La Amante.

Capitulo 6.

Decidí no darle más vueltas al asunto ni volver a mencionar el tema de cómo había conseguido mi número. Simplemente dejé fluir la situación y le respondí con total amabilidad.

​Comenzamos a hablar de otros temas, poniéndonos al día sobre cómo estábamos y todo lo que nos habíamos perdido durante esos meses de ausencia. Entre mensaje y mensaje la plática se volvió muy amena, rompiendo la distancia que se había creado entre los dos.

​A partir de ese día, la dinámica entre nosotros cambió por completo. Lo que empezó como un mensaje inesperado se convirtió rápidamente en una costumbre diaria. Gerardo me escribía todos los días sin falta, atento a mi rutina, preguntándome cómo amanecía, cómo iba mi día y manteniéndose presente en mi cotidianidad.

Habían pasado apenas unos días desde que retomamos el contacto diario. Un día, durante nuestra conversación, decidí contarle la verdad sobre mi etapa actual: le dije que estaba embarazada y que ya tenía unos cinco meses de gestación.

​Para que lo viera por sí mismo, le adjunté por la conversación de WhatsApp una foto configurada para verse una sola vez, donde se apreciaba claramente mi pancita.

​Su reacción fue inmediata, llena de asombro y sorpresa; era evidente que no se lo esperaba para nada. Aunque por texto intentó mostrarse cordial, enviándome mensajes diciendo que se alegraba por mí y felicitándome, la forma en que respondió me dejó una sensación extraña. Sentí que sus palabras no eran del todo sinceras ni genuinas, como si detrás de ese "felicidades" hubiera una mezcla de impacto, incomodidad o emociones contenidas que no se atrevía a expresar abiertamente.

Le agradecí de manera amable por sus felicitaciones, pero no pude evitar sincerarme un poco más con él. Le confesé que, a pesar de la ilusión de la llegada de mi bebé, no la estaba pasando del todo bien por la situación con mi expareja. Le conté que habíamos terminado y que me estaba tocando afrontar este embarazo sola, contando únicamente con el apoyo incondicional de mi mamá.

​No fue fácil admitirlo, pero le expliqué que atravesábamos momentos complicados: las cosas no estaban del todo bien en lo económico y, en lo sentimental, la carga pesaba bastante porque a veces me invadía una profunda sensación de soledad. Era una etapa difícil para nosotras.

​A pesar de haberle mostrado mi vulnerabilidad y la realidad de mi día a día, Gerardo no se alejó. Al contrario, continuó escribiéndome constantemente, manteniéndose ahí, presente en la pantalla todos los días.

...



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En el texto hay: engano, lujuria, amor.

Editado: 21.08.2026

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