**UMUT**
Me desperté antes que ella. El silencio en la habitación era espeso, interrumpido solo por la respiración pausada de Ayla, que dormía con la mejilla apoyada en mi pecho. Tenía marcas de mis dedos en sus hombros y el pelo castaño esparcido como seda sobre mis sábanas negras.
Anoche, las barreras cayeron. Ella podrá decir que fue el alcohol, que fue un error, pero yo sentí la forma en que se aferró a mí. No me miraba como a un criminal; me buscaba como si yo fuera su único anclaje en el mundo.
Me incorporé lentamente, apoyando la espalda en el cabecero de la cama, y encendí un cigarrillo, observándola. No iba a permitir que esta mañana ella volviera a tratarme como a un extraño. El juego de la "doctora y su carcelero" se había acabado en el momento en que gritó mi nombre en la oscuridad. Ahora, ella sabía que me pertenecía de una forma que ningún contrato podía explicar.
**AYLA**
Abrir los ojos fue como chocar contra un muro de cemento. El dolor de cabeza era insoportable, pero el peso de los recuerdos de la noche anterior era mucho peor. Los gritos, mi comportamiento infantil, la forma en que lo busqué... me sentí morir de vergüenza.
Intenté moverme discretamente para salir de la cama, pero un brazo de hierro me rodeó la cintura antes de que pudiera separarme diez centímetros.
—¿A dónde vas tan rápido? —la voz de Umut era un murmullo profundo, cargado de una satisfacción que me hizo arder la cara.
—Suéltame, Umut —susurré, sin atreverme a mirarlo—. No me encuentro bien. Lo de anoche... fue el vino. No estaba en mis cabales.
**UMUT**
La giré bruscamente para que me mirara. Sus ojos verdes estaban llenos de pánico y arrepentimiento, justo lo que esperaba. Le puse la mano en la mejilla, obligándola a sostener mi mirada.
—No culpes al vino, Ayla. El alcohol solo sacó lo que llevas semanas intentando reprimir bajo esa bata blanca. Me deseabas tanto como yo a ti.
—¡Eso no es cierto! —protestó ella, pero su voz tembló.
—¿Ah, no? —me incliné sobre ella, invadiendo su espacio personal hasta que nuestras narices se rozaron—. Anoche no parecías tener dudas. Anoche no eras la doctora digna que cena con sus colegas. Eras mi mujer. Y hoy, vas a seguir siéndolo.
**AYLA**
—No soy tuya, Umut. Solo porque haya pasado esto no significa que las cosas hayan cambiado. Me sigues teniendo retenida contra mi voluntad.
—Eso es lo que te dices para poder dormir, ¿verdad? —Umut soltó una carcajada seca y se levantó de la cama con una confianza animal, sin importarle su desnudez. Caminó hacia el panel de la pared y, con un código, desbloqueó las contraventanas de hierro. La luz inundó la habitación—. Estás libre de irte a la otra punta de la casa si quieres. Pero no vas a salir de esta mansión.
Se giró hacia mí, con una mirada tan posesiva que sentí un escalofrío.
—Hoy vas a quedarte aquí conmigo. He cancelado todas mis reuniones. Vamos a hablar de nosotros, sin Ece, sin Selin y sin ese médico estúpido. Y si intentas huir de esta habitación, te juro que te traeré de vuelta por encima de mi hombro delante de todos los guardias
.
**UMUT**
La vi encogerse bajo las sábanas, tratando de recuperar su armadura de hielo, pero ya era tarde. Había probado su fuego y no pensaba dejar que se apagara. Me acerqué de nuevo a la cama y le tendí la mano.
—Levántate. Vamos a desayunar. Y esta vez, vas a comer, Ayla. Porque hoy no eres una prisionera a dieta de orgullo, eres la señora de esta casa. Y yo soy el que decide cuándo se acaba este desayuno.
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Editado: 16.02.2026