**CIHAN**
El trayecto desde el hotel hasta aquí fue el viaje más largo de mi vida. Umut conducía como un loco mientras me escupía la verdad: el amante de Estambul, la traición a nuestro padre, cómo nos usaron como peones de una guerra inventada. Al llegar a la fortaleza de los Kara, ver los cañones de los fusiles apuntándonos no me dio miedo. Sentía un vacío mayor por la traición de mi propia sangre.
—¡Bajen las armas! —gritó Umut, levantando las manos, pero sin agachar la cabeza—. ¡Demir Kara! ¡Sal y escúchame como el hombre que mi padre creía que eras!
**UMUT**
Demir salió al porche, flanqueado por sus dos hijos. Ferhat estaba al frente, con el rostro desencajado por la furia, apretando su pistola con nudillos blancos.
—Tienes mucho valor viniendo aquí, Umut Kordan —rugió Demir—. ¿O es que buscas terminar lo que tu madre empezó?
—Mi madre nos ha engañado a todos —dije, dando un paso adelante a pesar de que Ferhat me apuntaba directamente al pecho—. He visto a Sultana con Kerem Arslan en el hotel. Ella nunca quiso justicia por mi padre. Quería su dinero, el tuyo y el control de Mardin para llevárselo a Estambul. Ella rompió el pacto de "La Alianza del Sol".
Lancé la carpeta con los documentos a los pies de Demir. Él no se movió, pero sus hijos intercambiaron miradas de confusión.
**FERHAT**
—¡Mentiras! —grité, sin bajar el arma—. Es otro truco de los Kordan para ganar tiempo. ¡Ustedes mataron a mi gente, nos persiguieron durante años! No voy a dejar que entres aquí con cuentos de amantes y conspiraciones de Estambul. ¡Lárgate o te juro que esta noche termina la estirpe de los Kordan!
Estaba a punto de quitar el seguro cuando la puerta principal se abrió de golpe.
—¡Basta, Ferhat! —la voz de Ece cortó el aire como un látigo.
**UMUT**
Ece bajó las escaleras del porche y se interpuso entre el arma de su marido y mi pecho. Su mirada era de una firmeza que nunca le había visto. Miró a Ferhat a los ojos, desafiándolo a disparar a través de ella.
—He estado trabajando con Ayla en la clínica —dijo Ece, mirando a su marido y luego a su suegro—. He visto los documentos que guardaba Demir. Mi hermano no miente. Nuestra madre ha tejido una red de odio para que nosotros nos matáramos mientras ella se preparaba para huir con los restos.
Ece se giró hacia mí y me puso una mano en el hombro.
—Umut vio a Arslan. Si ese hombre está en Mardin, no es para una visita de cortesía. Vienen a liquidar los negocios y a eliminar a cualquiera que pueda reclamar la herencia. Eso incluye a los Kara... y nos incluye a nosotros, sus hijos.
**UMUT**
Demir Kara se agachó, recogió la carpeta y empezó a leer bajo la luz del porche. El silencio era absoluto, solo roto por el sonido del papel. Tras unos minutos que parecieron siglos, levantó la vista. Su expresión había cambiado; el odio de viejo enemigo se había transformado en la severidad de un estratega que reconoce una amenaza mayor.
—Ferhat, baja el arma —ordenó Demir con voz de mando.
—¡Pero padre! —protestó Ferhat.
—¡He dicho que la bajes! Los muertos no firman contratos, y aquí está la firma de Ahmet. Umut tiene razón... nos han bailado el agua durante veinticinco años.
Demir miró a Cihan y luego a mí.
—Entren. Si Arslan y Sultana creen que Mardin es su tablero de ajedrez, les vamos a enseñar que este desierto se traga a los traidores.
A medida que entrábamos en la casa, vi a Ayla al final del pasillo. No dijo nada, pero sus ojos se encontraron con los míos. Ya no había desprecio, sino una chispa de esperanza. Por primera vez, los Kara y los Kordan no estaban en lados opuestos de la mesa. Estábamos todos en el mismo bando contra la verdadera arquitecta del desastre.
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Editado: 16.02.2026