La Abogada Del Rey Lobo

CAPÍTULO 23 EL HOMBRE DE LA CORONA DE HUESOS

La figura salió lentamente del portal.

Cada paso hacía vibrar la tierra.

Llevaba una corona formada por huesos oscuros y una larga capa negra que parecía moverse por sí sola. Su rostro era humano, pero sus ojos no lo eran.

Eran completamente dorados.

Valentina no podía apartar la mirada.

—¿Tú conociste a mi padre?

El hombre sonrió.

—Lo conocí mejor de lo que imaginas.

Alejandro se colocó delante de Valentina.

—Da un paso más y te arrepentirás.

El desconocido lo observó.

—Sigues teniendo el mismo carácter que tu padre.

Alejandro quedó inmóvil.

—¿Conociste a mi padre también?

—Sí.

—¿Quién eres?

El hombre no respondió.

En cambio, miró al Primer Rey.

Por primera vez, aquella criatura retrocedió.

Valentina lo notó.

—Tú le tienes miedo.

El Primer Rey rugió:

—¡No sabes lo que estás diciendo!

—Sí lo sé.

Valentina avanzó un paso.

—Todos ustedes me han mentido.

Miró a Esteban.

—Mi padre.

Después a su madre.

—Elena.

Finalmente, al hombre de la corona.

—Y ahora tú.

El desconocido sonrió.

—Tu padre quería protegerte.

—¿De ti?

—De todos.

Valentina sintió un nudo en la garganta.

—Entonces dime la verdad.

El hombre levantó una mano.

El portal detrás de él comenzó a cerrarse.

Las criaturas antiguas quedaron atrapadas del otro lado.

Nicolás gritó:

—¡No!

Corrió hacia el portal.

Pero una fuerza invisible lo lanzó contra el suelo.

—¡¿Qué haces?! —rugió.

El hombre lo miró.

—Ya no te necesito.

Nicolás abrió los ojos.

—¡Me prometiste el reino!

—Y tú me entregaste lo que necesitaba.

Valentina comprendió.

—Mi sangre.

El hombre asintió.

—Exactamente.

Alejandro atacó.

Se transformó en pleno salto.

Su enorme lobo negro se lanzó contra el desconocido.

Pero este levantó una sola mano.

Alejandro quedó suspendido en el aire.

Valentina gritó:

—¡ALEJANDRO!

El hombre cerró el puño.

Alejandro cayó violentamente contra el suelo.

Valentina corrió hacia él.

—¡No!

El desconocido volvió a mirar a Valentina.

—Ahora entiendes por qué tu padre tenía miedo.

Valentina ayudó a Alejandro a levantarse.

—No tengo miedo.

—Todavía.

Valentina se transformó.

La loba blanca apareció frente a él.

Sus ojos dorados brillaban con furia.

—Tú mataste a mi padre.

El hombre permaneció tranquilo.

—No.

Valentina gruñó.

—¡No me mientas!

—Yo di la orden.

El mundo pareció detenerse.

Alejandro levantó la mirada.

Esteban cerró los ojos.

La madre de Valentina comenzó a llorar.

—¿Por qué?

El hombre miró a Valentina.

—Porque tu padre descubrió quién eras.

—¿Y eso justificaba matarlo?

—No quería matarlo.

Valentina se quedó inmóvil.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste?

—Porque él eligió enfrentarse a mí.

—¿Y tú lo mataste?

—Sí.

La respuesta fue fría.

Directa.

Sin arrepentimiento.

Valentina sintió que una furia desconocida recorría todo su cuerpo.

La tierra comenzó a agrietarse bajo sus patas.

Alejandro intentó detenerla.

—Valentina.

Ella no respondió.

—Valentina, mírame.

Sus ojos dorados se encontraron con los de él.

—Él mató a mi padre.

—Lo sé.

—Quiero matarlo.

Alejandro sostuvo su mirada.

—Entonces no lo hagas por venganza.

Valentina respiró profundamente.

El hombre de la corona sonrió.

—Eso fue exactamente lo que esperaba.

Valentina lo miró.

—¿Qué?

—Que perdieras el control.

La sonrisa desapareció de su rostro.

—Porque si pierdes el control, tu sangre hará el resto.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

El hombre extendió los brazos.

—Mírate.

La luz dorada comenzó a cubrir el cuerpo de Valentina.

—Tu sangre está despertando.

Valentina cayó de rodillas.

—¡No!

Alejandro corrió hacia ella.

—¡Valentina!

La abrazó.

—Estoy aquí.

Ella comenzó a temblar.

—No puedo detenerlo.

—Sí puedes.

—¡No puedo!

Su voz se convirtió en un rugido.

La energía salió disparada.

Alejandro salió despedido.

—¡ALEJANDRO!

La luz cubrió todo el valle.

Isabela cayó al suelo.

Damián tuvo que cubrirse el rostro.

Esteban gritó:

—¡No dejen que despierte completamente!

La madre de Valentina lo miró.

—¿Qué hiciste?

—¡Yo no hice nada!

—¡Tú sabías que esto podía ocurrir!

Esteban no respondió.

Valentina levantó la cabeza.

Su cuerpo comenzó a cambiar.

Su pelaje blanco adquirió reflejos dorados.

Sus ojos se volvieron completamente luminosos.

Y una marca apareció sobre su pecho.

La misma marca que tenía su padre.

El hombre de la corona la observó satisfecho.

—Por fin.

Damián comprendió.

—Él no quería abrir el portal.

Todos lo miraron.

—Quería que Valentina lo abriera.

El hombre sonrió.

—Exactamente.

Damián continuó:

—Y ahora que su sangre está completamente despierta...

El Primer Rey retrocedió.

—Tenemos que detenerla.

Valentina escuchó aquellas palabras.

Su mirada cambió.

—¿Detenerme?

El Primer Rey se arrodilló.

—No.

La criatura levantó las manos.

—Protegerte.

Valentina volvió lentamente a su forma humana.

—¿Protegerme de qué?

El Primer Rey miró hacia el portal.

—De lo que viene.

Todos quedaron en silencio.

Entonces el cielo se oscureció.

La luna desapareció.

Una enorme sombra cubrió las montañas.

El hombre de la corona dejó de sonreír.




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