La Abogada Del Rey Lobo

Capítulo 16. La noche que cambió todo

Valentina permaneció inmóvil.

La confesión de Alejandro había dejado un silencio pesado en la habitación.

—Tú estabas allí —repitió ella.

Alejandro asintió.

—Sí.

—¿La noche en que asesinaron a mi padre?

—Sí.

Valentina sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Alejandro bajó la mirada.

—Porque prometí protegerte.

—¡No necesitaba que me protegieras con mentiras!

Su voz se quebró.

Alejandro quiso acercarse, pero ella retrocedió.

—No me toques.

Él se detuvo.

Damián observaba desde la puerta con una sonrisa.

—Por fin estás empezando a entender quién es realmente.

Alejandro lo miró con furia.

—Tú no sabes nada.

—Sé más que tú.

Valentina se volvió hacia Damián.

—Entonces habla.

Alejandro negó.

—No lo escuches.

—Quiero la verdad.

Damián sonrió.

—Hace treinta años, tu padre descubrió que Esteban estaba negociando con los antiguos.

Valentina abrió los ojos.

—¿Mi abuelo?

—Sí.

—¿Para qué?

—Para conservar el poder de la familia Montenegro.

Alejandro intervino:

—Eso no fue así.

Damián lo miró.

—Tú estabas allí. Dile la verdad.

Alejandro cerró los ojos.

Valentina esperó.

Finalmente él habló.

—Tu padre descubrió que Esteban quería utilizar el poder de Elena para controlar a todos los clanes.

—¿Y tú qué hiciste?

—Intenté detenerlo.

—¿Lo lograste?

Alejandro negó.

—No.

Valentina sintió que le faltaba el aire.

—¿Entonces quién mató a mi padre?

Damián respondió:

—Esteban.

Alejandro lo miró.

—No tienes pruebas.

Damián sonrió.

—Tú las tienes.

Todos quedaron en silencio.

—¿Dónde? —preguntó Valentina.

Damián señaló a Alejandro.

—En su memoria.

Alejandro cerró los ojos.

Por un instante regresó a aquella noche.

La lluvia caía sobre el bosque.

Él tenía apenas unos años de haber asumido el poder.

Había encontrado al padre de Valentina herido junto a un antiguo altar.

—Alejandro...

El hombre apenas podía hablar.

—Tienes que llevarte a mi familia.

—¿Quién hizo esto?

—Esteban.

Un ruido apareció entre los árboles.

Esteban salió de las sombras.

—No llegarás a tiempo.

Alejandro se transformó.

Pero antes de poder atacar, Esteban lanzó un golpe que lo derribó.

El padre de Valentina intentó levantarse.

Esteban se acercó.

—Debiste permanecer callado.

Alejandro intentó levantarse.

—¡Déjalo!

Esteban no se detuvo.

Un instante después, el hombre cayó al suelo.

Muerto.

Alejandro rugió.

Pero Esteban desapareció entre los árboles.

Alejandro abrió los ojos.

Valentina lo observaba.

—Lo viste.

Él asintió.

—Sí.

—Entonces era verdad.

—Sí.

Valentina se llevó una mano al rostro.

—Toda mi vida pensé que había muerto por accidente.

—Lo siento.

Ella lo miró.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque después de aquella noche, Esteban me hizo prometer que mantendría tu identidad en secreto.

—¿Y tú aceptaste?

—Sí.

—¿Por qué?

Alejandro la miró con tristeza.

—Porque tu madre estaba embarazada de ti.

Valentina quedó completamente sorprendida.

—¿Mi madre estaba embarazada?

—Sí.

—¿Y tú lo sabías?

—Sí.

—Entonces sabías que yo existía antes de que naciera.

—Sí.

Valentina comenzó a llorar.

—¿Por qué nadie me contó nada?

Alejandro se acercó lentamente.

Esta vez ella no retrocedió.

—Porque todos tenían miedo de que te encontraran.

Valentina levantó la mirada.

—¿Quiénes?

—Los antiguos.

De repente, las paredes del castillo comenzaron a temblar.

Isabela miró hacia las ventanas.

—Algo está pasando.

Damián perdió la sonrisa.

—Ya comenzó.

—¿Qué? —preguntó Valentina.

Damián miró hacia el cielo.

—El sello se rompió.

Un enorme rugido atravesó el castillo.

Los antiguos habían despertado.

Alejandro tomó la mano de Valentina.

—Tenemos que salir.

Pero Isabela negó.

—No podemos.

—¿Por qué?

—Porque el castillo está cerrado.

Un segundo rugido hizo temblar las paredes.

Una grieta apareció en el suelo.

De ella comenzó a salir una niebla negra.

Valentina sintió que algo la llamaba.

La marca de su frente volvió a aparecer.

—Están buscando mi sangre.

Alejandro se colocó delante de ella.

—No permitiré que te encuentren.

Valentina negó.

—No.

Él la miró.

—¿Qué?

—Esta vez no voy a esconderme.

Sus ojos se volvieron dorados.

—Si quieren mi sangre, tendrán que venir por mí.

Isabela sonrió.

—Ahora sí estás lista.

Damián observó a Valentina con una expresión diferente.

Por primera vez parecía preocupado.

—No sabes lo que estás despertando.

Valentina respondió:

—Entonces aprenderé.

Las puertas del castillo se abrieron violentamente.

Un ejército de criaturas oscuras apareció en el patio.

Alejandro se transformó.

Isabela hizo lo mismo.

Valentina respiró profundamente.

Su cuerpo comenzó a cambiar.

Pero antes de transformarse, escuchó una voz.

La voz de Elena.

“No luches contra ellos.”

Valentina cerró los ojos.

“Recuerda quién eres.”

Cuando los abrió, una luz plateada cubría su cuerpo.

Una poderosa energía salió de ella.

Las criaturas comenzaron a retroceder.

Alejandro la observó sorprendido.

—Valentina...

Ella levantó la cabeza.

—No tengo miedo.

Entonces todos los antiguos se arrodillaron.

Incluso Damián.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.