**AYLA**
El sonido de la puerta fue como un jarro de agua fría que apagó el incendio que Umut estaba provocando bajo mi piel. Me separé de él, tratando de alisar mi bata y recuperar el aliento. Mi corazón latía tan fuerte que me dolía el pecho.
—Tengo que irme —dije, evitando su mirada mientras abría la puerta.
Umut no dijo nada, pero sus ojos estaban fijos en mí, oscuros y prometedores. Salí al pasillo y me encontré con el caos. Las sirenas de las ambulancias resonaban fuera y el personal corría de un lado a otro.
—Ha habido una explosión en un convoy cerca del puesto fronterizo —explicó Aras, con el rostro pálido—. Tenemos diez heridos críticos y el sistema de triaje está colapsado. No tenemos suficientes suministros de sangre ni quirófanos libres.
Miré hacia la entrada de urgencias. Era una carnicería. En ese momento, sentí una presencia pesada a mi espalda. Umut se había puesto la chaqueta y estaba observando el panorama con una frialdad analítica.
—Aras, ocúpese de la clasificación —ordenó Umut, asumiendo el mando con una autoridad natural que dejó a todos mudos—. Ayla, tú ve al quirófano uno. Yo me encargo de que este hospital tenga todo lo que necesita en los próximos diez minutos.
Lo miré sorprendida. Por un segundo, no era el hombre obsesivo que me acosaba en mi despacho; era un líder.
**UMUT**
Ver a Ayla correr hacia los heridos me dio una perspectiva nueva. Sus manos, que hace un momento apretaban mi camisa con deseo, ahora se movían con una precisión quirúrgica, cortando ropa y taponando heridas sin dudar. Había una belleza feroz en su determinación.
Saqué mi teléfono mientras caminaba hacia la centralita del hospital.
—Escúchame bien —dije a mi jefe de logística—. Quiero tres helicópteros de suministros de la fundación Kordan aquí en cinco minutos. Necesito plasma, instrumental de trauma y quiero que cierren la planta privada para trasladar a los pacientes leves. Ahora.
Pasé las siguientes tres horas coordinando la llegada de suministros y vaciando las plantas para hacer espacio. Desde el pasillo central, podía ver a través del cristal del quirófano. Ayla estaba allí, bañada en luces fluorescentes, con la frente sudada y la mirada concentrada. Estaba operando a un hombre cuya vida pendía de un hilo.
Me quedé allí, observándola. Cada vez que salvaba a alguien, sentía una extraña mezcla de orgullo y furia. ¿Cómo podía ser ella la hija de un hombre tan despreciable? ¿Cómo podía haber tanta luz en alguien que venía de una estirpe de sombras?
POV: AYLA
Terminé de dar el último punto de sutura. Mis manos temblaban por la fatiga. Habíamos salvado a ocho de los diez. Salí del quirófano quitándome los guantes ensangrentados y la mascarilla. Estaba agotada, pero la adrenalina seguía recorriendo mis venas.
En el pasillo, Umut me esperaba con una botella de agua y una toalla limpia. No había nadie más alrededor; el hospital empezaba a calmarse.
—Buen trabajo, doctora —dijo. Su voz ya no era cínica, sino que tenía un matiz de respeto que me desarmó por completo.
Bebí el agua ávidamente mientras él me observaba en silencio. Me apoyé contra la pared, cerrando los ojos un segundo. Sentí sus manos grandes y cálidas posarse en mis hombros, masajeando la tensión acumulada. Esta vez, el contacto no era agresivo, sino extrañamente tierno.
—Has salvado a mucha gente hoy —susurró, acercándose a mi oído—. Pero también has hecho que sea imposible para mí dejarte marchar. Ver de lo que eres capaz me hace querer encerrarte en mi mundo y no dejar que nadie más te toque.
—Umut... —susurré, girándome en su agarre. Sus ojos estaban llenos de una intensidad cruda.
—No digas nada —me interrumpió, rozando mi mejilla con el pulgar, limpiando una pequeña mancha de sangre que se me había escapado—. Mañana la ciudad sabrá que los Kordan y la doctora Ayla son un frente unido. Y si los Kara creen que pueden recuperarte, tendrán que pasar por encima de mi cadáver.
Me quedé helada. ¿Recuperarme? ¿Por qué diría algo así? Justo cuando iba a preguntar, su teléfono volvió a sonar. Lo miró y su expresión se volvió de piedra.
—Es mi madre. Dice que Demir Kara ha solicitado una reunión urgente. Y te quiere a ti presente, Ayla.
#5047 en Novela romántica
#1457 en Chick lit
venganza amor dolor, familia escape traicion mentiras, erotismo pasion celos romance toxico
Editado: 08.02.2026