La Abogada Del Rey Lobo

CAPÍTULO 30 EL NUEVO PACTO

La última cadena estaba a punto de romperse.

Valentina la sostenía con ambas manos.

El metal antiguo quemaba su piel, pero no la soltó.

—¡Valentina, aléjate! —gritó su padre.

—¡No!

La oscuridad comenzó a subir por sus brazos.

Alejandro corrió hacia ella.

—¡Suéltala!

—¡No puedo!

—¡Valentina!

—¡Si la suelto, él queda libre!

El rey oscuro comenzó a reír.

—Exactamente.

Su voz retumbó por todo el lugar.

—Libérame.

Valentina apretó los dientes.

—Jamás.

—Tú no puedes contenerme.

—Tal vez no.

La luz plateada comenzó a cubrir su cuerpo.

—Pero no estoy sola.

Alejandro llegó hasta ella y colocó sus manos sobre las de Valentina.

—No lo estás.

Daniel hizo lo mismo.

—Yo también estoy aquí.

Isabela se acercó.

—Y yo.

Damián suspiró y levantó las manos.

—Supongo que tampoco puedo dejar que mueran sin mí.

Una sonrisa apareció en el rostro de Valentina.

—Gracias.

Los cinco unieron su poder.

La energía recorrió las cadenas.

El rey oscuro rugió.

—¡NO!

El salón entero comenzó a temblar.

El padre de Valentina gritó:

—¡Escúchenme! ¡No intenten destruirlo!

Valentina lo miró.

—Entonces ¿qué hacemos?

—Cambien el pacto.

—¿Cómo?

Su padre señaló a Daniel.

—El antiguo pacto utilizaba su sangre para contener al rey oscuro.

Después señaló a Valentina.

—Y la tuya para mantenerlo dormido.

Valentina comprendió.

—¿Y si las unimos?

Su padre asintió.

—Eso nunca se había intentado.

—¿Qué pasaría?

—No lo sé.

Daniel miró a su hermana.

—Hazlo.

Valentina negó.

—Podrías morir.

Daniel sonrió.

—Toda mi vida me dijeron que nací para morir por esto.

Tomó su mano.

—Tal vez nací para ayudarte a terminarlo.

Valentina sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

—Eres mi hermano.

—Lo sé.

—No voy a perderte.

—Entonces no me pierdas.

Valentina cerró los ojos.

Recordó a Elena.

Recordó a su padre.

A su madre.

A Isabela.

A Alejandro.

Todas las personas que habían perdido algo por aquella guerra.

Y comprendió algo.

El poder no estaba en la sangre.

Estaba en la elección.

Abrió los ojos.

—Daniel.

—¿Sí?

—Juntos.

—Juntos.

Ambos levantaron sus manos.

La marca de Valentina brilló.

La de Daniel respondió.

Dos símbolos comenzaron a unirse.

El rey oscuro rugió.

—¡NO PUEDEN CAMBIAR LO QUE ELENA CREÓ!

Valentina respondió:

—No voy a cambiarlo.

La luz creció.

—Voy a terminarlo.

Las marcas se fusionaron.

Una explosión de energía recorrió el reino.

Las cadenas comenzaron a desaparecer.

El padre de Valentina cayó al suelo.

Alejandro corrió hacia él.

—¡Está bien!

Valentina seguía sosteniendo a Daniel.

La criatura comenzó a separarse de su cuerpo.

Una sombra enorme salió de su pecho.

Daniel gritó.

—¡No puedo!

Valentina lo abrazó.

—¡Sí puedes!

—¡Es demasiado fuerte!

—¡Mírame!

Daniel abrió los ojos.

—¡No eres su prisión!

La sombra rugió.

—¡Eres mi hermano!

La criatura comenzó a retroceder.

—¡Eres libre!

La oscuridad salió completamente de Daniel.

Y por primera vez, sus ojos recuperaron su color natural.

Daniel cayó inconsciente.

Valentina lo sostuvo.

—Daniel.

No respondió.

—Daniel.

Alejandro se acercó.

—Respira.

Valentina puso una mano sobre su pecho.

Sintió un latido.

Débil.

Pero estaba ahí.

—Está vivo.

Valentina lloró de alivio.

Pero la batalla no había terminado.

La sombra liberada comenzó a crecer.

Se transformó en una criatura gigantesca.

El rey oscuro.

Ahora estaba separado de Daniel.

Libre.

Su cuerpo llenó gran parte del salón.

—Por fin.

El padre de Valentina levantó la mirada.

—Valentina.

Ella se puso de pie.

—¿Qué?

—Ahora tienes que hacer lo que Elena nunca pudo.

Valentina miró a la criatura.

—¿Destruirlo?

—No.

Su padre negó.

—Elegir su destino.

Valentina comprendió.

El rey oscuro avanzó.

Alejandro se transformó.

Isabela levantó sus manos.

Damián preparó su poder.

Pero Valentina los detuvo.

—No.

Alejandro la miró.

—¿Qué haces?

—Esto es mío.

—No estás sola.

Valentina sonrió.

—Lo sé.

Caminó hacia la criatura.

Cada paso hacía temblar el suelo.

El rey oscuro la observó.

—¿No tienes miedo?

—Sí.

—Entonces huye.

—No.

Valentina levantó una mano.

—Estoy cansada de huir.

El rey oscuro rugió.

Una ola de oscuridad avanzó hacia ella.

Valentina no retrocedió.

La oscuridad chocó contra su cuerpo.

Pero no la destruyó.

La atravesó.

Y en lugar de desaparecer, la luz de Valentina comenzó a mezclarse con ella.

El rey oscuro quedó inmóvil.

—¿Qué haces?

—Te estoy dando una opción.

—Yo no necesito opciones.

—Todos las necesitamos.

Valentina extendió ambas manos.

—Puedes seguir siendo destrucción.

La criatura comenzó a perder fuerza.

—O puedes convertirte en protección.

El rey oscuro rugió.

—¡No soy un protector!

—Entonces elige otra cosa.

La criatura comenzó a temblar.

Dentro de la oscuridad apareció un rostro.

Elena.

Valentina la reconoció.

—Abuela…

La imagen sonrió.

—No soy tu abuela, pequeña.

Valentina comprendió.

Era el recuerdo de Elena.

—¿Por qué nunca me dijiste la verdad?

—Porque tenía miedo.

—¿De qué?

Elena miró al rey oscuro.




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