**AYLA**
La clínica se había convertido en un lugar de orden y luz, pero la mansión de mi padre todavía guardaba sombras en sus rincones más antiguos. Aprovechando un día de descanso, Ece se había ofrecido a ayudarme a organizar el archivo histórico de la familia que mi padre guardaba en el sótano. Lo que empezó como una limpieza rutinaria terminó convirtiéndose en el descubrimiento que cambiaría nuestra historia.
—Ayla... tienes que ver esto —la voz de Ece sonó ahogada, como si le faltara el aire.
Me acerqué a ella. Estaba sentada en el suelo, rodeada de carpetas amarillentas por el tiempo. En sus manos sostenía un contrato notarial con los sellos oficiales de Mardin de hace veinticinco años.
—Son empresas —susurró Ece, pasándome el documento—. Sociedades comerciales para la exportación de grano y textil. Mira las firmas al final.
Sentí un escalofrío. Allí, uno al lado del otro, estaban los nombres de nuestros padres: Demir Kara y Ahmet Kordan. No eran documentos de guerra, eran documentos de hermandad.
**ECE**
Mis manos temblaban tanto que casi rompo el papel. No era solo un contrato; eran decenas de facturas y acuerdos de beneficios compartidos al 50%. Mi padre y el padre de Ayla no eran enemigos; eran socios, quizás incluso mejores amigos.
—Ayla, mira la fecha de la disolución de estas empresas —dije, señalando un anexo—. Se detuvieron abruptamente un mes antes de que mi padre fuera asesinado.
—Eso significa que alguien rompió esta unión desde fuera —respondió Ayla, con los ojos fijos en los documentos—. Alguien que no quería que los Kara y los Kordan fueran una sola fuerza económica en Mardin.
En ese momento, comprendí la magnitud de la tragedia. Sultana nos había criado en el odio, diciéndonos que los Kara siempre habían querido robarnos, cuando en realidad, ambos padres estaban construyendo un imperio juntos. Mi madre no solo ocultó la verdad, sino que destruyó el legado de su propio esposo para alimentar una guerra que solo a ella le beneficiaba.
**AYLA**
Me quedé mirando el sello de la última empresa: "Alianza del Sol". El nombre que habían elegido para su unión. Sentí una náusea profunda al pensar en Umut. Él había pasado toda su vida intentando destruir a los Kara por "vengar" a un hombre que, en realidad, confiaba su fortuna a mi padre.
—Umut tiene que saber esto, Ece —dije, aunque me dolía solo pensar en volver a hablarle.
—Si le llevamos esto, Sultana no tendrá dónde esconderse —asintió Ece, guardando los papeles en una carpeta—. Esto no es la palabra de un testigo que puede asustarse; esto es papel firmado, legal y eterno. Es la prueba de que nuestra guerra es una mentira.
Miré hacia la ventana del sótano. La verdad siempre busca la luz, pero a veces la luz es tan cegadora que termina por quemar a los que se aferran a la oscuridad. Umut vivía por su apellido, y ahora iba a descubrir que ese apellido estaba manchado por la traición de su propia madre hacia el mejor amigo de su padre.
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Editado: 16.02.2026