La anomalía del amor

Capítulo 6

ELENOR

El desayuno estaba casi listo cuando terminamos de arreglarnos para salir y el vapor del café llenaba la cocina, acompañado por el sonido de los platos chocando contra la encimera. Corte una tostada sin mucha atención, moviendo el cuchillo más por costumbre que por hambre.

—Mi hermano acaba de escribirme —comentó Cloe, mirando el celular—. Dice que nos verá en la Torre Eiffel. Prefiere que estemos rodeadas de gente.

Asentí despacio.

—Está bien.

—No creo que ese imbécil actué durante el festival.

No respondí enseguida.

Kaira comenzó a moverse inquieta entre nuestras piernas.

Cloe se agachó para acariciarle la cabeza.

—Hola, bebé. Nosotras volvemos en un rato, ¿sí?

Kaira soltó un pequeño quejido.

Sentí algo incómodo revolverse en mi estómago.

—No pienses en eso hoy —continuó Cloe mientras se levantaba—. Vamos a distraernos aunque sea un rato.

—Sí —Intenté sonreír.

🩷🩷🩷🩷

París parecía hecha de luces cálidas y vitrinas rosadas. El aire olía a flores, perfume dulce y crêpes recién hechos. Todo se veía demasiado bonito para que algo malo pudiera existir ahí. Aun así… No lograba relajarme.

Nos detuvimos sobre el puente, apoyadas en la barandilla llena de candados. El agua reflejaba las luces como si fueran pedazos rotos de oro flotando sobre el río.

Entonces sentí esa punzada otra vez, pero al levantar la vista hacia el otro lado del puente, entre la gente… no distinguía bien su rostro, pero lo reconocí.

El aire se atoró en mi garganta.

—Cloe.

Ella volteó enseguida.

—¿Qué pasa?

Aparté la mirada rápidamente.

—¿A qué hora llega tu hermano?

—Ya casi está en la Torre, creo.

—Quiero que vayas con él.

—¿Qué? —Cloe frunció el entrecejo.

—Ve primero. Yo voy enseguida.

—Ni loca voy a dejarte sola ahora mismo.

Le agarré la mano antes de que terminara de hablar. Ni siquiera me di cuenta de la fuerza con la que lo hice.

—Por favor.

Ella me miró en silencio y creo que me entendió porque dejó de discutir.

—Elenor…

—Solo quiero comprarte algo antes de encontrarnos allá.

La excusa salió torpe. Poco convincente.

—Está bien. Pero me escribes apenas salgas de donde sea que entres.

Asentí.

La vi alejarse entre la multitud hasta desaparecer. Y apenas pasó eso, el ruido de la ciudad empezó a sentirse raro. Como si estuviera debajo del agua.

Volteé otra vez hacia el puente, pero el hecho de ver que ya no estaba ahí lo hizo peor.

Respiré hondo y empecé a caminar sin pensar demasiado hacia dónde iba.

La librería apareció frente a mí casi por accidente.

El olor a papel viejo y madera húmeda me golpeó apenas crucé la puerta. Normalmente me habría gustado pero ahora solo me revolvió el estómago.

La puerta se cerró detrás de mí. El sonido fue suave, pero hizo que algo dentro de mí se tensara.

Miré alrededor, encontrándome con estantes altos. Poca gente. Demasiado silencio.

“Quédate tranquila.”

Intenté convencerme de que solo necesitaba esperar unos minutos. Eso era todo.

Entonces escuché la voz detrás de mí.

—No te vayas.

El frío me recorrió los brazos y mi cuerpo dejó de responder por un segundo.

—Me molesta cuando finges que no sabes que estoy aquí.

No quería girarme. No quería comprobar que era él.

Me acerqué rápido al mostrador.

La mujer detrás de él apenas levantó la vista.

—Por favor… —mi voz salió demasiado baja—. Él —Sentí una mano en mi cintura.

Mis palabras murieron ahí mismo.

Él se pegó a mi espalda.

—Cariño, no hagas escenas.

La mujer volvió a bajar la mirada. Como si no quisiera involucrarse. Como si de verdad creyera que éramos pareja.

No.

No, no, no.

Intenté apartarme, pero él me sujetó más fuerte.

—No es lo que usted cree —declaré, mirando a la mujer—. Por favor—

—Cálmate —murmuró, cerca de mi oído—. Nadie va a ayudarte.

Sentí ganas de vomitar cuando me agarró de la mano, arrastrándome entre los estantes.

—Suélteme —mi voz se quebró de forma horrible.

—En la cafetería fingías algo distinto.

—Déjeme ir.

Intenté soltarme, pero él me empujó contra una estantería. El golpe me hizo ver puntos blancos un segundo.

Antes de poder reaccionar, me agarró del cabello y me obligó a levantar la cara.

—Así me gusta más.

El miedo me dejó paralizada, haciéndome imposible pensar bien. Solo quería salir.

Su mano se metió bajo mi camisa.

Forcejeé, empujándolo como pude, pero él atrapó una de mis piernas con la suya.

—Quieta —Su mano bajó lentamente por mi pierna y el asco me subió directo a la garganta.

Le golpeé la entrepierna con la rodilla tan fuerte como pude. Soltó un sonido ahogado y retrocedió maldiciendo por lo bajo.

Intenté correr pero la bofetada que me dio poco después me hizo girar la cara de golpe. El zumbido en mi oído fue inmediato.

Me llevé una mano al labio.

Sangre.

Volvió a acercarse, más furioso ahora. Sus dedos rozaron mi boca y algo dentro de mí terminó de romperse. No iba a dejar que hiciera lo que quisiera conmigo… así que lo mordí lo más fuerte que pude.

Soltó una maldición y se apartó con brusquedad.

Mis ojos recorrieron los estantes desesperadamente hasta detenerse en un libro grueso de tapa dura. Lo agarré sin pensar y justo cuando lo sostuve… escuché una voz grave muy cerca de mi oído. Una que no reconocí.

Se me heló el cuerpo, pero no me quedaba mucho tiempo. Golpeé su cabeza con el libro y un hilo de sangre empezó a bajar por su frente.

El libro se quedo suspendido en el aire, rodeado de una luz azulada que emergió de entre las páginas.

No. No era luz. Parecía algo vivo. Algo respirando dentro del papel.

Retrocedí tambaleándome.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.