**AYLA**
El rostro de Umut estaba a milímetros del mío. Podía sentir el calor de su aliento y la fuerza de su mano en mi nuca. Estaba a punto de cerrar los ojos, entregándome a esa extraña mezcla de odio y necesidad, cuando la puerta se abrió de golpe.
Me separé de Umut con la rapidez de quien ha sido atrapado en un crimen. Él soltó un gruñido de frustración, tapándose el costado herido con la mano mientras se incorporaba en el sillón.
—¡Umut! —el hermano menor de Umut, Cihan, entró jadeando, con un tablet en la mano y el rostro desencajado—. Tienes que ver esto. Acabamos de identificar a uno de los hombres que abatimos en la emboscada.
Umut recuperó su máscara de frialdad en un segundo, aunque sus ojos seguían oscuros por la interrupción.
—Cihan, te he dicho mil veces que llames antes de entrar —dijo Umut, su voz era puro hielo—. La doctora está atendiendo mis heridas.
Cihan ni siquiera se inmutó por la reprimenda. Se acercó a la luz de la lámpara, ignorando mi presencia.
—No han sido los Kara, hermano. El hombre que hemos identificado no es de aquí. No pertenece a ninguna de las familias de Mardin.
**UMUT**
Me olvidé del dolor del costado. Miré a Cihan con incredulidad.
—¿Qué quieres decir? Demir Kara es el único con motivos para atacarme ahora mismo.
—Eso es lo que todos esperaríamos —respondió Cihan, mostrándome la pantalla con el informe del reconocimiento facial—. Este hombre es un mercenario de alto nivel. Su última ubicación fue la seguridad privada de la Familia Soykan, en Estambul.
Sentí un frío repentino. Los Soykan. Una de las familias más poderosas de la capital, con influencias que llegaban hasta los ministerios. Nosotros, los Kordan, éramos los reyes de Mardin, pero los Soykan jugaban en una liga internacional donde las reglas eran muy distintas.
—¿Los Soykan? —me levanté, ignorando el pinchazo de dolor en mis puntos—. No tenemos negocios con ellos. No hemos pisado su territorio en años. ¿Por qué demonios enviarían sicarios a una cantera en el sur?
—Eso es lo que no tiene sentido —dijo Cihan, mirando de reojo a Ayla—. No han intentado entrar en la mansión, ni han ido a por la doctora. El ataque ha sido directo a tu convoy, Umut. Como si quisieran medir nuestras fuerzas o... enviarnos una advertencia que no logramos descifrar.
**AYLA**
Me quedé en silencio, observando la tensión entre los dos hermanos. El nombre "Soykan" no me decía nada personal, pero ver a Umut tan desconcertado me hizo comprender la magnitud del problema. Por primera vez, él no tenía el control total de la situación.
—Si no han sido los Kara... —empecé a decir, pero Umut me cortó con una mirada.
—Si no han sido los Kara, significa que hay un frente abierto que desconocía —dijo Umut, caminando de un lado a otro con la bata de seda negra ondeando tras él—. Cihan, los Soykan no dan un paso sin una razón económica o política. Si nos han atacado, es porque algo en Mardin les interesa. O alguien.
Se detuvo frente a la ventana, mirando hacia la oscuridad de la ciudad.
—Mañana quiero a ese prisionero hablando, aunque tenga que arrancarle la lengua. Y tú, Ayla... —se giró hacia mí, su mirada era ahora analítica y distante— ...te quedarás en esta mansión bajo vigilancia doble. Si hay gente de Estambul operando en mis tierras, ya no solo tengo que protegerte de los Kara, sino de un enemigo que ni siquiera sabemos por qué ha disparado.
Cihan asintió y salió de la habitación, dejándonos de nuevo en un silencio cargado, pero esta vez la tensión sexual había sido reemplazada por una paranoia gélida. Umut se volvió hacia mí, y por un segundo, vi la fatiga en sus ojos.
—Mardin se acaba de volver mucho más pequeña, doctora —susurró—. Y tú estás justo en el centro de un mapa que acaba de cambiar.
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Editado: 08.02.2026