ELENOR
—Chicas, soy yo. Ya está todo bajo control, están a salvo.
—¿Hermano? —soltó Cloe, casi sin aire.
—Perdón por la demora.
Cloe se levantó de golpe, quitó los cerrojos y corrió hacia la puerta, lanzándose a los brazos de su hermano. Sus lágrimas se desbordaron por fin mientras él le acariciaba el cabello con una calma que contrastaba con todo lo anterior.
Me quedé inmóvil, mirando la luz que entraba desde la puerta. Por primera vez en horas, sentí algo parecido al alivio, como un balde de agua fría cayendo sobre el cuerpo ardiendo. Pero algo en mí cedió de golpe.
Mi pecho se contrajo. El mundo dio una vuelta lenta y el suelo pareció moverse. Un cosquilleo insoportable recorrió mis brazos y piernas. Mi respiración empezó a romperse.
Mi piel ardía, como si algo me quemara por dentro. El sudor frío me bajó por la frente y mi visión se volvió borrosa, tiñéndose de negro.
Intenté decir que no estaba bien… pero la voz no me salió. Lo último que escuché, ya muy lejos, fue a Cloe llamándome con desespero.
No recuerdo con claridad lo que pasó mientras estaba inconsciente… solo sé que, cuando abrí los ojos y el techo dejó de dar vueltas, Cloe estaba a mi lado, con los ojos rojos e hinchados.
Me incorporé lentamente, apoyándome con la mano en el colchón hasta quedar recostada contra el respaldo de la cama.
—Hugh… —mi sien palpitaba con fuerza. Me llevé una mano a la cabeza, intentando enfocar la vista.
—¿Elenor? —se pegó a la cama de inmediato, asustada.
—Creo que he vuelto… —susurré, sintiendo la boca pastosa.
Me abrazó con fuerza al instante, apretándome tanto que casi me falta el aire.
—Me asustaste muchísimo. No vuelvas a hacer eso, ¿entendido?
—Estoy bien… —intenté calmarla, aunque los dedos me seguían temblando.
—No, no estás bien —me soltó, mirándome muy seria, con los ojos fijos en los míos—. Lo sabías. Lo sabías y no dijiste nada. Si no hubiera ido a tu casa hoy, mi hermano no se habría enterado… Ese hombre… podría haber sido peor. Mucho peor.
—Cloe… ya pasó. No va a volver a acercarse —le aseguré, repitiéndolo más para mí misma que para ella.
—Debí darme cuenta antes —insistió, y la voz se le quebró por completo—. Debí insistir más ayer. Sabía que algo no estaba bien, lo sentía, y aun así me fui…
—Salgamos mañana —la interrumpí, intentando recuperar el control, aunque por dentro seguía temblando—. Me niego a darle ese poder sobre nosotras. Me niego a vivir encerrada.
—¿Estás escuchándote? Esto no es normal, Elenor. No es seguro. Tengo miedo de que te pase algo—
—No me va a pasar nada. Solo… respira. Estamos a salvo ahora.
Cloe se mordió el labio, mirando las sábanas, pero no quiso seguir discutiendo.
—Mi hermano trajo a un doctor mientras estabas desmayada. Dice que tienes que descansar. Así que acuéstate, por favor.
—Agradécele por mi parte… por favor.
—Lo haré, pero tú no hables más. Descansa.
—Cloe.
—¿Qué pasa?
—Gracias… de verdad.
Ella suavizó la mirada y me tocó la mano con cariño, intentando transmitir una calma que ninguna de las dos tenía todavía.
—Eres mi mejor amiga. Siempre estaré para ti. Yo… iré a tomar algo de agua y vuelvo, ¿de acuerdo? —Salió de la habitación sin hacer ruido.
En cuanto me quedé sola, me deslicé hacia abajo en el colchón y me envolví en las sábanas, cubriéndome por completo. Me mordí el interior del labio, pero las lágrimas empezaron a caer sin control, manchando la almohada.
—Todo está bien… todo está bien… —repetí en voz baja, abrazándome a mí misma mientras me mecía ligeramente.
Ella no debía verme así. Nadie debía verme así. Ni mi familia. Solo los preocuparía más, y odiaba la idea de ser una carga.
Esa noche me prometí entre lágrimas que encontraría la forma de arreglarlo y de sacar a ese hombre de mi vida… sola, sin arrastrar a nadie más. Pero en ese momento, lo único que pude hacer fue llorar hasta que el cuerpo dejó de responder, hasta que el cansancio me vació por dentro. Me quedé dormida así… hecha un ovillo y abrazándome como si eso pudiera protegerme.