La Abogada Del Rey Lobo

Capítulo 9. La batalla de los clanes

El bosque quedó en completo silencio.

Frente a la mansión Montenegro, cientos de lobos permanecían ocultos entre los árboles. Sus ojos brillaban en la oscuridad mientras esperaban la orden de su líder.

Nicolás Valdés avanzó unos pasos.

—Entréganos a la mujer y la guerra terminará esta noche.

Alejandro se colocó delante de Valentina.

—No habrá ningún trato.

Nicolás sonrió.

—Entonces perderás tu reino.

Valentina, todavía en su forma de loba plateada, permanecía junto a Alejandro.

Podía sentir el miedo de algunos guerreros, pero también podía sentir algo más.

Determinación.

Una fuerza que parecía crecer dentro de ella.

Nicolás levantó una mano.

—¡Ataquen!

El bosque explotó en movimiento.

Cientos de lobos corrieron hacia la mansión.

Alejandro lanzó un poderoso rugido.

Los guerreros del reino salieron a su encuentro.

La batalla comenzó.

Valentina corrió junto a Alejandro.

Sus movimientos eran rápidos, casi instintivos. No sabía cómo había aprendido a luchar, pero su cuerpo parecía recordar algo que su mente desconocía.

Un lobo enemigo intentó atacarla por la espalda.

Alejandro lo derribó antes de que pudiera tocarla.

Valentina gruñó.

—¡No necesito que me salves!

Alejandro la miró.

—Lo sé.

Entonces otro enemigo apareció.

Esta vez Valentina reaccionó sola.

Se lanzó contra él y consiguió derribarlo.

Alejandro sonrió.

—Eso estuvo mejor.

Valentina volvió a gruñir.

—Concéntrate.

Mientras la batalla avanzaba, Esteban permanecía en lo alto de las escaleras.

Observaba a su hijo.

Por primera vez comprendió que Alejandro había cambiado.

Ya no luchaba solamente para proteger la corona.

Luchaba por proteger a la mujer que amaba.

Darío llegó corriendo.

—Mi rey necesita refuerzos.

Esteban miró el campo de batalla.

—Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque esto no es el verdadero ataque.

Darío frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

Esteban señaló el bosque.

—Nicolás no vino por el reino.

—Entonces, ¿por qué?

Esteban miró hacia Valentina.

—Vino para despertar algo que lleva siglos dormido.

Valentina sintió un extraño dolor en el pecho.

Se detuvo.

Alejandro inmediatamente regresó junto a ella.

—¿Qué ocurre?

Ella respiraba con dificultad.

—No lo sé.

El dolor aumentó.

La luna comenzó a brillar con mayor intensidad.

Valentina escuchó nuevamente aquella voz.

“Busca el lugar donde comenzó todo.”

Cerró los ojos.

Una imagen apareció en su mente.

Una antigua casa.

Un bosque.

Una mujer corriendo.

Y una niña pequeña escondida entre los árboles.

Valentina abrió los ojos.

—Alejandro.

—¿Qué viste?

—Mi familia.

Él quedó inmóvil.

—¿Dónde?

—En este bosque.

Alejandro miró alrededor.

—Eso es imposible.

—No. Estoy segura.

Entonces Valentina comenzó a caminar hacia una zona apartada del bosque.

Alejandro la siguió.

—Espera.

Ella no se detuvo.

Algo la llamaba.

Finalmente llegaron a una enorme roca cubierta de musgo.

Valentina se acercó.

La marca de la luna apareció sobre la piedra.

Alejandro se quedó sorprendido.

—Nunca había visto esto.

Valentina colocó una pata sobre la roca.

La tierra comenzó a temblar.

Una puerta oculta apareció entre las raíces.

Alejandro volvió a su forma humana.

—¿Qué es esto?

Valentina también recuperó su forma humana.

—No lo sé.

La puerta se abrió lentamente.

Un pasadizo descendía hacia las profundidades de la tierra.

Alejandro la miró.

—No sabemos qué hay ahí abajo.

Valentina sostuvo su mirada.

—Por eso tenemos que descubrirlo.

—La batalla continúa afuera.

—Darío puede encargarse.

Alejandro dudó.

Finalmente tomó su mano.

—Vamos juntos.

El pasadizo era antiguo.

Las paredes estaban cubiertas de símbolos.

Valentina reconoció el mismo emblema de la luna que aparecía en los documentos de Alejandro.

—Este símbolo pertenece a mi familia.

Alejandro pasó los dedos sobre una inscripción.

—No solamente a tu familia.

—¿Qué quieres decir?

—También pertenece a la familia real.

Al fondo encontraron una enorme cámara.

En el centro había una estatua.

Era la figura de una mujer con una corona.

Valentina se quedó sin palabras.

Era idéntica a ella.

—Elena —susurró Alejandro.

Debajo de la estatua había una inscripción:

“Cuando la sangre de la reina despierte, el último heredero deberá elegir entre la corona y el amor.”

Valentina miró a Alejandro.

—La profecía.

—Sí.

Pero entonces escucharon pasos.

Alejandro se volvió.

Nicolás apareció en la entrada.

—Sabía que encontrarían este lugar.

Valentina retrocedió.

—¿Nos seguiste?

—No.

Nicolás sonrió.

—Yo hice que vinieran.

Alejandro se transformó inmediatamente.

Nicolás también.

Dos enormes lobos se lanzaron uno contra otro.

Valentina observó la lucha.

Pero algo más llamó su atención.

Detrás de la estatua había una pequeña puerta.

La abrió.

Dentro encontró una caja.

Y sobre ella había una inscripción:

“Para la última descendiente.”

Valentina abrió la caja.

Dentro había una carta.

Comenzó a leerla.

Era de Elena.

La primera reina había dejado un mensaje para su descendiente.

Valentina sintió que las manos le temblaban.

—¿Qué dice? —preguntó Alejandro.

Ella levantó lentamente la mirada.

—Dice que el verdadero enemigo nunca fue Nicolás.

Alejandro se detuvo.




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