La Abogada Del Rey Lobo

CAPÍTULO 21 EL TRAIDOR

Nicolás permanecía de pie entre las sombras.

Sus ojos dorados brillaban con una intensidad que no pertenecía a ningún lobo.

Valentina sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

—Nicolás...

Él sonrió.

—Por fin lo entiendes.

Alejandro se colocó inmediatamente delante de Valentina.

—Aléjate de ella.

Nicolás soltó una carcajada.

—Siempre haciendo lo mismo, Alejandro. Protegiéndola.

—No voy a permitir que la toques.

—Eso es exactamente lo que necesitaba.

Nicolás levantó una mano.

El suelo comenzó a abrirse alrededor de Alejandro.

Valentina intentó acercarse, pero una fuerza invisible la lanzó hacia atrás.

—¡Alejandro!

—¡Valentina, no te acerques!

Una sombra envolvió al rey.

Alejandro rugió y se transformó.

Su enorme lobo negro intentó romperla con sus garras.

Nada.

La sombra se hizo más fuerte.

Nicolás observaba satisfecho.

—El vínculo entre ustedes es extraordinario.

Valentina lo miró con furia.

—¿Qué hiciste?

—Nada que no estuviera destinado a suceder.

Damián apareció junto a Valentina.

—No le creas.

Nicolás lo miró.

—Tú deberías ser el último en hablar de traiciones.

Damián apretó los puños.

—Yo quería el poder.

—Y yo quiero algo mucho más importante.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué?

Nicolás la señaló.

—Tu sangre.

El Primer Rey permanecía inmóvil.

Pero una sonrisa comenzó a aparecer en su rostro.

Valentina lo comprendió.

—Tú estabas trabajando con él.

Nicolás negó lentamente.

—No.

—Entonces, ¿por qué sonríe?

Nicolás miró al Primer Rey.

—Porque él nunca fue mi amo.

El Primer Rey habló:

—Nicolás es descendiente del primer guardián.

Damián abrió los ojos.

—No...

Gabriel dio un paso adelante.

—Eso es imposible.

Nicolás lo miró.

—¿Por qué?

Gabriel permaneció inmóvil.

—Porque tu linaje fue destruido.

Nicolás sonrió.

—Eso fue lo que todos creyeron.

Valentina sintió un escalofrío.

—Entonces todo lo que ocurrió...

—Fue planeado.

Nicolás comenzó a caminar hacia ella.

—La guerra entre los clanes. La llegada de Esteban. El despertar de los antiguos. Incluso el conflicto entre tú y Alejandro.

Alejandro rugió desde el interior de la sombra.

Nicolás continuó:

—Todo tenía un propósito.

Valentina negó con la cabeza.

—No.

—Sí.

—¿Quién mató a mi padre?

Nicolás guardó silencio.

Valentina insistió.

—¡¿Quién?!

Nicolás sonrió.

—Esteban lo mató.

Valentina respiró profundamente.

—Eso ya lo sé.

—Pero no lo hizo por voluntad propia.

Esteban levantó la cabeza.

—¡Cállate!

Nicolás lo miró.

—Diles la verdad.

Esteban permaneció inmóvil.

Alejandro volvió a su forma humana dentro de la sombra.

—Padre...

Esteban cerró los ojos.

—Yo recibí una orden.

Valentina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—¿De quién?

Esteban miró a Nicolás.

—De él.

El silencio fue absoluto.

Alejandro se quedó paralizado.

—¿Tú ordenaste la muerte de mi padre?

Nicolás negó.

—No.

Señaló al Primer Rey.

—Él lo hizo.

Valentina miró a la criatura.

El Primer Rey no negó nada.

—Tu padre descubrió la verdad —dijo—. Descubrió que tú no eras solamente descendiente de Elena.

Valentina sintió que todo el cuerpo le temblaba.

—¿Entonces qué soy?

El Primer Rey respondió:

—La descendiente de dos linajes.

Valentina miró a su madre.

Ella comenzó a llorar.

—Valentina...

—Dímelo.

Su madre cerró los ojos.

—Tu padre no era un humano común.

Valentina quedó inmóvil.

—¿Quién era?

La mujer respiró profundamente.

—Era descendiente del primer guardián.

Gabriel levantó la cabeza.

—Entonces...

Miró a Valentina.

—Ella es la unión de los dos linajes.

El Primer Rey sonrió.

—Exactamente.

Valentina comprendió.

Su sangre no solamente podía despertar el poder.

Podía unirlo.

Elena había heredado una parte del poder del Primer Rey.

Su padre descendía de quienes habían sido sus guardianes.

Y ella llevaba ambas sangres.

—Por eso me necesitabas.

Nicolás asintió.

—Tu sangre puede abrir la puerta que nadie ha podido abrir durante miles de años.

—¿Qué hay detrás?

Nicolás sonrió.

—El verdadero reino.

Damián se acercó.

—No sabes lo que estás haciendo.

Nicolás lo miró.

—¿Y tú sí?

—Sí.

Damián levantó la voz.

—Si abres esa puerta, no podrás controlarlo.

Nicolás soltó una carcajada.

—No necesito controlarlo.

Miró a Valentina.

—Solo necesito que ella la abra.

Valentina apretó los puños.

—Nunca.

Nicolás levantó una mano.

La sombra alrededor de Alejandro se cerró todavía más.

Alejandro cayó de rodillas.

—¡ALEJANDRO!

—Abre la puerta —dijo Nicolás.

—No.

—Entonces él morirá.

Valentina miró a Alejandro.

Él apenas podía respirar.

—No lo hagas —dijo él.

—Pero...

—No.

Nicolás sonrió.

—Tienes una elección.

Valentina cerró los ojos.

Recordó todo.

A su padre.

A su madre.

A Isabela.

A Alejandro.

A Elena.

Toda su vida había sido manipulada por personas que habían decidido por ella.

Reyes.

Clanes.

Ancianos.

Familiares.

Todos habían querido utilizar su sangre.

Pero había una cosa que ninguno había entendido.

Valentina no era una llave.

Era quien decidía si la puerta se abría.

Abrió los ojos.

—Está bien.

Alejandro la miró horrorizado.

—¡No!

Valentina levantó lentamente las manos.




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