La Amante.

Capitulo 9.

Pasaron un par de meses más en los que, lejos de distanciarnos por la verdad que me había confesado, nuestras conversaciones se volvieron cada vez más cercanas e intensas. La complicidad entre los dos crecía día con día a través de la pantalla, volviéndose una rutina de la que ninguno parecía querer salir.

​Hasta que llegó el día. De manera espontánea, Gerardo me invitó a vernos en una plaza para tomar algo y conversar un rato en persona. Acepté con mucho gusto y una mezcla de emoción e intriga recorriéndome el cuerpo. Desde aquella tarde en casa de Carol, cuando arregló el router y caminamos hacia la parada de busetas, no nos habíamos vuelto a ver las caras. Había pasado mucho tiempo y muchas cosas en la vida de ambos.

​Asistí a la cita con unos ocho meses de embarazo. Mi barriga ya estaba bastante grande y pronunciada, reflejando lo avanzada que estaba mi gestación y lo sola que había llevado este proceso hasta entonces. Aún así, me arreglé, respiré profundo y fui a su encuentro, lista para volver a tener de frente al hombre que durante meses se había mantenido presente en mis días.

...

Al llegar a la plaza, nos ubicamos a la distancia y nos acercamos.

​—Hola —dije romper el hielo, con una sonrisa tímida.

​—Hola, ¿cómo estás? —respondió él al instante, acercándose para darme un beso muy cariñoso en el cachete.

​Sus ojos reflejaron un asombro genuino al contemplarme por completo.

​—¡Mira esa barriguita! ¿Cómo estás tú? ¿Cómo está el bebé? —me preguntó con verdadera curiosidad y ternura.

​—Estamos muy bien, todo va marchando bien —le contesté tranquila—. Con algunas diferencias e incomodidades propias del embarazo por ciertas complicaciones, pero gracias a Dios, todo bajo control.

​Me invitó a sentarme en uno de los bancos de la plaza para estar más cómodos. Nos acomodamos y empezamos a hablar de todo un poco. Nos pusimos al día con su trabajo, nos contamos uno que otro chismecito de la rutina y entre risas y confidencias, el tiempo se nos pasó volando. Estuvimos conversando por un par de horas como si nos conociéramos de toda la vida.

​Llegó el momento inevitables de despedirnos porque ya se estaba haciendo bastante tarde. Al ponerme de pie frente a él, sentí una sensación inmensa que me recorrió el cuerpo entero como un escalofrío. Me invadió un deseo profundo y voraz de querer besarlo, de probar sus labios de una vez por todas. Sus labios morenos, carnosos y con ese todo rosado resultaban sencillamente irresistibles. Además, esa pequeña barbita en su rostro le daba un toque tan masculino y provocativo que me quemaba por dentro el impulso de lanzarme a sus brazos.

​Sin embargo, todo se quedó atrapado en mi mente. Sabía que no podía pasar de ahí; él me había dejado claro en reiteradas ocasiones que entre los dos no podía existir nada más. Reprimí cada pensamiento y me tragué las ganas.

​Gerardo me acompañó amablemente hasta la salida de la plaza para que pudiera tomar el transporte de regreso a mi casa. Se despidió de mí de manera muy cariñosa y se quedó parado allí, atento, esperando pacientemente a que yo subiera a la buseta y viera cómo el vehículo arrancaba y se alejaba en la vía.

Cuando la buseta por fin me dejó cerca de mi destino, caminé despacio hasta cruzar la puerta de mi casa. Lo primero que hice fue tomar el teléfono y escribirle a Gerardo para avisarle que ya había llegado sana y salva, tal como habíamos quedado.

​El peso de mi pancita y la caminata me pasaron factura de inmediato. El cansancio del embarazo era abrumador, así que me tumbé en la cama en cuanto entré a la habitación, sin fuerzas ni para cambiarme de ropa.

​A los pocos minutos, el agotamiento me fue rindiendo poco a poco. Pero justo antes de caer profundamente dormida, mi mente regresó a esa plaza, a la calidez de su presencia y a sus labios carnosos. Me quedé dormida entre suspirios, pensando en él, soñando despierta con lo lindo, lo rico y lo delicioso que hubiese sido si ese beso que tanto imaginé se hubiese vuelto realidad, entregándonos a las ganas que me estaban quemando por dentro.

...



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En el texto hay: engano, lujuria, amor.

Editado: 21.08.2026

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