La alianza del sol

64 Epílogo

**AYLA**

​Me detuve en el umbral de la Clínica Kara-Kordan. El edificio de piedra blanca ya no era solo un refugio personal; se había convertido en un centro médico regional de referencia. Hoy celebramos el primer aniversario de la inauguración oficial.
​Ece, que ahora dirige la administración con una eficiencia envidiable, pasaba a mi lado con una carpeta bajo el brazo, riendo mientras hablaba por teléfono. Se veía radiante; su matrimonio con Ferhat se había transformado en una unión de respeto mutuo, lejos de las presiones de los apellidos.
​Salí al jardín, donde se celebraba una pequeña recepción. Vi a mi padre, Demir, sentado bajo un olivo, conversando animadamente con Cihan. Cihan y Leyla habían anunciado su compromiso hace apenas un mes, y la alegría en sus rostros era el mejor testimonio de que el odio familiar finalmente había muerto.

​**UMUT**

​Llegué a la clínica justo cuando el sol empezaba a teñir de naranja las colinas. Durante este año, me dediqué a reconstruir el imperio Kordan desde la ética y la transparencia. Mi madre seguía cumpliendo su condena en una prisión de alta seguridad, y aunque su sombra a veces intentaba volver en mis pesadillas, la realidad de lo que habíamos construido era mucho más fuerte.
​Busqué a Ayla con la mirada. La encontré junto a la fuente, observando el horizonte. Me acerqué despacio, sin la prisa de aquel hombre roto que una vez fui.
​—Has hecho un trabajo increíble aquí, Doctora —le dije, poniéndome a su lado.
​Ella se giró y me dedicó esa sonrisa que ahora era solo para mí. Durante este año, no hubo presiones. Cenamos muchas veces, hablamos de nuestros miedos y nos conocimos de nuevo, esta vez de verdad.
​—Hemos hecho un buen trabajo, Umut —respondió ella, enfatizando el "nosotros".

​ **AYLA**

​Miré a Umut. Ya no veía en él al hombre que me arrastró a una boda forzada, sino al hombre que tuvo el valor de destruir su propio mundo para salvar el mío. El tiempo y la distancia nos habían devuelto lo que la guerra nos quitó: la libertad de elegir.
​—Aún falta algo —dijo Umut, sacando una pequeña llave de su bolsillo—. He terminado la restauración de la antigua casa de verano de nuestros padres. La "Alianza del Sol" ahora tiene una sede física donde no hay oficinas, solo recuerdos de su amistad. Quiero que la inauguremos juntos.
​Le tomé la mano, entrelazando mis dedos con los suyos. No había miedo, ni rastro de las cicatrices del pasado.
​—Juntos —repetí.

​**UMUT**

​Mientras caminábamos hacia el resto de nuestra familia, el sol se ocultaba tras las montañas de Mardin. Por primera vez en veinticinco años, la noche no traía consigo el presagio de una tragedia. Sabíamos que mañana, cuando el sol volviera a salir, brillaría sobre un suelo libre de mentiras.
​Habíamos sobrevivido a la tormenta para convertirnos en el arcoíris. Los Kara y los Kordan ya no eran dos nombres enfrentados, sino una sola historia que, finalmente, tenía un final feliz.

​_**FIN**_




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