La Abogada Del Rey Lobo

CAPÍTULO 28 EL ORIGEN DE LA SANGRE

La criatura terminó de salir de las profundidades.

Valentina retrocedió un paso.

No por miedo.

Por la sensación que provocaba su presencia.

Era enorme, pero no tenía la apariencia de un lobo.

Su cuerpo parecía formado por sombras y luz al mismo tiempo. Sobre su piel aparecían símbolos dorados que cambiaban constantemente, como si estuvieran vivos.

Sus ojos eran dorados.

Los mismos ojos que Valentina había visto en sus propias transformaciones.

La criatura la observó.

—Finalmente.

Valentina apretó la mano de Daniel.

—¿Quién eres?

La criatura sonrió.

—La pregunta correcta es quién eres tú.

Alejandro se colocó frente a Valentina.

—No te acerques.

La criatura lo miró.

—El último rey.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Cómo sabes quién soy?

—Conozco a todos los que llevan tu sangre.

La criatura levantó una mano.

Una corriente de energía atravesó el salón.

Alejandro cayó de rodillas.

—¡Alejandro!

Valentina corrió hacia él.

—Estoy bien.

Pero su voz era débil.

Valentina se volvió furiosa.

Sus ojos cambiaron.

—No vuelvas a tocarlo.

La criatura sonrió.

—Ahí está.

—¿Qué?

—La sangre de Elena.

Valentina sintió que todo su cuerpo comenzaba a calentarse.

—¿Tú conociste a Elena?

—Yo la creé.

Todos quedaron inmóviles.

Gabriel dio un paso adelante.

—Mientes.

La criatura lo miró.

—Tú deberías saberlo mejor que nadie.

Gabriel palideció.

—No…

La criatura extendió una mano.

Una imagen apareció en el aire.

Elena.

Mucho más joven.

Estaba de pie frente a aquella misma criatura.

Pero no parecía estar luchando.

Parecía estar hablando con ella.

Valentina observó la escena.

—¿Qué es esto?

La criatura respondió:

—El principio.

La imagen mostró a Elena acercándose.

—Necesito tu poder —dijo la joven Elena.

La criatura respondió:

—Mi poder destruirá a los tuyos.

—Entonces ayúdame a controlarlo.

—¿Y qué me darás?

Elena levantó su mano.

Una pequeña cantidad de sangre cayó al suelo.

—Mi sangre.

La imagen se detuvo.

Valentina quedó en silencio.

—¿Ella te dio su sangre?

—Sí.

—¿Para qué?

—Para dividir mi poder.

Damián comprendió.

—Por eso existen dos linajes.

La criatura asintió.

—Uno recibió el poder de liberar.

Miró a Valentina.

—Y el otro recibió el poder de contener.

Miró a Daniel.

Valentina apretó la mano de su hermano.

—Entonces nosotros…

—Son las dos partes de un pacto.

Daniel bajó la mirada.

—¿Y el rey oscuro?

La criatura sonrió.

—Nunca fue una criatura.

El silencio fue absoluto.

—Entonces ¿qué es? —preguntó Isabela.

—Mi voluntad.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Tu voluntad?

—Una parte de mí que Elena separó y encerró dentro de la sangre de sus descendientes.

Gabriel cerró los ojos.

—Por eso no podíamos destruirlo.

—Exactamente.

Valentina miró hacia donde había estado el rey oscuro.

—Entonces todo este tiempo…

—El rey oscuro solo intentaba regresar a mí.

Damián negó.

—Eso significa que todos los reyes antiguos…

—Fueron creados para custodiarme.

Valentina comenzó a comprender.

El Primer Rey.

Los reyes desterrados.

Los antiguos.

Los guardianes.

Todos formaban parte de una historia mucho más antigua.

Una historia que había comenzado con Elena.

—¿Por qué Elena te encerró?

La criatura dejó de sonreír.

—Porque descubrió que mi poder no podía distinguir entre quienes merecían vivir y quienes merecían morir.

Valentina dio un paso adelante.

—¿Y qué hiciste?

—Intenté destruir el mundo de los hombres.

Alejandro se levantó lentamente.

—Entonces sí eres el enemigo.

La criatura lo observó.

—No.

Alejandro frunció el ceño.

—¿No?

—Soy aquello que puede convertirse en enemigo.

Valentina comprendió.

—Dependiendo de quién controle tu poder.

La criatura la miró.

—Exactamente.

El hombre de la corona de hueso apareció detrás de ellos.

—Y por eso la necesito.

Valentina se volvió.

—Tú.

Él caminó lentamente hacia ella.

—Tu sangre puede controlar aquello que Elena no pudo.

Daniel dio un paso adelante.

—No.

El hombre lo miró.

—Tú no tienes elección.

Daniel apretó los puños.

—Sí la tengo.

—No.

El hombre levantó una mano.

Daniel cayó al suelo.

Valentina gritó:

—¡Daniel!

Corrió hacia él.

—¡Déjalo!

El hombre sonrió.

—Todavía no entiendes.

—¿Qué?

—No quiero controlar a tu hermano.

Miró a Valentina.

—Quiero que tú lo hagas.

Valentina se quedó inmóvil.

—¿Por qué?

—Porque tú puedes entrar en su mente.

Daniel levantó la cabeza.

—No lo hagas.

Valentina lo miró.

—¿Qué quiere decir?

—Quiere que controles mi sangre.

—¿Para qué?

Daniel respiró profundamente.

—Para abrir la última puerta.

Valentina miró alrededor.

—¿Qué puerta?

El hombre de la corona de hueso señaló hacia el suelo.

Una línea dorada apareció bajo sus pies.

Después otra.

Y otra.

En pocos segundos, todo el salón quedó cubierto de símbolos.

Damián retrocedió.

—No…

Isabela preguntó:

—¿Qué sucede?

Damián respondió:

—Estamos sobre el corazón del reino antiguo.

El suelo comenzó a vibrar.

La criatura observó a Valentina.

—Aquí comenzó todo.

Valentina miró los símbolos.

En el centro había una inscripción.

La reconoció inmediatamente.

Era el mismo símbolo que aparecía en su pecho.




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