El rugido del Primer Rey atravesó el valle.
La montaña entera pareció responder.
Los árboles se doblaron por la fuerza del viento y una lluvia de piedras cayó desde las laderas. Los guerreros de Alejandro apenas tuvieron tiempo de cubrirse antes de que las criaturas antiguas salieran de las profundidades.
Eran cientos.
Algunas caminaban sobre dos piernas.
Otras avanzaban como enormes lobos negros.
Algunas tenían alas cubiertas de escamas y descendían desde las montañas.
Sus ojos brillaban con un intenso color dorado.
Darío levantó su espada.
—¡Todos juntos!
Los guerreros corrieron.
El primer choque fue brutal.
Garras contra espadas.
Colmillos contra escudos.
Los aullidos de los lobos se mezclaron con los gritos de los hombres.
Alejandro se transformó.
Su enorme lobo negro saltó sobre una de las criaturas y la derribó contra el suelo.
Otra se lanzó sobre él.
Alejandro rodó, evitó las garras y clavó sus colmillos en el cuello de la criatura.
Pero antes de poder terminar, tres más aparecieron detrás.
—¡ALEJANDRO! —gritó Valentina.
Ella se transformó.
Su cuerpo se cubrió de un resplandor plateado.
La enorme loba blanca apareció en medio del campo de batalla.
Saltó.
Golpeó a una criatura.
Después a otra.
La tercera salió despedida varios metros.
Alejandro se colocó a su lado.
Ambos gruñeron al mismo tiempo.
Por un instante parecieron una sola criatura.
Una fuerza imparable.
Pero entonces el Primer Rey levantó una mano.
El suelo explotó.
Una onda de energía oscura lanzó a Alejandro por los aires.
—¡ALEJANDRO!
Valentina corrió hacia él.
Una criatura apareció frente a ella.
La golpeó con tanta fuerza que la hizo atravesar varios árboles.
Valentina cayó sobre la tierra.
Intentó levantarse.
Le dolía todo el cuerpo.
Una línea de sangre apareció en su frente.
La criatura se acercó.
Levantó una enorme garra.
Valentina cerró los ojos.
Un rugido estremeció el valle.
Isabela apareció frente a ella.
Sus ojos plateados brillaron.
—¡NO LA TOQUES!
La criatura quedó paralizada.
Isabela extendió ambas manos.
—¡Arrodíllate!
La criatura comenzó a temblar.
Pero no cayó.
Isabela abrió los ojos con sorpresa.
—No puedo...
La criatura rompió el control.
La golpeó en el pecho.
Isabela salió despedida.
—¡ISABELA!
Valentina corrió hacia su hermana.
Pero antes de llegar, otra criatura la atacó.
Valentina levantó los brazos.
Las garras chocaron contra una barrera dorada.
La barrera comenzó a quebrarse.
Una grieta.
Después otra.
Valentina apretó los dientes.
—No...
La barrera explotó.
Valentina salió disparada y cayó de rodillas.
El Primer Rey la observaba.
—Tu poder todavía es pequeño.
Valentina levantó lentamente la cabeza.
—Entonces tendré que hacerlo crecer.
Sus ojos cambiaron.
Dorado.
Completamente dorado.
El suelo comenzó a vibrar.
Las criaturas antiguas se detuvieron.
Todas.
Incluso aquellas que estaban atacando a Alejandro.
El Primer Rey dejó de sonreír.
—No.
Valentina se levantó.
Su cuerpo comenzó a emitir una luz blanca.
—Tú dijiste que mi sangre era la llave.
Extendió una mano.
—Entonces ahora voy a decidir qué abre.
Una explosión de energía atravesó el valle.
Decenas de criaturas fueron derribadas.
Los guerreros de Alejandro aprovecharon el momento y avanzaron.
Darío hundió su espada en el pecho de una de ellas.
—¡Por el rey!
Los lobos respondieron con un poderoso aullido.
La batalla volvió a comenzar.
Pero esta vez los antiguos no atacaban únicamente a los lobos.
Atacaban a Valentina.
El Primer Rey había dado la orden.
—Mátenla.
Cientos de criaturas se lanzaron hacia ella.
Alejandro llegó primero.
Se transformó nuevamente y comenzó a abrirse paso entre ellas.
Una criatura le clavó las garras en el costado.
Alejandro rugió.
Otra lo golpeó en la mandíbula.
Él cayó.
—¡ALEJANDRO!
Valentina corrió hacia él.
Una criatura enorme se interpuso.
Valentina saltó sobre su espalda y la golpeó repetidamente.
La criatura cayó.
Pero inmediatamente otras cuatro aparecieron.
Alejandro se levantó con dificultad.
La sangre cubría su pelaje.
—Valentina...
Ella lo miró.
—¿Estás herido?
—Nada que no pueda soportar.
—Estás sangrando.
Alejandro volvió a su forma humana.
—Tú también.
Valentina tocó la sangre de su frente.
—No importa.
Alejandro la tomó del rostro.
—Para mí sí.
Ella lo besó rápidamente.
—Entonces sobrevive.
Alejandro sonrió.
—Tú primero.
Un rugido interrumpió el momento.
El Primer Rey había comenzado a avanzar.
Cada paso suyo hacía temblar la tierra.
Los antiguos se apartaron.
Incluso ellos parecían temerle.
Alejandro se colocó frente a Valentina.
—Quédate atrás.
—No.
—Valentina...
—No pienso dejar que pelees solo.
Alejandro la miró durante unos segundos.
Después asintió.
—Entonces juntos.
Ambos se transformaron.
El lobo negro y la loba blanca corrieron directamente hacia el Primer Rey.
El impacto fue devastador.
Alejandro atacó por la izquierda.
Valentina por la derecha.
El Primer Rey bloqueó a ambos con sus brazos.
Los lanzó contra el suelo.
Alejandro se levantó y volvió a atacar.
La criatura lo tomó por el cuello.
Lo levantó del suelo.
Valentina sintió que el miedo le atravesaba el corazón.
—¡SUÉLTALO!