La Amante.

Capitulo 16.

Mientras la buseta avanzaba traqueteando por las calles de regreso a casa, yo iba completamente perdida en mis pensamientos, reviviendo una y otra vez cada segundo de lo que acababa de pasar. A pesar de haber sido un beso simple, un roce de labios pequeño, se sentía cargado de una provocación inmensa. De repente, mi mente comenzó a volar imaginando escenarios más intensos: ¿qué tal si no se hubiera limitado a un besito? Me atrapé fantaseando con un beso mucho más profundo, de esos donde se atrapan los labios con fuerza, donde hay pequeñas mordidas y un juego apasionado de lenguas que nos encendiera por completo. Pensar en esa posibilidad hizo que una ola de calor me recorriera el cuerpo por unos instantes, dejándome embriagada de deseo.

​—¡Parada final, bajamos todos! —anunció de pronto la voz del chófer, rompiendo de golpe mi burbuja mental.

​Parpadeé desconcertada al ver que las demás personas empezaban a levantarse. Estaba en la última parada. Salí rápidamente de mis pensamientos, tomé el cochecito con el bebé y bajé de la buseta para caminar el último tramo hasta la casa.

​Al llegar, la rutina me arropó de inmediato: lo primero que hice fue quitarle la ropita al bebé, prepararlo para descansar y apurar la cena. Con el silencio ya instalado en la casa, me senté un momento a respirar y decidí revisar el celular.

​En la pantalla brillaban varios mensajes de Gerardo que habían llegado hacía más o menos una hora. Los abrió curiosa: preguntaba si ya habíamos llegado bien, cómo nos había ido en el camino y, para cerrar, un último mensaje que decía: "Por cierto, ese beso estuvo muy divino".

​Al leerlo, sentí que una punzada de emoción me sacudía el pecho. A pesar de haber sido cortito, me había dejado completamente flechada. Aunque sentía algo de pena, no pude evitar responderle a pesar de que ya marcaba desconectado:

​—Hola, perdón por no escribir antes, es que llegamos directo a cambiarnos, acomodarnos y cenar. Ya estamos bien y listos para descansar. Y sobre lo último... tienes toda la razón, el beso estuvo superdivino, aunque qué lástima que fue tan corto. ¡Me dio pena y todo! —le tecleé con una sonrisa inevitable en los labios.

​Dejé el teléfono a un lado, apagué las luces y me dirigí directo a la cama para acurrucarme junto a mi bebé y dormir, con la imagen de Gerardo y el eco de ese beso rondándome la cabeza.

...



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En el texto hay: engano, lujuria, amor.

Editado: 21.08.2026

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