La gravedad de ella
POV: Ethan Sutherland
El Dr. Marcus Hale salió del observatorio sin esperar preguntas, como si soltar aquella bomba fuera suficiente para dejarlos paralizados.
Y lo logró.
Ethan se quedó mirando la puerta cerrada, sintiendo cómo la tensión en su pecho aumentaba.
No por la noticia.
No por los equipos en Chile o Japón.
No por la anomalía.
Por ella.
Hannah Clifford.
Estaba a su lado, inmóvil, con los ojos fijos en la pantalla como si pudiera descifrar el universo solo con la fuerza de su mirada.
Ethan la observó en silencio.
Era imposible no hacerlo.
Su cabello castaño caía en ondas suaves sobre su abrigo.
Sus pestañas largas proyectaban sombras delicadas sobre sus mejillas pecosas.
Ese sonrojo natural que siempre tenía parecía intensificarse cuando estaba concentrada.
Y sus labios…
Ethan apartó la mirada antes de que su mente siguiera por un camino peligroso.
No podía permitirse eso.
No con ella.
No con nadie.
—¿Estás bien? —preguntó él, sin pensarlo.
Hannah parpadeó, sorprendida.
—¿Por qué no lo estaría?
Ethan se encogió de hombros.
—Pareces… tensa.
—Siempre estoy tensa —respondió ella.
Él sonrió un poco.
—Eso es cierto.
Hannah lo miró con irritación, pero había algo más en su mirada.
Algo que Ethan no sabía si quería descifrar.
—¿Qué piensas de lo que dijo Hale? —preguntó ella.
Ethan respiró hondo.
—Pienso que esto ya no es solo nuestro.
Hannah frunció el ceño.
—Nunca fue “nuestro”.
—Claro que lo fue —respondió él, sin dudar.
Ella lo miró como si él hubiera dicho algo absurdo.
—No somos un equipo, Sutherland.
—No —admitió él—. Pero tampoco somos solo rivales.
Hannah abrió la boca para responder, pero no dijo nada.
Ethan vio cómo su garganta se movía cuando tragó saliva.
Vio cómo sus dedos temblaban apenas sobre el teclado.
Vio cómo evitaba mirarlo directamente.
Ella también lo sentía.
Esa tensión.
Esa gravedad.
Esa fuerza que los empujaba uno hacia el otro incluso cuando intentaban alejarse.
Ethan se acercó a la consola.
—Déjame ver los datos de Chile —dijo él.
—No los tenemos aún —respondió Hannah.
—Los tendremos pronto.
Ella lo miró, desconfiada.
—¿Cómo lo sabes?
Ethan dudó un segundo.
No podía decirle la verdad.
No podía decirle que llevaba semanas intercambiando correos con el equipo chileno.
Que había compartido datos sin autorización.
Que había roto protocolos porque no podía soportar la idea de que ella descubriera algo antes que él.
—Intuición —respondió.
Hannah entrecerró los ojos.
—No te creo.
—No tienes por qué hacerlo.
Ella bufó.
—Eres imposible.
—Y tú eres obsesiva —respondió él.
—¿Perdón?
Ethan se acercó un poco más.
—Mírate —dijo él, bajando la voz—. No duermes. No comes. No hablas con nadie. Solo miras esa estrella como si fuera a darte las respuestas que no quieres buscar en otra parte.
Hannah lo miró con una mezcla de furia y vulnerabilidad.
—No sabes nada de mí.
—Sé más de lo que crees —respondió él.
Ella retrocedió un paso, como si él la hubiera empujado.
—No te atrevas a analizarme.
—No lo hago —dijo él—. Te observo.
Hannah se quedó inmóvil.
Ethan sintió el corazón acelerarse.
No sabía por qué había dicho eso.
No sabía por qué siempre decía cosas que no debía cuando estaba cerca de ella.
—¿Por qué? —susurró ella.
Ethan tragó saliva.
Porque eres la única persona que me hace sentir algo.
Porque eres la única mente que puede seguirme el ritmo.
Porque eres la única que me desafía.
Porque eres la única que me asusta.
Pero no dijo nada de eso.
—Porque eres interesante —respondió.
Hannah lo miró como si él acabara de romper algo dentro de ella.
—No soy un experimento, Ethan.
—Nunca dije que lo fueras.
—Pero lo piensas.
Ethan apretó la mandíbula.
—No.
Ella lo miró, buscando mentiras en su rostro.
Ethan sostuvo su mirada sin parpadear.
—No eres un experimento —repitió él—. Eres…
Se detuvo.
No podía decirlo.
No podía decir que ella era la única persona que lo hacía sentir vivo.
—Eres brillante —terminó.
Hannah bajó la mirada.
Sus mejillas estaban rojas.
No de enojo.
De algo más.
Ethan sintió un tirón en el pecho.
—Tenemos trabajo —dijo ella, rompiendo el momento.
—Sí —respondió él, aunque no quería que terminara.
Hannah volvió a la consola.
Ethan se sentó a su lado.
Sus brazos se rozaron.
Ella no se apartó.
Él tampoco.
La pantalla parpadeó.
Un mensaje entrante.
Equipo Chile — Datos preliminares adjuntos.
Hannah y Ethan se quedaron inmóviles.
—Llegaron —susurró ella.
—Te lo dije —respondió él.
Ella lo miró.
Él la miró.
Y por primera vez, Ethan sintió que estaban del mismo lado.
—Ábrelos —dijo Hannah.
Ethan lo hizo.
Los datos aparecieron en la pantalla.
Y lo que vieron los dejó sin aliento.
La variación no era solo real.
Era idéntica a la suya.
Y más fuerte.
Hannah llevó una mano a su boca.
—Ethan… esto…
—Lo sé —dijo él, con la voz baja.
—Esto no es normal.
—No.
—Esto no es ruido.
—No.
—Esto no es un error.
—No.
Ella lo miró, con los ojos muy abiertos.
—¿Qué es?
Ethan respiró hondo.
—Algo que nadie ha visto antes.
Hannah sintió un escalofrío.
—¿Y si…?
—No lo digas —interrumpió él.
Ella cerró la boca.
Ethan se acercó un poco más.
—No saques conclusiones sin datos —dijo él—. No te adelantes. No te asustes.