La Abogada Del Rey Lobo

CAPÍTULO 20 EL GUARDIÁN DEL ABISMO

El Primer Rey dejó de sonreír.

Por primera vez, Valentina comprendió que aquella criatura no era invencible.

Podía tener un poder inmenso.

Podía haber vivido durante miles de años.

Pero también podía tener miedo.

Y ese miedo tenía un nombre.

Elena.

—¿Qué estás ocultando? —preguntó Valentina.

El Primer Rey permaneció en silencio.

—Conociste a Elena. Sabes lo que hizo. Sabes por qué logró encerrarte.

La criatura levantó lentamente la mirada.

—No fue Elena quien me derrotó.

Valentina frunció el ceño.

—Entonces, ¿quién?

El Primer Rey señaló hacia el cielo.

Las nubes comenzaron a abrirse.

La segunda luna seguía allí, cada vez más roja.

—Ella no estaba sola.

La madre de Valentina palideció.

—No...

Esteban dio un paso atrás.

—Es imposible.

Damián lo miró.

—Tú también lo sabes.

—¡Cállate!

—Sabes perfectamente quién estaba con Elena aquella noche.

Valentina miró a ambos.

—Hablen.

Nadie respondió.

Alejandro se colocó junto a ella.

—Mi padre.

Esteban cerró los ojos.

—No.

Alejandro lo miró fijamente.

—¿Tú estabas allí?

Esteban tardó unos segundos en responder.

—Sí.

El rostro de Valentina cambió.

—¿La noche en que Elena encerró al Primer Rey?

Esteban asintió.

—Yo era joven. Todavía no era rey.

—¿Y qué viste?

Esteban miró hacia la enorme criatura.

—Vi a Elena enfrentarse a él.

—¿Y después?

—Ella utilizó su sangre para cerrar el portal.

Valentina esperaba la respuesta.

—Pero no fue suficiente —continuó Esteban—. El Primer Rey comenzó a romper el sello.

—¿Qué ocurrió entonces?

Esteban miró a Alejandro.

—Alguien tuvo que quedarse dentro.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Quién?

Esteban no respondió.

Fue el Primer Rey quien habló.

—El verdadero guardián.

El viento se detuvo.

Una figura apareció detrás de la criatura.

Era enorme.

Mucho más grande que cualquier lobo.

Tenía el cuerpo cubierto de sombras y una corona de hueso sobre la cabeza.

Sus ojos eran blancos.

No dorados.

Blancos.

Valentina sintió que las piernas comenzaban a temblarle.

—¿Quién es?

La madre de Valentina comenzó a llorar.

—El hermano de Elena.

Valentina la miró sorprendida.

—¿Elena tenía un hermano?

—Sí.

La criatura abrió los ojos.

Y entonces habló.

—Mi nombre es Gabriel.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Por qué nunca me hablaron de él?

Su madre bajó la mirada.

—Porque murió para protegernos.

Gabriel dio un paso adelante.

La tierra tembló.

—No morí.

Todos retrocedieron.

—Fui condenado.

El Primer Rey levantó la mano.

—Él fue mi guardián durante siglos.

Gabriel lo miró.

—Y tú rompiste el pacto.

—El mundo cambió.

—No.

Gabriel observó a Valentina.

—El mundo cambió porque ella nació.

Valentina dio un paso adelante.

—¿Qué quieres de mí?

Gabriel la miró directamente.

—Nada.

Después miró al Primer Rey.

—Quiero detenerlo.

El Primer Rey rugió.

El sonido fue tan poderoso que todos cayeron al suelo.

Las montañas comenzaron a agrietarse.

—¡ATAQUEN! —gritó Alejandro.

Los lobos corrieron.

Las criaturas antiguas respondieron.

El valle volvió a convertirse en un infierno.

Alejandro se transformó y atacó al Primer Rey.

Valentina corrió detrás de él.

Isabela utilizó su poder para controlar a los antiguos que todavía estaban bajo el dominio del enemigo.

Damián se lanzó contra las criaturas que intentaban rodearlas.

Darío y los guerreros luchaban desesperadamente para mantener abierta una ruta de escape.

Pero el Primer Rey era demasiado poderoso.

Con un solo movimiento lanzó a Alejandro contra una montaña.

—¡ALEJANDRO!

Valentina corrió hacia él.

Lo encontró tirado entre las piedras.

Tenía los ojos cerrados.

—No...

Se arrodilló.

—Alejandro.

Nada.

—Alejandro, despierta.

Ella le tomó el rostro.

—Por favor.

Sus ojos se abrieron lentamente.

—Te dije...

Tosió.

—...que sobrevivirías.

Valentina comenzó a llorar.

—No vuelvas a asustarme así.

Alejandro sonrió débilmente.

—Entonces ayúdame a levantarme.

Valentina lo abrazó.

Pero una sombra cayó sobre ellos.

El Primer Rey.

—El amor.

Los observó.

—Siempre ha sido la debilidad de los humanos.

Alejandro se puso delante de Valentina.

—Ella no es débil.

El Primer Rey levantó una mano.

—Entonces demuéstramelo.

Una onda de energía salió disparada.

Valentina levantó ambas manos.

La detuvo.

El suelo bajo sus pies comenzó a hundirse.

Alejandro la sostuvo por la cintura.

—¡No lo hagas sola!

—No puedo detenerlo.

—Sí puedes.

—¡No!

Valentina gritó.

—¡No soy Elena!

El Primer Rey se detuvo.

Valentina respiró profundamente.

—Y no voy a terminar como ella.

Entonces recordó las palabras que Elena le había dejado.

No naciste para obedecer a un rey.

Valentina cerró los ojos.

No naciste para repetir mi historia.

Una nueva energía recorrió su cuerpo.

Pero esta vez no era solamente su poder.

Era el poder de Isabela.

El poder de su madre.

El poder de sus abuelos.

El poder de los antiguos que habían decidido liberarse.

Y también el de Alejandro.

Todos ellos estaban conectados.

Valentina abrió los ojos.

Su cuerpo quedó envuelto en una luz blanca.

El Primer Rey retrocedió.

—¿Qué hiciste?

Valentina levantó la cabeza.




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