**AYLA**
Hice que Ece filtrara la información: "Ayla está sola, derrotada y sin protección en la vieja casa de su madre". Sabía que la arrogancia de Selin no le permitiría dejar pasar la oportunidad de darme el golpe final.
Me senté en el porche, meciendo una taza de té frío, esperando. En la oscuridad del salón, oculto tras las cortinas pesadas, Umut escuchaba. Le había obligado a venir bajo la amenaza de que, si no lo hacía, jamás volvería a saber de mí. Él aceptó, con los ojos inyectados en sangre y el corazón lleno de un desprecio que aún no sabía que era infundado.
**UMUT (Oculto en las sombras)**
Cada fibra de mi ser quería salir y gritarle por su supuesta traición. Pero entonces, el coche de Selin frenó frente a la casa. La vi bajar, radiante, con una sonrisa de triunfo que me resultó extrañamente gélida.
—Vaya, vaya... —la voz de Selin rompió el silencio del campo—. Mírate, Ayla. De futura señora Kordan a mendiga en la choza de tu madre. ¿Valió la pena vender a Umut por unas cuantas rutas de contrabando?
—¿Por qué lo hiciste, Selin? —preguntó Ayla con una calma que me dio escalofríos—. Sabes que yo nunca pasé esa información.
Selin soltó una carcajada estridente, una risa que no reconocí en la mujer que creía conocer.
—¡Por supuesto que lo sé! Fui yo quien editó esas fotos, querida. Y Sultana se encargó de que los mensajes parecieran reales. Umut es tan predecible... su orgullo es más grande que su cerebro. Solo necesité un par de papeles falsos para que te tratara como a una perra y te echara a patadas. Ahora, él es mío. Y tú... tú solo eres un mal recuerdo.
El mundo se detuvo. Mi corazón dejó de latir por un segundo para luego explotar en una agonía de comprensión. Salí de las sombras como un espectro, y el rostro de Selin se transformó en una máscara de puro terror.
—¿U-Umut? —tartamudeó ella, retrocediendo hacia su coche.
—Fuera —dije, con una voz que no parecía humana—. Si vuelves a aparecer en mis tierras, te juro que ni el apellido de tu padre te salvará de lo que te haré. ¡FUERA!
**AYLA**
Selin huyó como la cobarde que siempre fue. El silencio regresó a la casa de mi madre, pero fue roto por un sonido que nunca esperé escuchar: el sollozo roto de un hombre que lo había perdido todo.
Umut se giró hacia mí. Sus rodillas fallaron y cayó al suelo, frente a mis pies, en el mismo porche donde tantas veces soñé con una vida tranquila. Agarró el dobladillo de mi vestido con manos temblorosas, ocultando su rostro entre sus manos. Estaba llorando. Llorando como un niño que ha roto su juguete más preciado, con un llanto desgarrador que sacudía sus hombros.
—Ayla... perdón... por favor, perdóname —suplicaba entre espasmos—. Fui un monstruo... lo que te dije... lo que te hice en esa oficina... no tengo perdón, pero te lo ruego... vuelve conmigo. No puedo respirar sin ti.
Le miré desde arriba. No sentí satisfacción, solo un vacío inmenso y una frialdad que me nacía del pecho. El hombre que estaba en el suelo no era el guerrero que me obligó a casarme; era un extraño patético.
—Levántate, Umut —dije con una voz gélida, retirando mi vestido de sus manos como si su contacto me manchara—. No llores por lo que tú mismo destruiste. Me llamaste basura. Dijiste que te daba asco. Me echaste de tu casa como si fuera un animal traidor.
—¡Estaba ciego! ¡Mi madre... Selin...! —intentó decir él, mirándome con ojos rojos de arrepentimiento.
—No fueron ellas quienes me miraron con odio. Fuiste tú. No fueron ellas quienes me humillaron. Fuiste tú —me incliné hacia él, obligándole a ver la dureza en mis ojos—. Tu amor es un veneno, Umut. Y yo ya he tomado suficiente.
Saqué un sobre de mi bolso y lo dejé caer sobre él. Eran los papeles que Ferhat había preparado esa misma tarde.
—¿Qué es esto? —preguntó él, temblando.
—Mi libertad. Quiero el divorcio, Umut. Inmediato y sin condiciones. Mañana mismo firmarás esos papeles y me devolverás mi apellido. No quiero tu dinero, ni tus tierras, ni volver a ver tu cara. Ayla Kara vuelve a casa, y tú... tú te quedas solo en tu mansión de sombras.
—¡No! ¡Ayla, te lo ruego! ¡Te daré todo! —gritó él, desesperado, intentando abrazar mis piernas mientras yo caminaba hacia la puerta.
Cerré la puerta de la casa de mi madre en su cara, dejando a Umut Kordan destrozado en la tierra, llorando por la mujer que nunca volvería a ser suya.
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Editado: 16.02.2026