La alianza del sol

16 Las grietas

**AYLA**

El silencio que quedó en la mansión tras la partida de Sultana era sepulcral, pero por primera vez, no se sentía amenazante. Había visto desde la ventana cómo cargaban el coche de la mujer que me había encerrado en la oscuridad. Umut cumplió su palabra: la desterró de su reino para protegerme, aunque sus motivos siguieran siendo un misterio de sombras.
Él no se quedó para celebrar la victoria.
—Tengo asuntos en la frontera y en las canteras —me dijo esta mañana, sin mirarme a los ojos, mientras se ajustaba la corbata—. Mardin no se detiene porque mi casa esté en llamas. Quédate aquí. Estás segura.
"Segura". Una palabra extraña para alguien que vive en una cárcel de mármol.
Ahora, me encontraba en el jardín de invierno, rodeada de plantas exóticas que parecían tan fuera de lugar como yo. Escuché pasos y me giré, esperando ver a algún guardia, pero me encontré con Ece y un hombre joven, de facciones más suaves que las de Umut pero con la misma mirada intensa. Era el otro hermano de Umut, al que apenas había visto.
—Hola, Ayla —dijo Ece con timidez, acercándose con una bandeja de té—. Mi madre ya no está. Ya... ya puedes respirar.

**UMUT**

El aire de la frontera era polvoriento y caliente, pero no lograba despejar mi mente. Estaba reunido con los capataces de la cantera, pero mis ojos volvían una y otra vez al teléfono. Quería llamar a la mansión. Quería saber si ella estaba comiendo, si seguía temblando por el frío del sótano, si me odiaba más hoy que ayer.
—Señor Kordan, los envíos de los Kara se han detenido por completo tras la noticia de su matrimonio —dijo mi jefe de seguridad—. Están en silencio. Un silencio peligroso.
—Que vigilen cada movimiento de Ferhat —ordené, cerrando el puño—. Él no aceptará que ella sea una Kordan tan fácilmente.
Sabía que al dejarla sola con mis hermanos estaba dándole una oportunidad de conocer el lado "humano" de mi familia. Una parte de mí quería que ella viera que no somos los monstruos que Demir Kara le habrá contado... aunque yo mismo me hubiera comportado como uno para tenerla.

**AYLA**

Ece me presentó a su hermano, quien me saludó con un respeto que me sorprendió. A diferencia de Umut, él no intentaba dominar el espacio.
—Siento lo que pasaste ayer —dijo él, sentándose frente a mí—. Mi madre vive en un siglo que ya no existe. Umut ha hecho lo correcto al mandarla fuera, aunque eso signifique que ahora él tiene que cargar con todo el peso de la familia a solas.
—¿Por qué me retiene aquí? —pregunté, mirando a ambos—. No me ama. Me odia, o al menos odia lo que represento. ¿Por qué arriesgarse a una guerra con los Kara por mí?
Ece y su hermano se miraron. Hubo un silencio cargado de algo que yo no podía descifrar.
—Umut cree que está cobrando una deuda —respondió Ece finalmente, bajando la voz—. Hace muchos años, nuestro padre murió y la culpa cayó sobre los Kara. Umut creció con ese veneno en el corazón. Él cree que teniéndote a ti, está recuperando algo que le quitaron.
—Pero yo no soy un objeto —protesté, sintiendo un nudo en la garganta—. Yo ni siquiera conocía a los Kara hasta hace unos días.
—Eso es lo que él no entiende —dijo el hermano de Umut—. Él ve en ti un trofeo de guerra. Pero nosotros... —tomó mi mano con suavidad— ...nosotros solo vemos a una mujer que ha sido lanzada a los lobos. Si vas a sobrevivir en esta casa, Ayla, necesitas aliados. Y nosotros queremos serlo.
Por primera vez desde que llegué a Mardin, sentí un destello de esperanza. No estaba sola. Mientras Umut estaba fuera intentando ganar su guerra de hombres y negocios, yo estaba empezando a encontrar las grietas en su fortaleza.
—Cuéntame más sobre ese pasado —les pedí, acercándome a ellos—. Cuéntame por qué Demir Kara estaba tan dispuesto a sacrificarse por mí.
Ece palideció y miró hacia la puerta, como si temiera que las paredes hablaran.
—Hay cosas que es mejor que Umut te cuente, Ayla. Pero ten cuidado... la verdad en esta ciudad es como el sol del desierto: si te expones demasiado a ella, te quema.




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