Es peligroso?

Alejandro tardó en responder.

—Podría serlo.

Valentina cruzó los brazos.

—No me digas que otra vez quieres enviarme lejos.

—No.

La respuesta sorprendió a Valentina.

—Entonces, ¿qué harás?

Alejandro se acercó.

—Me quedaré contigo.

Valentina bajó la mirada.

—¿Aunque eso signifique perder tu corona?

Alejandro quedó inmóvil.

Ella había mencionado la profecía.

—No permitiré que una profecía decida por nosotros.

—Pero podría hacerse realidad.

—Entonces cambiaremos nuestro destino.

Valentina sonrió débilmente.

—Eso suena muy fácil cuando lo dices tú.

Alejandro la miró.

—No será fácil.

A la mañana siguiente, Valentina salió al jardín.

Necesitaba aire.

Caminó lentamente entre los árboles hasta llegar al límite del bosque.

Recordó la promesa que había hecho.

No entrar sola.

Se detuvo.

Entonces escuchó una voz.

—Valentina.

Se giró.

No había nadie.

—¿Quién está ahí?

Silencio.

Volvió a escucharla.

—Valentina...

Esta vez la voz parecía venir desde el interior del bosque.

Su cuerpo reaccionó antes que su mente.

Dio un paso.

Después otro.

Cuando quiso darse cuenta, había cruzado el límite.

El bosque estaba extrañamente tranquilo.

Valentina comenzó a escuchar sonidos que antes no podía percibir.

El movimiento de las hojas.

Los latidos de pequeños animales.

Incluso la respiración de alguien escondido.

Se detuvo.

—Sé que estás ahí.

Una figura salió detrás de un árbol.

Era Lucian.

Valentina retrocedió.

—¿Qué quieres?

—Hablar.

—No tengo nada que hablar contigo.

—Te equivocas.

Lucian la observó con curiosidad.

—Tu sangre está despertando.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque puedo sentirla.

Valentina intentó mantener la calma.

—¿Quién es el hombre que estaba contigo?

Lucian sonrió.

—Ya lo conoces.

—No.

—Todavía no.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Lucian se acercó.

—Alejandro cree que puede protegerte. Pero no sabe toda la verdad.

—¿Qué verdad?

—La razón por la que tu familia fue separada de los lobos.

Valentina sintió un escalofrío.

—Habla.

Lucian miró hacia la mansión.

—Tu familia no fue expulsada.

—¿Entonces?

—Fue escondida.

—¿De quién?

Lucian sonrió.

—Del verdadero enemigo del rey.

Antes de que pudiera continuar, un fuerte gruñido se escuchó detrás de Valentina.

Alejandro apareció entre los árboles.

Sus ojos brillaban intensamente.

—Aléjate de ella.

Lucian sonrió.

—Sabía que vendrías.

Alejandro se colocó frente a Valentina.

—Te dije que no volverías a acercarte.

—Y yo te dije que esto apenas comienza.

Lucian desapareció entre los árboles.

Alejandro se volvió inmediatamente hacia Valentina.

—¿Estás herida?

—No.

—¿Por qué saliste sola?

—Escuché una voz.

Alejandro cerró los ojos.

—Valentina...

—Me dijo que mi familia fue escondida.

Alejandro quedó inmóvil.

—¿Quién te dijo eso?

—Lucian.

La expresión de Alejandro cambió.

—Tenemos que volver a la casa.

—¿Por qué?

—Porque hay algo que nunca te conté.

Valentina lo siguió.

—¿Qué?

Alejandro caminó en silencio.

Finalmente se detuvo.

—Hace veinticinco años desaparecieron varios miembros de una antigua familia.

Valentina lo miró.

—¿Qué familia?

Alejandro respiró profundamente.

—La tuya.

Ella quedó paralizada.

—Eso no tiene sentido. Mis padres están vivos.

—Tus padres sí.

Alejandro la miró directamente.

—Pero tus abuelos y otros miembros de tu familia desaparecieron.

—¿Qué les ocurrió?

—Nunca encontramos sus cuerpos.

Valentina sintió un nudo en el estómago.

—¿Y tú sabes dónde están?

Alejandro negó con la cabeza.

—No.

—Entonces debemos buscarlos.

—Valentina...

—No voy a dejarlo así.

Alejandro la observó.

Sabía que no conseguiría convencerla de abandonar la investigación.

—Te ayudaré.

Ella lo miró sorprendida.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Aunque pueda ser peligroso?

Alejandro sonrió.

—Especialmente por eso.

Esa misma noche comenzaron a investigar.

Valentina encontró antiguos registros familiares.

Había nombres que no reconocía.

Fechas.

Lugares.

Y una fotografía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.