La alianza del sol

63 El banquete del sol

**UMUT**

​Me encontraba en el centro de la plaza, observando la escena con una sensación de irrealidad. A mi lado estaba Demir Kara. Ya no veía en él al asesino de mi padre, sino al hombre que guardó el dolor de una amistad perdida para protegernos a todos.
​—Es hora, Umut —dijo Demir, poniéndome una mano en el hombro.
​Subimos al estrado improvisado. El pueblo guardó un silencio sepulcral. Tomé aire, sintiendo que por primera vez mis pulmones no se llenaban del polvo de la venganza, sino de libertad.
​—Gente de Mardin —mi voz resonó firme—. Durante veinticinco años vivimos en una noche impuesta por la mentira. Mi madre, Sultana Kordan, traicionó el honor de mi padre y la lealtad de sus amigos. Hoy, esa noche termina. Los Kordan y los Kara no somos enemigos. Somos los herederos de un sueño que fue interrumpido por la ambición.
​Señalé el gran estandarte que se desplegaba detrás de nosotros. Era el antiguo logo de la Alianza del Sol, pero renovado.
​—Hoy relanzamos la empresa que nuestros padres fundaron. No habrá más fronteras entre nuestras tierras, ni más sangre en nuestras calles. La Alianza del Sol vuelve a brillar para dar trabajo, salud y paz a Mardin.

​ **AYLA**

​Desde abajo, observaba a Umut. Se veía imponente, pero ya no tenía esa dureza amarga en la mandíbula. Al bajar del estrado, la gente empezó a aplaudir, un sonido que empezó débil y terminó convirtiéndose en un estruendo de júbilo.
​Cihan y Leyla reían cerca de la fuente, y Ece, al lado de Ferhat, parecía haber rejuvenecido diez años. Mi hermano, el hombre que más odiaba a los Kordan, ahora brindaba con Cihan. La paz era real.
​Umut se abrió paso entre la multitud hasta llegar a mí. Se detuvo a unos centímetros, respetando ese espacio que yo tanto había defendido.
​—¿Lo logramos? —me preguntó con voz suave.
​—Lo lograste tú, Umut —respondí, sonriendo—. Le devolviste el nombre a tu padre y la paz a tu familia.

**UMUT**

​La miré a los ojos. Ella era la razón por la que no me había rendido, la luz que me guio fuera del túnel.
​—No quiero que esto sea solo un trato comercial entre familias, Ayla —le dije, bajando la voz para que solo ella pudiera oírme—. Sé que me pediste tiempo. Sé que quieres vivir tu momento en la clínica. Y voy a respetarlo. Pero quiero que sepas que, a partir de hoy, no soy el hombre que te obligaron a amar, ni el que te hizo sufrir. Soy solo Umut, alguien que espera tener algún día el honor de volver a conocerte desde cero.

​**AYLA**

​Sentí un vuelco en el corazón. No era la urgencia posesiva de antes, sino una promesa honesta. Le tendí la mano, no como esposa, sino como su igual.
​—Entonces, bienvenido a la nueva era de Mardin, Umut —dije, estrechando su mano con firmeza—. Empecemos por ser socios en esta paz. El futuro... bueno, el futuro aún está por escribirse.
​La música empezó a sonar con más fuerza. La comida se repartía y los niños corrían entre las mesas. Sultana estaba camino a una celda en Estambul, Arslan estaba acabado y las graveras ya no producían piedras de odio, sino el material para construir un nuevo Mardin. La Alianza del Sol finalmente había amanecido.




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