La Amante.

Capitulo 32.

Habían pasado ya varios días desde nuestro último encuentro furtivo, pero la distancia y la rutina diaria no habían logrado enfriar ni un ápice la tensión que flotaba entre nosotros. Al contrario, el chat con Gerardo se había vuelto nuestro territorio favorito para avivar el fuego, manteniendo la complicidad a través de la pantalla mientras cada uno cumplía con sus obligaciones.

​La tarde iba avanzando con calma cuando el teléfono vibró sobre la mesa, mostrando un mensaje suyo que rompió la monotonía de golpe.

​—Oye, amor... estaba pensando en la próxima vez que nos veamos a solas —leí en la pantalla, con el pulso acelerado de inmediato—. ¿Te atreverías a probar algo distinto conmigo? Algo más intenso.

​Lo miré fijamente un par de segundos, sintiendo cómo un cosquilleo travieso me recorría la espalda mientras le tecleaba la respuesta:

​—¿A qué te refieres con algo distinto? Depende de qué sea... ya sabes que a veces me da cosa lanzarme a lo desconocido.

​La respuesta de Gerardo no tardó ni un minuto en llegar, subiendo la apuesta de una forma que me dejó sin aliento:

​—Hablo de explorar por otro lado, mami... de hacerlo por el ano. Imagínate lo rico y apretado que sería meterla por ahí, sintiendo cada centímetro mientras te agarro fuerte de la cintura. ¿Te llama la atención la idea?

​Al leer la crudeza de su propuesta, sentí que el calor me subía directo a las mejillas y que las piernas me temblaban levemente. Me quedé pensando un momento, dividida entre el morbo inmenso que me provocaba y el pudor de pensarlo.

​—Ay, Gerardo... eso suena muy intenso y la verdad nunca lo he hecho, me da un poco de miedo por el dolor o por no saber cómo reaccionar —le escribí con total sinceridad, mordiéndome los labios.

​Él no tardó en calmarme con su tono seguro y persuasivo, mandando otro mensaje que terminó de descolocarme:

​—Tranquila, mi amor, no tienes por qué preocuparte por eso. Yo te lo haría con calma, con paciencia, usando bastante lubricante y hasta podemos meter algún juguetito antes para ir abriendo terreno y que lo disfrutes rico en vez de sufrirlo. ¿Te imaginas?

Esa última mención de los juguetes y la promesa de ir paso a paso terminó por dejarme con la mente dando vueltas en esa fantasía, mientras le respondía con algo de seriedad pensativa y no muy convencida:

—Déjame pensarlo bien, pero la verdad es que la idea no me convence del todo ahorita... así que mejor después seguimos hablando de ese tema.



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En el texto hay: engano, lujuria, amor.

Editado: 31.08.2026

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