La Amante.

Capitulo 4.

Pasaron las semanas y la rutina continuó. De vez en cuando, Carol me lanzaba un "Gerardo te manda saludos", a lo que yo solo respondía con una sonrisa o algún comentario divertido. Sin embargo, con el paso del tiempo, esos saludos fueron haciéndose cada vez menos frecuentes, hasta que un día, simplemente cesaron. Sin darnos cuenta, dejamos de saber el uno del otro. Cada quien siguió con su vida y el tema de Gerardo quedó guardado como un recuerdo simpático de tardes de risas.

​Por mi parte, me enfoqué por completo en mi vida personal y en mi relación de ese momento. Mi novio y yo nos unimos mucho más, fortaleciendo nuestro vínculo y compartiendo proyectos juntos. Fue una etapa de estabilidad y cercanía en la que nos entregamos de lleno a lo nuestro.

​Fruto de ese amor y de ese tiempo de unión, llegó la noticia más bonita y transformadora: quedé embarazada. Saber que dentro de mí estaba creciendo un bebé cambió por completo mis prioridades y mi perspectiva de todo. Mi atención, mis ilusiones y mi energía se centraron exclusivamente en mi etapa de gestación y en la familia que estaba construyendo, dejando el pasado y a cualquier otra persona completamente atrás.

​De un momento a otro, la historia dio un giro amargo. Con Alejandro empezaron las peleas, las discusiones constantes y una tensión que dañaba la tranquilidad que necesitaba. Alejandro se volvió irresponsable respecto al contacto y al compromiso hacia mí como su mujer y, primeramente, hacia ese bebé que crecía en mi barriga. Ya no existía de su parte ese sentimiento de estar presente ni de asumir la responsabilidad de la vida que venía en camino, dejándome sola con la carga de un proceso que debió ser compartido.

Pasaron un par de meses bajo esa misma dinámica, hasta que no aguanté más. Decidí dejar a Alejandro. Entendí que necesitaba a mi lado a alguien que me ayudara y me apoyara de verdad, no a una persona que me dejara con las manos atadas en un momento tan delicado. Preferí continuar con mi embarazo sola. De vez en cuando nos veíamos y yo permitía que él le acariciara la barriga al bebé o tuviera algún gesto esporádico hacia él, cuando a él le daba la gana; pero no había un contacto real, ni cariño, ni mayor cercanía. Yo ya me había cansado de sus actitudes, especialmente en una etapa de mi vida que era tan importante y en la que merecía paz y verdadera presencia.

...



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En el texto hay: engano, lujuria, amor.

Editado: 21.08.2026

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