La Amante.

Capitulo 14.

Los días de espera finalmente llegaron a su fin y se cumplió la fecha del nacimiento de mi bebé. El proceso del parto por cesárea, la recuperación en el quirófano y los primeros y agotadores días de hospitalización me mantuvieron completamente desconectada del mundo exterior. En medio de los malestares de la anestesia, el dolor físico y la abrumadora tarea de aprender a amamantar y cuidar de mi recién nacido, mi teléfono pasó a un segundo plano. No estaba en condiciones de revisar chats ni de mantener conversaciones largas; apenas si lograba responder alguna que otra llamada de los familiares para dar la noticia o contestar felicitaciones, y de vez en cuando publicar alguna foto para actualizar a los más cercanos. Durante todo ese tiempo, el contacto con Gerardo quedó suspendido por completo.

​...

​Pasaron los días y, con ellos, un par de meses en los que poco a poco fui encontrando un ritmo dentro de la locura de la maternidad. Fue justo en ese momento cuando Gerardo y Jenny volvimos a retomar la comunicación constante. El flujo de los mensajes se restableció como antes, y poco a poco fuimos poniéndonos al corriente de las novedades, recuperando esa costumbre de saber el uno del otro en el día a día y volviendo a encender el hilo invisible que nos mantenía unidos.

El silencio en la habitación se rompió de golpe cuando el teléfono sobre la mesa de noche vibró y emitió un familiar ring. Lo tomé con algo de pereza, pensando que sería cualquier otra persona, pero al encenderse la pantalla y ver su nombre, el corazón me dio un vuelco.

​Era un mensaje de Gerardo.

​—Hola, ¿cómo estás? —decía el texto, simple y directo.

​Miré la pantalla un par de segundos antes de responderle, tratando de mantener la calma. Eran cerca de la una de la tarde y el sol del mediodía iluminaba la habitación mientras el bebé descansaba a mi lado.

​—Hola, todo bien por aquí, ¿y tú? —le contesté de manera tranquila y sencilla.

​—Todo bien por acá también, bueno, quería saber cómo seguías y cómo iba todo con el bebé —respondió casi al instante.

​—Ahí vamos, adaptándonos poco a poco a esta nueva etapa —le escribí de vuelta.

​Esa pequeña charla inicial, sin grandes pretensiones ni temas profundos, sirvió para romper el hielo después de tantas semanas de ausencia. Fue un intercambio de mensajes muy cotidiano, 100% natural, pero que bastó para hacerme sentir que, a pesar del tiempo y la distancia, la conexión entre los dos seguía intacta esperando por ser retomada.

​La charla cotidiana fluyó por unos minutos más, hasta que de la nada, Gerardo soltó la pregunta que cambió el rumbo del momento:

​—¿Qué estás haciendo ahorita? —quiso saber.

​—Nada, descansando un poco con el bebé —le respondí con total sinceridad, aprovechando la tranquilidad de la tarde.

​Al leer eso, su siguiente mensaje llegó cargado de intención:

​—Tengo ganas de vernos. ¿Por qué no nos encontramos un rato en la plaza de aquella vez?

​Mis manos se detuvieron sobre el teléfono y un destello de alerta y duda me invadió. Negué de inmediato con la cabeza antes de teclear mi respuesta:

​—No, Gerardo, se me hace imposible. Ya tengo al bebé y ahorita se me complica muchísimo salir, además no tengo quien me lo cuide.

​Lejos de rendirse, él insistió al instante:

​—Conchale, ven... date una escapadita, vamos a conversar un rato, hace tiempo que no nos vemos en persona.

​—Te acabo de decir que no puedo, tengo al bebé conmigo todo el tiempo —le rebatí, intentando frenar sus intenciones.

​Pero Gerardo no soltó el tema y buscó la manera de romper mi excusa:

​—Bueno, pero vente con el bebé, no te preocupes por eso. Tráelo contigo y así los veo a los dos, no pasa nada de verdad.

​Me quedé pensando unos segundos, evaluando la propuesta y sintiendo cómo una mezcla de nervios y emoción me revolvía por dentro a pleno mediodía. Al final, ceder ante sus ganas y las mías pudo más.

​—Bueno... está bien, voy a ir un rato con el bebé a la plaza para conversar un ratito —le escribí finalmente.

​—Perfecto, ahí te espero entonces —respondió él de inmediato—. Avísame cuando vayas saliendo de tu casa para yo lanzarme y encontrarnos allá.

...



#3320 en Novela romántica
#166 en Joven Adulto

En el texto hay: engano, lujuria, amor.

Editado: 21.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.