La Amante.

Capitulo 5.

¡Riiiing!

​El sonido seco de la notificación retumbó en la habitación, haciendo vibrar la mesa donde descansaba el teléfono. Me acerqué con curiosidad y levanté la pantalla. Ante mis ojos apareció una notificación de un número totalmente desconocido. Me quedé helada por un segundo, impresionada, porque no era normal que me pasara algo parecido ni que recibiera mensajes de personas fuera de mi círculo.

​Abrí la conversación. La persona al otro lado simplemente había escrito un saludo casual, cordial, pero sin identificarse.

​Extrañada, le respondí de inmediato preguntándole quién era. Sin embargo, en lugar de darme su nombre, el contacto esquivó la respuesta directa y continuó la plática con total familiaridad. Me preguntaba cómo estaba, qué había sido de mi vida y cómo marchaban mis cosas, como si se tratara de alguien que me conocía de hace tiempo y que tenía todo el derecho de reaparecer así, de la nada.

​Pasaron varios largos minutos en ese estira y encoge, entre mis preguntas insistentes por saber su identidad y sus evasivas llenas de soltura. La intriga me comía por dentro hasta que, finalmente, llegó el mensaje que lo reveló todo: me confesó que la persona detrás de esa pantalla era Gerardo.

​Al leer su nombre en la pantalla, me quedé atónita, totalmente sin palabras. Sentí una sensación rarísima recorrer mi cuerpo al darme cuenta de que Gerardo estaba ahí, escribiéndome directamente a mi número personal. ¿Cómo era posible?

​Tratando de procesar la impresión, le respondí de inmediato, firme y sin rodeos, preguntándole quién le había dado mi contacto y cómo es que lo tenía.

​Mientras esperaba que él leyera el mensaje y se dignara a responder, me salí rápidamente de su chat y me fui directo al de Carol. Le escribí hecha un mar de dudas y molestia, preguntándole si había sido ella quien le dio mi número a Gerardo. Necesitaba saber qué había pasado y por qué lo había hecho sin mi permiso, dejándome expuesta a una situación que me tomó por completo por sorpresa.

Gerardo respondió primero, asegurándome que lo había conseguido por sus propios medios y que nadie se lo había dado. Casi al mismo tiempo, vibró el chat de Carol. Ella, al leer mis mensajes, me juró que jamás le había dado mi número a nadie, que de ninguna manera lo haría sin mi permiso y que no tenía nada que ver con eso.

​Ante la duda, volví al chat con Gerardo y le pregunté directamente si había sido Carol. De inmediato me volvió a sostener lo mismo: me repitió que ella no sabía absolutamente nada de que él tenía mi contacto, ni mucho menos que me estaba escribiendo, insistiendo en que lo había conseguido por su propia cuenta.

...



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En el texto hay: engano, lujuria, amor.

Editado: 21.08.2026

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