La alianza del sol

25 El lenguaje de la furia

**AYLA**

​Me desperté con la habitación dando vueltas y un calor abrasador recorriéndome el cuerpo. El vino todavía corría por mis venas, dándome una valentía temeraria y absurda. Me incorporé en la cama de Umut y lo vi allí, durmiendo con una paz que me pareció un insulto.
​—¡Despierta! —le grité, dándole un empujón en el hombro— ¡Despierta, maldito carcelero!
​Umut se movió, abriendo los ojos lentamente, confundido por la oscuridad y por mi ataque repentino.
​—¿Ayla? ¿Qué demonios...? —su voz sonó ronca, profunda.
​—¡No me hables así! —protesté, señalándolo con un dedo tembloroso mientras me arrodillaba en el colchón como una niña pequeña haciendo un berrinche—. Eres un egoísta. Me encierras, me robas el teléfono, me celas de todo el mundo y luego te vas con esa... esa Selin de plástico. ¡Te odio, Umut Kordan! ¡Te odio tanto que me duele!
​Empecé a golpearle el pecho con los puños cerrados, sin fuerza real, pero con toda la frustración de estas semanas. Estaba fuera de control, llorando de rabia y riendo a la vez, incapaz de gestionar la tormenta que tenía dentro.

​**UMUT**

​Me despertó un torbellino. Ayla estaba fuera de sí, con el pelo enredado y los ojos brillantes por el alcohol y las lágrimas. Sus insultos eran infantiles, pero sus golpes en mi pecho encendieron algo que llevaba días intentando apagar.
​—Ayla, cállate. Estás borracha, vuelve a dormir —dije, intentando atrapar sus muñecas para que dejara de golpearme.
​—¡No me callo! —gritó ella, forcejeando con una energía salvaje—. Eres un monstruo, un bruto... y lo peor es que me tienes aquí, y yo no... yo no sé qué hacer con lo que siento cuando me miras así. ¡Suéltame!
​En ese momento, ella se lanzó sobre mí de nuevo, pero esta vez no fue para golpear. Fue una colisión de cuerpos. La adrenalina y el alcohol borraron los límites. Sus labios buscaron los míos con una desesperación agresiva, una mezcla de odio y necesidad que me hizo perder la razón.
​La agarré de la cintura y la giré, quedando yo sobre ella, devorando su boca con la misma furia con la que ella me gritaba hace un segundo. Se acabó la caballerosidad, se acabó la paciencia.

​**AYLA**

​Ya no había palabras. Solo había manos recorriendo piel, ropa que estorbaba y una urgencia que rozaba la violencia. Era salvaje, como si quisiéramos castigarnos el uno al otro por todo lo ocurrido. Mis uñas se clavaron en su espalda mientras él me reclamaba con una intensidad que hizo que los muebles de la habitación vibraran.
​No hubo ternura, hubo fuego. Fue escandaloso, sin importar quién pudiera escucharnos en el pasillo, sin importar el mañana. Era el choque de dos volcanes que llevaban demasiado tiempo bajo presión. En la oscuridad de la suite, Umut no era mi captor ni yo su prisionera; éramos dos bestias reconociéndose en el dolor y el deseo.

​**UMUT**

​Cada gemido suyo era un desafío que yo respondía con más fuerza. La habitación parecía quedarse pequeña para la tormenta que estábamos desatando. No era amor, era una guerra de posesión donde ninguno de los dos quería rendirse.
​Cuando finalmente el mundo dejó de temblar y el silencio volvió a la habitación, el aire pesaba. Nos quedamos entrelazados, sudorosos y exhaustos, con el eco de nuestros gritos aún flotando en las sombras.
​Miré a Ayla, que se había quedado dormida casi al instante contra mi pecho, con el rostro aún húmedo por las lágrimas de su rabieta inicial. Sabía que por la mañana ella se arrepentiría, que volvería a levantar sus muros de hielo, pero esta noche... esta noche habíamos quemado la mansión entera sin necesidad de fuego.




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