El valle quedó completamente en silencio.
No era un silencio normal.
Ni siquiera el viento se atrevía a cruzar entre los árboles. Los lobos habían dejado de gruñir. Los guerreros permanecían inmóviles, mirando la enorme grieta que se había abierto en la tierra.
Desde las profundidades surgía una luz dorada.
Y aquellos ojos...
Aquellos ojos eran demasiado grandes para pertenecer a cualquier criatura que Valentina hubiera conocido.
—Mamá... —susurró.
Su madre la tomó del brazo.
—No te acerques.
Valentina la miró confundida.
—¿Qué es?
La mujer respiró profundamente.
—El primero.
Alejandro avanzó hasta colocarse delante de Valentina.
—¿El Primer Rey?
Su madre asintió.
—Mucho antes de que existieran nuestros clanes, antes de los reyes lobo y antes de las guerras entre las familias, existió una criatura que gobernaba este territorio.
Esteban palideció.
Por primera vez desde que Valentina lo conocía, el antiguo rey parecía verdaderamente asustado.
—No puede ser —murmuró.
Isabela se acercó.
—¿Tú sabías de esto?
Esteban no respondió.
Alejandro lo tomó del cuello de la camisa.
—¡Habla!
Esteban levantó lentamente la mirada hacia la grieta.
—Pensé que el sello había desaparecido con la primera reina.
La madre de Valentina negó con la cabeza.
—Elena no lo destruyó.
—Entonces, ¿qué hizo? —preguntó Valentina.
Su madre la miró directamente a los ojos.
—Lo encerró.
Un estruendo hizo temblar el valle.
La grieta se abrió todavía más.
Una mano gigantesca emergió de la tierra.
Tenía la apariencia de una mano humana, pero estaba cubierta por una especie de armadura natural de color negro y dorado. Cada movimiento provocaba que las piedras rodaran por las laderas.
Los lobos retrocedieron.
Algunos cayeron de rodillas.
Otros huyeron.
Valentina sintió que su corazón comenzaba a latir con fuerza.
No sentía miedo.
Sentía algo diferente.
Una especie de reconocimiento.
Como si aquella criatura la estuviera llamando.
—Valentina —dijo Alejandro—. Mírame.
Ella giró la cabeza.
Los ojos de Alejandro estaban llenos de preocupación.
—No escuches esa voz.
—¿Tú también la escuchas?
Alejandro permaneció en silencio.
Entonces Valentina comprendió.
Sí.
Todos podían escucharla.
Una voz profunda recorrió el valle.
—Hija de Elena...
Valentina sintió un escalofrío.
Su madre cerró los ojos.
—No.
La voz volvió a escucharse.
—Descendiente de la primera reina...
La tierra volvió a temblar.
La enorme cabeza de la criatura comenzó a aparecer entre las rocas.
Su rostro parecía humano, pero sus ojos eran dorados y antiguos.
Demasiado antiguos.
—Finalmente has regresado.
Valentina dio un paso hacia adelante.
Alejandro intentó detenerla.
—No.
Ella sostuvo su mano.
—No voy a huir.
—No sabemos qué quiere.
—Entonces tenemos que preguntárselo.
La criatura abrió lentamente la boca.
—Tú tienes mi sangre.
Valentina se quedó inmóvil.
—¿Mi sangre?
Su madre palideció.
—No puede ser...
El Primer Rey sonrió.
—Tu antepasada tomó parte de mi poder y lo convirtió en su propia sangre. Elena no era completamente humana.
Valentina sintió que todo lo que creía conocer comenzaba a desmoronarse.
—¿Entonces qué soy?
La criatura la observó.
—La última llave.
Un murmullo recorrió al grupo.
Isabela se colocó junto a su hermana.
—No estás sola.
Damián, que hasta ese momento había permanecido en silencio, dio un paso hacia adelante.
Sus ojos rojos brillaron.
—Ahora entiendo.
Alejandro lo miró con desconfianza.
—¿Qué entiendes?
Damián señaló a Valentina.
—Por eso los ancianos la protegieron. Por eso Elena dejó la profecía. Y por eso Esteban intentó controlar su destino.
Esteban apretó los puños.
—Cállate.
Damián sonrió.
—Tú sabías que si ella despertaba, él regresaría.
Valentina miró a Esteban.
—¿Es verdad?
El antiguo rey no respondió.
—¡Te hice una pregunta!
Esteban bajó la cabeza.
—Sí.
Alejandro se volvió hacia su padre.
—¿Desde cuándo?
—Desde antes de que nacieras.
El silencio fue absoluto.
Esteban continuó:
—Los antiguos descubrieron que la sangre de Elena podía abrir el sello. Por eso tu madre protegió a Valentina. Por eso yo intenté mantenerla lejos de este mundo.
Valentina sintió una mezcla de rabia y confusión.
—¿Mantenerme lejos?
—Sí.
—¿Después de matar a mi padre?
Esteban cerró los ojos.
Alejandro dio un paso hacia él.
—No vuelvas a justificarte.
Pero entonces el Primer Rey habló.
—El hombre que mató a tu padre creyó que podía controlar la sangre de Elena.
Valentina levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Tu padre conocía la verdad.
La respiración de Valentina se detuvo.
—¿Mi padre sabía quién era yo?
—Sabía que eras diferente.
Alejandro apretó la mano de Valentina.
Ella sintió su apoyo.
Pero no apartó los ojos del Primer Rey.
—¿Por qué me llamaste?
La criatura se inclinó lentamente hacia ella.
—Porque el mundo de los lobos está llegando a su final.
Todos quedaron paralizados.
—Los reyes han convertido el poder en guerra. Los clanes han convertido la sangre en una corona. Los antiguos han esperado demasiado tiempo.
Sus ojos dorados se clavaron en Alejandro.
—Y tú eres el último rey.
Alejandro levantó la barbilla.
—No entregaré mi reino.
El Primer Rey soltó una especie de risa profunda.
—No quiero tu reino.
Después miró a Valentina.
—Quiero que ella decida quién merece gobernarlo.