**AYLA**
El restaurante era acogedor, con una luz tenue que suavizaba los rasgos de Selim. Durante toda la noche, él fue el caballero que siempre recordé: atento, divertido y respetuoso. Por un momento, me sentí como una mujer común, lejos de los dramas de los Kara y las sombras de los Kordan.
Al final de la cena, cuando Selim buscó mi mano sobre la mesa con una mirada llena de esperanza, supe que era el momento de ser clara.
—Selim, eres una persona maravillosa y me siento increíblemente a gusto contigo —comencé, retirando suavemente mi mano para cruzarla con la otra—. Pero necesito ser honesta. Acabo de salir de un infierno que casi me consume. He pasado meses siendo la "propiedad" de alguien, una pieza en una guerra que no era mía.
—Ayla, yo no pretendo presionarte... —intentó decir él.
—Lo sé, y te lo agradezco. Pero por ahora, no quiero nada con nadie. No busco una relación, ni siquiera una "distracción". He recuperado mi vida, mi clínica y mi nombre. Quiero vivir mi momento, aprender a estar conmigo misma y sanar mis propias heridas. Mi prioridad soy yo, Selim. Por primera vez en mi vida, soy yo.
Vi un rastro de decepción en sus ojos, pero fue reemplazado rápidamente por admiración. Selim asintió, aceptando mis términos con la dignidad de un verdadero amigo.
**UMUT**
Desde mi coche, estacionado en la penumbra del aparcamiento, los vi salir. Mi pulso era una tormenta eléctrica. Ver a Selim tan cerca de ella me provocaba un impulso primario de bajarme y recordarle quién era yo, de reclamar lo que alguna vez fue mío.
Pero recordé las palabras de Ayla: "Tu amor es un veneno".
Si bajaba y armaba una escena, solo confirmaría que seguía siendo el mismo monstruo impulsivo. Apreté los puños contra el volante hasta que los nudillos me dolieron. Decidí que, si realmente la amaba, mi mayor sacrificio sería la distancia.
A la mañana siguiente, regresé a la oficina de la empresa Kordan. Tenía informes acumulados, contratos de exportación y disputas territoriales que resolver. Me sumergí en los números, en las llamadas internacionales, en cualquier cosa que mantuviera mi mente ocupada para no pensar en ella cenando con otro. Sabía que Selim trabajaba en el hospital central y que tarde o temprano nuestros caminos podrían cruzarse, pero me hice una promesa: me centraría en el trabajo. No por virtud, sino por supervivencia. Si evitaba el hospital, evitaba la tentación de destruir al hombre que intentaba ocupar mi lugar.
**AYLA**
Al llegar a casa de mi madre esa noche, me sentí ligera. No había drama, no había promesas rotas. Solo el silencio de una mujer que ha aprendido a decir "no" por amor propio.
Entré en mi habitación y me miré al espejo. Ya no buscaba la validación en los ojos de un hombre, ni esperaba que Umut viniera a salvarme o a destruirme. La clínica me esperaba mañana, Ece estaría allí con sus fichas y Melek con su energía incansable. Estaba construyendo algo sólido sobre los escombros de mi pasado, y por fin, el aire que respiraba era solo mío.
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Editado: 16.02.2026