La Albañil

Despedida

Voy a tomarme estos veintinueve minutos del cinco de marzo del dos mil veintitrés en curso, para hacerles esta despedida que me hace sentir de muchas maneras que no puedo plasmar, porque es un torbellino en el pecho que cada vez se intensifica más con las palabras. 

Muchos de ustedes seguramente se sintieron traicionados cuando dejé de actualizar la historia de un momento a otro y no tienen idea de cómo luché conmigo misma para que esto no me consumiera, para no eliminar la historia, para no aborrecerme de formas que ustedes no se pueden imaginar, luchando demasiado por seguir esta novela. 

Mis planes con este libro dieron un cambio del cielo a la tierra, empezó como algo que quería y luego se transformó en algo que me hacía ruido, pero debía continuar. Escribía y sentía que el capítulo siguiente no encajaba con el anterior y la disonancia fue disminuyendo cuando en estos últimos meses me aferré a la inspiración, por fin viendo claridad. 

Miren, mi vida se volcó cuando pensé que mi mamá se iba a morir por una cosa que le comenzó como una tortícolis, fueron muchas noches bajando al hospital, llegando de madrugada a casa y pensando en demasiadas vainas que realmente me estaban asesinando mentalmente. Esto se le juntó a un deseo inmenso que tenía de desaparecer de esta tierra por mis errores, por mis faltas, por mi depresión y la ansiedad que casi me mata, porque pensé en una idea que no se dio ni se dará nunca. 

Dios me vio y me dio la oportunidad de seguir vida, en medio de un sacrificio que Él tuvo que tomar para que lo viera, para que no me olvidara de su Gracia, de su amor y de su perdón, que aún me cuesta aceptar, pero ahí vamos. 

Lo que le diagnosticaron a mi madre fue arterosclerosis, aparte de que sus pulmones tenían algo de líquido porque creo que la leucemia crónica que ella se trata, suele tener efectos como esos. 

Sinceramente, fueron días que no de los deseo a nadie, ni a mi peor enemigo. Es la cosa más horrible porque soy muy apegada a mi madre y aunque yo intentaba trabajar en mis obras, no tenía tiempo para pensar en ello, me tocaban los quehaceres de la casa (mi hermano ya no vive con nosotros), me tocaba oír de vez en cuando las quejas de mi papá y mi temperamento es una basura que Dios ha tenido que ir transformando a punto de correcciones para que pudiera perdonar, para que dejara el pasado atrás a pesar de querer seguir embarrándola una y otra vez. 

Fue cuando entró el dos mil veintidós, que mi vida volvió a restaurarse en las áreas necesarias mientras otras se hallaban en plena construcción. Lo bueno de todo esto, es que no me quedé estancada, que aunque no escribía o me ahogaba por no poder hacerlo, el Señor me proveía de su paz, una que jamás en mi vida anterior había experimentado, dándome cuenta de cómo me cuidaba al igual que me salvó dos veces de ser atropellada y más.

Ciertamente, tenía que pasar por todo eso, para poder llegar hasta aquí. Para aceptar que no soy perfecta, que lamento que mucha gente se haya ido, se haya cansado de esperar, que ya no confíe en lo que tengo para dar. De igual modo, agradezco por los que se quedaron, por los que comentaron y los que no, sin importar si eso último me frustraba.

Les confieso que después del capítulo cinco, creo, estuve a nada de borrar la historia y Dios me envió a Meyling Soza, para que no lo hiciera, para que continuara y ahora, he llegado hasta aquí.

Después de haber cavado tanto, de dar tantos picotazos, de no creer que lograría volver a mí, todo se acomodó.

Mi madre, sostenida por la Gracia del Señor. Yo, por igual, dependiendo de las fuerzas celestiales porque no puedo más como humana, entregando mis quejas, mis rencores, mis enojos, a quien podía transformarlo en lo que Él quisiera para llenarme de paz, de tranquilidad y de confianza en su tiempo.

Mis acciones en un punto pueden definirme, pero si puedo cambiarlas para mejor, he decidido en hacerlo. Porque el ser humano evoluciona de muchos modos y aprende a tropezones lo que no quiere oír en voz de amor.

Me despido. Esta novela fue maravillosa, me estaba carcomiendo el cerebro porque no quería salirme el epílogo, el resto de él, pero Dios se encargó de volver a hacerlo, sé que mi Mey también me ayudó y sinceramente, a ella le dedico parte de mi esfuerzo.

Dios, mi familia, mis amigas, incluyendo a Meyling, mis lectoras y yo. Todos construimos lo que ha quedado aquí hoy y espero se hayan deleitado en lo que entregué.

Me dejan saber en los comentarios. Nos vemos.

Con amor, Sarah Brito.

@sarahbritoes

 

PD: Terminando de redactar esto a las tres cincuenta y seis de la madrugada del cinco de marzo del dos mil veintitrés. 

PD2: ¡No se rindan y confíen en Dios! ¡ÉL SIEMPRE SABE LO QUE HACE!




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