La alianza del sol

31 El juicio de las matriarcas

**UMUT**

​Estaba sentado en la sala de espera del hospital, ignorando las miradas curiosas del personal, cuando mi teléfono vibró en el bolsillo interior de mi chaqueta. Era Cihan.
​—¿Qué pasa? —pregunté, con la voz todavía cargada de la aspereza del encuentro en el despacho.
​—Umut... tienes que volver. Madre se ha vuelto loca. Ha convocado a las "Annas" de las cinco familias principales para el té. Dice que es hora de que Mardin conozca a la nueva señora Kordan. Y Umut... Selin está aquí. Madre la ha sentado a su derecha en el salón principal.
​Apreté el teléfono con tanta fuerza que los nudillos me crujieron. Sultana estaba jugando con fuego. Invitar a mi ex, la mujer que ella siempre quiso para mí, a una reunión de las familias más influyentes mientras Ayla apenas se acostumbra a su anillo, era una declaración de guerra abierta.
​—Dile que vamos para allá —dije entre dientes—. Y dile que si Selin no se ha marchado cuando yo cruce la puerta, ella será la siguiente en salir de esa casa con sus maletas.

​**AYLA**

​Salí de mi despacho intentando arreglarme el pelo y recuperar la dignidad profesional, pero al ver la expresión de Umut en la sala de espera, supe que la paz se había terminado. Tenía el rostro pétreo, esa mirada de "muerte" que suele reservar para sus enemigos.
​—¿Qué ha pasado? —pregunté, acercándome a él.
​—Mi madre —respondió, agarrándome del brazo con firmeza pero sin hacerme daño—. Ha organizado una encerrona. Las familias de Mardin están en casa. Quiere juzgarte, Ayla. Quiere que las demás vean que "no eres suficiente". Y ha traído a Selin para recordarme lo que ella considera una esposa adecuada.
​Sentí un nudo en el estómago. Selin. La mujer perfecta según los estándares de esta ciudad. Miré mi bata, miré mis manos que olían a hospital y a él, y sentí una rabia fría nacer en mi interior.
​—Pues no la hagamos esperar, Umut —dije, zafándome de su agarre para caminar yo misma hacia la salida—. Si quiere un espectáculo, le daremos uno que Mardin no olvidará.

​**UMUT**

​Entrar en la mansión fue como entrar en un nido de víboras. El salón principal estaba lleno de seda, oro y el penetrante aroma del té de jazmín. Las mujeres más poderosas de la región estaban sentadas en semicírculo, con Sultana en el centro. Y allí, a su lado, Selin lucía un vestido tradicional impecable, sonriendo con una falsa modestia que me dio náuseas.
​Caminé hacia el centro del salón con Ayla a mi lado. No permití que se quedara atrás.
​—Madre —dije, mi voz resonando como un trueno en el silencio repentino—. No sabía que las reformas de la casa de verano te daban tiempo para organizar circos.
​Sultana se levantó con una sonrisa gélida, ignorando mi tono.
—Solo estamos dando la bienvenida a la familia a tu... esposa. Selin ha sido tan amable de venir a ayudarnos con el protocolo, ya que Ayla es nueva en nuestras costumbres.

​**AYLA**

​Selin me miró de arriba abajo. Su mirada era de una superioridad insultante, como si yo fuera una mancha en el mármol. Se levantó con una elegancia estudiada y se acercó a nosotros.
​—Ayla, querida —dijo Selin, su voz era puro veneno recubierto de azúcar—. No te preocupes por el hospital, Sultana me ha contado que te pasas el día allí. Es noble, supongo, aunque aquí preferimos que nuestras mujeres cuiden de sus maridos en lugar de tocar a extraños. Umut siempre ha sido un hombre de gustos... particulares.
​Noté la tensión en el brazo de Umut. Estaba a punto de estallar y humillar a su madre delante de toda la aristocracia de Mardin. Pero esta era mi batalla. Di un paso adelante, quedando a escasos centímetros de Selin.
​—Es curioso que hables de cuidar a los maridos, Selin —dije, lo suficientemente alto para que todas las señoras escucharan—. Porque mientras tú estabas ocupada cuidando tu protocolo y tus vestidos, Umut buscaba a alguien con quien realmente pudiera hablar, alguien que no fuera un simple adorno. Si estás aquí es porque Sultana te necesita como apoyo; Umut, en cambio, parece que ya ha encontrado lo que buscaba en su propia cama esta mañana.

​**UMUT**

​El silencio que siguió fue absoluto. Algunas de las "Annas" se cubrieron la boca con las manos, escandalizadas por la franqueza de Ayla. Selin se puso roja de rabia y Sultana se quedó lívida. Nunca nadie se había atrevido a mencionar la intimidad de un matrimonio Kordan de forma tan directa frente a las familias.
​Ayla no se detuvo. Miró a mi madre con una autoridad que me dejó fascinado.
​—Sultana, si me ha invitado para juzgarme, le ahorro el trabajo: no soy como ustedes. Soy médico, soy española y soy la mujer de su hijo porque él así lo decidió. Selin puede quedarse a tomar el té si quiere recordar lo que pudo ser y no fue, pero Umut y yo tenemos asuntos más importantes que atender.
​Agarré a Ayla por la cintura, pegándola a mí frente a todas ellas. La posesividad me quemaba; quería que vieran que no me importaban sus tradiciones ni su desaprobación.
​—Se acabó el té —dije, mirando a mi madre con una advertencia final—. Selin, mi chófer te espera en la puerta para llevarte a tu casa. Y madre... si vuelves a usar a mi esposa para tus juegos de poder, la próxima vez no seré yo quien te hable. Será el silencio de esta casa, porque estarás fuera de ella.

​**AYLA**

​Umut me sacó del salón casi en volandas, subiendo las escaleras hacia nuestra suite. Podía sentir la furia y el deseo emanando de él en oleadas. En cuanto cruzamos el umbral de la habitación, dio una patada a la puerta para cerrarla y me estampó contra ella.
​—¿Tienes idea de lo que acabas de hacer allí abajo? —preguntó, su respiración golpeando mi cara.
​—He marcado mi territorio, Umut. ¿No es lo que tú haces siempre? —respondí, desafiándolo con la mirada.
​Él no respondió con palabras. Sus manos agarraron mi rostro y me besó con una violencia hambrienta, como si quisiera devorar la audacia que acababa de mostrar. La adrenalina de la pelea con Sultana y Selin se transformó instantáneamente en una necesidad física desesperada.




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