La alianza del sol

62 El juicio del polvo y la piedra

**UMUT**

​Me senté en mi escritorio, el mismo donde días antes Ayla me había entregado la verdad. Frente a mí, los documentos que Sultana tanto ansiaba: el traspaso total de los activos de la familia Kordan a una sociedad pantalla controlada por Kerem Arslan.
​La puerta se abrió con la elegancia depredadora de mi madre. Entró envuelta en seda, con Arslan a su lado, quien me miraba con una condescendencia que hacía que me picaran las manos por golpearlo.
​—Es un gran día, hijo —dijo Sultana, acercándose con una sonrisa fingida—. Por fin, el legado de tu padre estará a salvo de las garras de los Kara. Firma y vámonos de este lugar olvidado por Dios.
​—Tienes razón, madre —dije, sosteniendo la pluma sobre el papel—. Es un gran día para el legado de mi padre. Pero antes de firmar, hay un pequeño detalle en el contrato que Kerem quizás quiera explicar.

​**AYLA**

​Desde la habitación contigua, observaba a través de la rendija de la puerta. Mi corazón latía con una fuerza ensordecedora. A mi lado, Ferhat y Cihan permanecían en silencio, con las armas listas pero contenidas. El plan de Umut requería que ella hablara primero; necesitábamos su confesión antes de actuar.
​—¿De qué hablas, Umut? —preguntó Arslan, frunciendo el ceño—. No hay ningún error. Firma ya.
​—Hablo de la "Alianza del Sol" —soltó Umut. El silencio que siguió fue absoluto. El rostro de Sultana se drenó de color instantáneamente—. Sé que mataste a mi padre porque él descubrió tu aventura. Sé que usaste a Demir Kara como chivo expiatorio para que yo hiciera tu trabajo sucio durante años.

​ **CIHAN**

​Sultana soltó una carcajada nerviosa, pero sus ojos delataban un pánico creciente.
​—¡Estás loco! ¿Quién te ha llenado la cabeza con esas basuras? ¿Ayla? ¿Esa mujer te ha embrujado para proteger a su padre asesino?
​—No fue Ayla, madre —dije, saliendo de las sombras y entrando en el despacho. Sus ojos se abrieron de par en par al verme junto a Umut—. Fui Umut. Él te vio en el hotel con este hombre. Vio cómo te burlabas de la memoria de nuestro padre.
​—¡Seguridad! —gritó Arslan, echando mano a su chaqueta.
​Pero cuando la puerta se abrió, no aparecieron sus hombres de Estambul. Entró Demir Kara, flanqueado por Ferhat y una docena de hombres armados que habían desarmado silenciosamente a la escolta de Arslan en el exterior.


**UMUT**

​Me levanté lentamente, rodeando el escritorio. Sultana retrocedió hasta chocar con la pared. Arslan estaba rodeado, su poder de Estambul no valía nada en estas graveras donde la ley era la sangre de Mardin.
​—Se acabó, Sultana —dijo Demir, con una voz que parecía venir desde ultratumba—. Ahmet me pidió que cuidara de sus hijos si algo le pasaba. He tardado veinticinco años en cumplir mi promesa, pero hoy se cierra el círculo.
​—¡Ustedes no son nada sin mí! —gritó Sultana, perdiendo finalmente la compostura—. ¡Yo construí este imperio mientras Ahmet soñaba con la paz! Él era débil, ¡merecía morir por intentar dejarme sin nada!

​ **AYLA**

​Esa fue la confesión. La grabadora oculta en el escritorio de Umut había captado cada palabra. Salí de mi escondite y me puse al lado de Umut. Sultana me miró con un odio puro, pero ya no tenía poder sobre nosotros.
​—No te vas a Estambul, madre —dijo Umut, y por primera vez, su voz no tenía rastro de duda—. Te vas a donde debiste estar hace un cuarto de siglo. Kerem Arslan será investigado por fraude y complicidad, pero tú... tú vivirás el resto de tus días sabiendo que tus hijos son ahora los aliados más cercanos de los Kara.
​Vi cómo Ferhat y los hombres de mi padre se llevaban a Arslan. Umut se acercó a su madre. No hubo golpes, ni gritos. Simplemente le quitó el anillo con el sello de los Kordan que ella todavía lucía con arrogancia.
​—Ya no eres una Kordan —le susurró Umut—. Eres solo la asesina de mi padre.




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